La columna

Dependientes por ley

16.05.08 | 11:55. Archivado en Cosas de la vida
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Cuando nació la Ley de Dependencia le llamaron la tercera pata del Estado del Bienestar, formado hasta ese momento por la Seguridad Social y las pensiones. Pero pasados los meses la mesa se ha quedado coja porque ni hay dinero para tanto dependiente como existe en España ni siquiera están claros los varemos que deben marcar la dependencia y la asistencia adecuada.

La Ley nació de la mano del entonces ministro Jesus Caldera, un maestro del neolenguaje. A sabiendas de lo que significaba el impulso de esta Ley la propuso al Parlamento con la seguridad de que sería aprobada hasta por los extraparlamentarios. Pero no contó con los Presupuestos del Estado ni con las competencias transferidas a comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos.

Y por eso llegada esta fecha la Ley no se aplica, no hay dinero para aplicarla y ni siquiera hay reglas para saber qué función le toca a cada uno en la maraña administrativa de esta nación de naciones y cantones. Aún más. Gran parte de las acciones que autonomías, diputaciones y ayuntamientos realizaban por su cuenta en apoyo de los dependientes (llamados en cada lugar de una forma distinta) no son imputables a los presupuestos de esta Ley y acaban sirviendo de armas políticas para acusaciones mutuas de desinterés por atender a los discapacitados, enfermos de Alzheimer o mayores sin movilidad.

El presupuesto para atender las previsiones de la Ley debería ser multimillonario y no están los fondos públicos para este gasto, aunque por aquello del neolenguaje parece que los millones de euros vuelen desde Madrid al último rincón de España. Ni un duro señores. Solo los mismos de etapas anteriores. Pero la Ley está en vigor y los competentes en cada caso deben aplicarla. ¿Qué pasa entonces? Pues que los afectados y sus familiares reclaman su derecho y no es posible atenderlos. Por no estar claro, ni siquiera es posible la evaluación de la dependencia, porque eso significa reconocer la necesidad del gasto en atención al dependiente. Solución: montar lío político.

Con el neolenguaje que utiliza la política en este siglo el éxito de la operación ya está garantizado como propaganda. Pero la realidad es que los dependientes siguen como antes e incluso han perdido la esperanza. Ni siquiera es posible crear los miles de puestos de trabajo que la Ley traía bajo el brazo para atender a otros miles de dependientes. Aunque una cosa se ha conseguido. Los no dependientes, que no saben de estos intríngulis, valoran que el Estado del Bienestar ya está en su plenitud.

A lo mejor el Estado no tiene dinero para hacer carreteras. A lo mejor incluso Zapatero no quiere alegrías con las comunidades que no controla. Pero en Andalucía, que es PSOE o en Castilla La Mancha o en la Comunidad Valenciana, si quieren atender a los dependientes tienen que seguir rascándose los bolsillos las correspondientes autonomías o los ayuntamientos. ¿Para que coño se hizo esta Ley si no se cumple?


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