El anuncio de un contrato para la integración de los inmigrantes en la Comunidad Valenciana ha levantado ampollas. Los diputados socialistas en las Cortes valencianas se pusieron de inmediato a repartir leña, mientras el ministro del ramo, Celestino Corbacho, pidió hablar con el conseller Rafael Blasco para ver lo qué podía hacer juntos. Y es que Corbacho viene de Hospitalet, donde ya han tenido que hacer algo al respecto. Amen de que en Catalunya andan resolviendo lo de los inmigrantes estudiantes.
De entrada con la tema de la inmigración pasa como con la crisis económica. Si la niegas no hay que dedicarle mucho tiempo a solucionarla. Por ello hasta el comisario europeo (socialista) Joaquín Almunia se ve en la obligación de advertir al gobierno de Zapatero que se ponga a la faena porque el desastre llega más aprisa que un tsutnami. Zapatero niega la crisis y hasta su vicepresidente de Economía, Pedro Solbes, la reconocía y grave. Todo el mismo día (lunes) a la misma hora, en televisiones amigas aunque distintas (TVE y CNN)
Pero la inmigración es un tema intocable. Hablar de inmigrantes es políticamente incorrecto. Pero resulta que hay inmigrantes y hay crisis. Y con la que viene las dos cosas deben plantearse con todas sus consecuencias. Y las dos cosas untas, porque van ligadas.
En Alicante hay una población de argelinos no integrada que ni siquiera está valorada estadísticamente. Nadie dice que los pongamos en la puerta del barco a Orán, pero vivir en una ciudad española comporta derechos y obligaciones en épocas de vacas gordas y en época de vacas flacas. Y cualquier ciudadano de izquierdas o de derechas te reconoce lo que está pasando en sus calles.
En Valencia el número de magrebíes o colombianos es igualmente incontrolado. Y que conste que todo inmigrante, como todo español, es bueno mientras no se demuestre lo contrario. ¿Pero quién responde por el recién llegado? Por eso los propios inmigrantes son partidarios de estos contratos que personalizan la responsabilidad. Mientras los sindicatos españoles se vuelven más papistas que el Papa con lo correcto, las asociaciones de inmigrantes aplaudían a Blasco porque la iniciativa les alivia la pertenencia a la sociedad que debe atenderlos en esta época de vacas flacas.
Y en Castellón los rumanos son casi treinta mil en la ciudad, con situaciones actuales tan graves como entregar las llaves del piso en el banco porque no pueden seguir pagando la hipoteca. Una situación grave para los españoles y peor para quien no tiene familia en la que refugiarse.
¿Todos estos inmigrantes son valencianos? ¿Se siente valencianos? Pues ante la duda y la crisis lo mejor es un documento público aceptando los derechos y deberes que tienen como tales. ¿Por qué esa negativa a aceptar lo que es evidente?
.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez