Tiene que pasar lo ocurrido con el fallo administrativo, policial o judicial que dejó en la calle a Santiago del Valle para que pudiera asesinar a la niña Maria Luz, para que despierte la conciencia pública, la publicada y la política sobre el desgobierno que existe en España en ese gran mundo que es la administración y sus gestores, los funcionarios.
Tiene que ocurrir una cosa de estas, a lo grande, con niña y asesino por el medio, para que anden todos los grandes tertulianos y cabezas mediáticas y políticas de este país preguntándose qué pasa en la administración española desde tiempos de Napoleón. Pues pasa lo que siempre ha pasado, pero nadie se atreve a reconocer, por temor a tres millones de funcionarios en la administración central, más organismo autónomos, más autonomías, más funcionarios de la administración local. El desgobierno de los funcionarios.
Porque lo de Mari Luz es la gran maldad de este dragón de millones de cabezas. Un fallo de alguien (juez, secretario o funcionaria por horas) que deja pasar un expediente que hubiera permitido meter en la cárcel a del Valle y evitado el posterior asesinato de la niña. Pero es que todos los días los pobres y ricos funcionarios de este país sufrimos las inclemencias de este sistema y sus gestores.
Una licencia para abrir una tienda tarda en España más tiempo que el dueño en arruinarse. Para hacer una obra en el cuarto de baño hay que rodillas al ayuntamiento de turno a pedir permisos como cuando Larra. Y docenas de pensiones de viudedad o conseguir turno para hablar con el médico son actos administrativos que se eternizan. Si ya son asuntos complicados como la libertad condicional de un individuo o el cumplimiento de una pena, puede ocurrir de todo.
Normalmente en este país culpamos de todo a los políticos, porque es lo que coge más a mano y da buen resultado. Son el pim.pam-pum. Pero resulta que la responsabilidad está muchas, muchas veces en manos de los funcionarios de cualquier categoría que retroalimentan el error a base de justificar su presencia en la administración.
Por supuesto que, como en cualquier profesión y oficio, habrá de todo, pero hagan una comparación con el absentismo laboral en las empresas privadas y en la administración. En cuánto dura el tiempo del bocadillo en una empresa y cuánto dura en el ministerio o la consellería de cualquier ramo. ¿Cuál es la productividad de un oficinista cualquiera y cuál es la de un funcionario?
Defensa de lo público, siempre. Pero esto se ha convertido en la gran excusa para el desgobierno. Y una cosa no justifica la otra, porque al final ocurren sucesos cosas como las de Mari Luz.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez