Cada día un ciudadano normal recibe unos mil impactos publicitarios. Si estamos en campaña electoral, los mensajes que recibe nuestro celebro entre la Coca-cola, el mitin de Zapatero y las últimas declaraciones de Javier Bardem alcanzan los mil quinientos. ¿Hay algún ser humano que se entere de algo?
Si el llamado ruido mediático es imposible de digerir un día normal, esta semana electoral es imposible. Ni siquiera los políticos profesionales o los autores de los mensajes políticos son capaces de recordar el argumento que lanzaron ayer. ¿Qué decía ayer el periódico? ¿Cuál fue el último mitin de Gabilondo o Los Santos?
Pues pese a una realidad constatada ahí están unos y otros dando la tabarra todos los días con mil y unas ruedas de prensa, treinta y dos comunicados y un paseo en barca de González Pons y Maria Teresa Fernández de la vega por la Albufera de Valencia. Al minuto siguiente el votante, que además está a lo suyo, ya no recuerda qué le han dicho. ¿Así se conquistan los votos? Así se ganan los sueldos los inventores de la mercadotecnia. Y no es que esta no sea necesaria. Es que en España la hemos descubierto hace un par de legislaturas y queda tan forzada que no incide en el electorado.
Es obvio que así no se ganan los votos. Pero todos los días le dan vuelta a la manivela por dos motivos. Uno: un gran conglomerado de intereses que dirigen las campañas políticas y mediáticas en esta dirección. Es la autoprotección del sistema. Y dos el llamado síndrome del espejo. El político o su jefe de prensa ya tienen bastante con verse en la foto. No se busca el voto, se busca la foto.
Y ahí radica el error de estos debates, convertidos en espectáculo televisivo donde el electorado no acaba de saber nunca el final del capítulo de la telenovela. Y, además, llega Olga Viza y reclama que ojala esto se convierta en normal en próximas elecciones. Si, mujer. Y luego una Academia de Internet montará otro. La Academia de Móviles el tercero y así unos académicos institucionalizados tras otros. Todo para hacer ruido aunque nadie se entere del argumento de la novela. Los debates deben surgir de forma natural, están intrincados en el seno de la propia política. Si los montamos como excepcionales mejor Betty la Fea.
Es como el debate del lunes. A estas alturas es solo un espectáculo televisivo porque es escaso. No aportó un voto y solo sirvió para que periodistas, políticos y feligreses estén (estemos) unas horas dándole vueltas a los gestos de Rajoy y a las cejas de Zapatero. Noventa propuestas por cabeza en noventa minutos son equivalentese a cero propuestas. Por eso me quedo con la niña de Rajoy. Me parece lo más sugerente para el votante que no se sienta en las tertulias.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez