La columna

El cambio del paradigma

25.01.08 | 11:58. Archivado en Economía
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Demasiadas coincidencias juntas, fin del ciclo o el agotamiento de un modelo, pero por unas causas o por otras hay una conclusión clara: cambia el paradigma. Ya nada volverá a ser como antes. La pregunta es cómo serán las cosas a partir de ahora, qué hay que hacer para ajustarse a los nuevos tiempos y qué se hace con lo que uno tiene en las manos.

La volatilidad bursátil de las últimas semanas denota que, como mínimo, el dinero tiene miedo y busca rentabilidades más seguras. Ya no es cosa de mil arriesgados que sacan el dinero de la renta variable para irse al plazo fijo, que también lo es. Es que los grandes fondos de inversión caminan en otras direcciones. ¿Coincidencia? ¿Estrategia de algunos? Lo que es evidente es que el panorama ha cambiado. La bolsa ya no es un lugar tranquilo donde dejar los dineros que había en el calcetín.

Pero igual está el ladrillo. El paro sube y sube porque la construcción se para. El origen de este mal puede ser variopinto y con lecturas políticas diversas, en las que mucho tiene que ver el mal de ojo que Zapatero le echó a la construcción a poco de llegar a la Moncloa. No se vende un piso; la gente no entra en las inmobiliarias ni siquiera a preguntar cuánto le rebajan.

¿Es culpa de las cajas, que no prestan dinero? ¿Es super abundancia de oferta? Da lo mismo en este caso. Lo analizable es que las promotoras tienen que vender cómo sea y las constructoras hacer obra a cualquier precio. De ahí la barbaridad esa de hacer 125.000 viviendas de VPO en unos años que promete la ministra Chacón, sin valorar los efectos sociales que ello conlleva.

Aquí me interesa valorar el cambio de modelo en la economía productiva. La construcción ha dejado de ser la locomotora, como lo era durante los últimos años. ¿A qué se van a dedicar tantas empresas y tanto trabajador de este sector? Amén de las ruinas inminentes de miles de pequeños inversores que compraron un piso para sacar unos dineros con el pase. Algo tan digno y lícito como el que compra naranjas en el cambio y las vende en el mercado con su beneficio añadido. ¿Cuál es el nuevo paradigma para el 18 por ciento del PIB? ¿Hacer placas solares? ¿Atender dependientes como dice el ministro Caldera?

Y ahí están los efectos del cambio climático. Más que los efectos la respuesta a estos efectos. Una vez ya están asumidas las maldades del hombre con la tierra, ahora hay que reverdecerla. Y eso comporta un cambio total en la cultura de comportamiento ciudadano. ¿Está el españolito de a pie dispuesto a asumir este reto?

Los tres elementos más contaminantes son los edificios, los animales y el transporte, según dice el propio Jeremy Rifkin, padre de la llamada Tercera Revolución Industrial con la utilización especialmente de hidrógeno y del almacenamiento de energía como una alternativa al desastre del cambio climático. Pero para eso hay que cambiar hábitos, costumbres y hasta infraestructuras. ¿Para qué ir a un sitio si podemos comunicarnos por videconferencia? Hay un cambio obligado del paradigma medioambiental. ¿Cuánto cuesta? ¿Quién lo paga?

Y la llamada geopolítica ciudadana, que explicaba Marcos Vaquer en la Conferencia Nueva Cultura Urbana, celebrada anónimamente en Valencia este fin de semana. Las decisiones cambian, aunque la tendencia a la verticalidad gubernamental haga que estemos más pendientes de Zapatero o Rajoy que de las decisiones que afectan a nuestros intereses más cercanos. La democratización de las decisiones no se decide en unas elecciones. Hay que ir más allá. ¿Aceptarán los vecinos de Toledo que les afecten las vías de circunvalación que monte Ruiz Gallardón? ¿Y en Castellón o Gandía que piensan de una gran urbe metropolitana con Valencia en el centro y las otras dos ciudades en los extremos?

Por ejemplo, citando a Vaquer y al sociólogo Iribars, ¿por qué la Unión Europea y el gobierno de Madrid no hacen caso al corredor mediterráneo, cuando es por ahí por donde van a circular la mayoría de mercancías y personas en el próximo futuro? ¿Por qué la opción de generar una unidad territorial entre Madrid-Zaragoza y Barcelona y dejar Valencia en una esquina?

La decisión es política y no guarda relación con la realidad, pero a cuenta electoral así se formaliza. Aunque como todos los expertos coinciden durará lo que durará, porque todos los indicativos de prospectiva señalan la necesidad de la macroregión mediterránea, donde Valencia debe ocupar el puesto de centralidad por valores urbanísticos, culturales, medioambientales e infraestructuras. Un nuevo paradigma que debe imponerse por encima de la tendencia política vertical.

Como ocurre con el consumo y el cuidado el valor personal del individuo. Toda esta situación devalúa al individuo, que es precisamente quien está defendiendo en estos momentos la metástasis de su ego. La acción política al uso comporta incrementar los gastos de las administraciones, cuando lo necesario son inversiones o dejar el dinero en los bolsillos de los ciudadanos. Por eso demócratas y republicanos en Estados Unidos han optado de inmediato por medidas fiscales que aseguren a los ciudadanos productivos que tienen la cartera llena para seguir comprando para cuidar su mejor valor: ellos mismos. Es el nuevo paradigma, que aquí anda desnortado.

Coincidencias, final de ciclo o agotamiento del modelo, pero hay un paradigma que aparece. Y aunque esté por definir no tiene vuelta atrás. O lo tienes en cuenta o te arrastra.


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