Con una muy hábil estrategia los rectores de las universidades de Alicante, Ignacio Jiménez Raneda, y el de Valencia,, Francisco Tomás, se han posicionado esta semana en apoyo del rector de la UJI de Castellón, Francisco Toledo, en su arremetida contra el Consell de la Generalitat por montar la Universidad Internacional Valenciana. Magnífica estrategia de solidaridad a posteriori, porque antes de la bronca no sabíamos qué pensaban.
Pero los posicionamientos de Jiménez y Raneda tienen un matiz que los diferencia de los anuncios formalizados por Toledo. Los dos rectores piden que se “reinicie” el proceso de creación de la nueva universidad valenciana porque entienden que el conseller Justo Nieto hizo una chapuza y no contó para ello nada más que con el cuello de su camisa. Un posicionamiento con el que estamos muchos de acuerdo, porque las hazañas de Nieto son conocidas más allá de los mares. Los rectores no se ponen a la contra. Piden que todo vuelva a empezar. Un gran paso y una gran diferencia respecto a lo dicho hasta ahora.
Pues que se “reinicie” ese proceso y se tenga en cuenta la opinión de las universidades, porque deben ser las que más saben de este asunto. Y, además, que se haga atendiendo a la demanda social y no al capricho de unos enchufados que quieren sentar cátedra. Pero, visto todo esto, que todos asuman que la creación de una universidad es importante e interesante para todos los ciudadanos, como deben pretender todos aquellos que hacen política desde la universidad o los partidos. Plataformas evidentemente distintas. ¿O no?.
Otra cosa es el asunto del dinero. No volveré a recordar más detalles del posicionamiento de la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, pidiendo a los rectores que moderen su gasto. El Consell de la Generalitat debe atender las necesidades reales de las universidades y no impulsar otros proyectos si no atiende los primeros.
Pero las universidades deben saber dónde están las inversiones que sirven para atender la demanda de la sociedad y dónde está el gasto suntuario. Porque aprovechando que nadie controla realmente su presupuesto, las universidades suelen alargar el brazo más que la manga. Cualquier institución tiene vigilado su presupuesto por mil controles. Pobre del ayuntamiento o gobierno que gaste más en un edificio de lo que está previsto en los presupuestos del concurso inicial. Suenan todas las alarmas y salen en los papeles. Una universidad puede hacer de su capa un sayo y doblar el coste de cualquier inversión sin que nadie le pida cuentas. Es la universidad y todo se perdona.
Pero resulta que, aunque no se ejerza ese control ni siquiera por los consejos sociales, teóricos e inútiles consejos de administración que representan a la sociedad, pues aunque no se ejerza lo cierto es que las universidades gastan en cosas muy bonitas pero que no pueden ser excusa para cercenar la existencia de otras universidades. Por ejemplo: estoy seguro que el magnífico jardín de la UJI consume más presupuesto de construcción y mantenimiento que toda la nueva Universidad Internacional Valenciana. ¿Hacemos un jardín o creamos una universidad?
Sábado, 18 de febrero
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel