Me cuenta un lector una peculiarísima misa en Santander. Me da incluso el nombre del sacerdote que la celebró que de momento omito. No voy a decir que sería bueno que el obispo se enterara de que esas cosas ocurren en su diócesis porque seguro que lo sabe. Y si no se entera, ¿qué hace de obispo?
Recomiendo la lectura del artículo que Diario de Cádiz dedica a su obispo, Don Antonio Ceballos. Va a ser que estaba yo muy equivocado con él. Lo reconozco encantado.
Se retransmitió desde la catedarl de la Almudena, presidida por el cardenal Rouco.
Cuando todo parece hundirse hay cosas que se levantan esplendorosamente en señal inequívoca de que Dios no abandona a su Iglesia cuando quiere ser Iglesia. Y ello irrita. A dos tipos de gente. A los que odian a la Esposa de Cristo y a los que, aun amándola, al menos a su manera, ven su propio fracaso y se celan ante el éxito ajeno.
Y siendo tan fácil los que dicen no entenderlo no es que tengan una sola neurona y averiada sino que tienen otros propósitos. Pero yo sigo sin picar.
Y por los motivos que sean, que estoy seguro que los tendrá, no se lo quiere curar. Si pensó que la infección cedería sola se ha equivocado. Cada vez hay más pus. Si hubo un tiempo en que pareció imponerse una cierta discreción, la cabra siempre termina tirando al monte.

No suelo hacerme eco de convocatorias que convertirían el Blog en una agenda. Pero este Congreso, con participación de dos cardenales, Tauran y Rouco, me parece importante. Por lo que os dejo el programa con los pormenores del mismo.
Y sonadísima. Nada menos que los cuatro vicarios gaditanos salen a desautorizar al párroco de Santo Tomás, el del pantalón claro en la fotografía, y en defensa del obispo criticado por el sacerdote.
Al cardenal de Sevilla le han aceptado la renuncia con una velocidad inusitada. Ese es un hecho apodíctico. Y en el que yo no he tenido parte alguna. A quien no le haya gustado que reclame al maestro armero. Que en este caso se llama Benedicto XVI. No Fernández de la Cigoña.
Hace unos días el dominico Pascual Saturio ponía en la prensa local de chupa de dómine a Benedicto XVI y a su obispo Don Antonio Ceballos. Al primero por el Motu proprio Summorum Pontificum y al segundo por haber autorizado en su diócesis el modo extraordinario de la misa.
Llegó lo que se venía esperando. Con una velocidad insólita se ha aceptado la renuncia del arzobispado de Sevilla al cardenal Amigo. Apenas dos meses y unos días de prórroga. Menuda desautorización de su pontificado.
Sábado, 21 de noviembre
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Siro López
Francisco Margallo
Rodrigo del Pozo Fernández
Urbano Sánchez García
Julián Moreno Mestre
JC Rodríguez, A Eisman
Jesús Rojano
Vicente Haya