Don Vicente Jiménez Zamora, obispo de Santander, denegó en su día la misa por el modo extraordinario que le solicitaba un grupo de fieles. Quiero suponer que con fundadas razones aunque las desconozco. No creo que fuera porque el Motu proprio del Papa le pareciera una estupidez que él no estaba dispuesto a aceptar en su diócesis.
Me cuenta un lector una peculiarísima misa en Santander. Me da incluso el nombre del sacerdote que la celebró que de momento omito. No voy a decir que sería bueno que el obispo se enterara de que esas cosas ocurren en su diócesis porque seguro que lo sabe. Y si no se entera, ¿qué hace de obispo?
Recomiendo la lectura del artículo que Diario de Cádiz dedica a su obispo, Don Antonio Ceballos. Va a ser que estaba yo muy equivocado con él. Lo reconozco encantado.
Se retransmitió desde la catedarl de la Almudena, presidida por el cardenal Rouco.
Cuando todo parece hundirse hay cosas que se levantan esplendorosamente en señal inequívoca de que Dios no abandona a su Iglesia cuando quiere ser Iglesia. Y ello irrita. A dos tipos de gente. A los que odian a la Esposa de Cristo y a los que, aun amándola, al menos a su manera, ven su propio fracaso y se celan ante el éxito ajeno.
Jueves, 16 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
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