Yo no deseo la muerte a nadie. Entre otras cosas porque no suelo molestarme en cosas inútiles. No serviría absolutamente de nada. De la vida dispone Dios y no yo. También los asesinos, algunos con revestimiento legal, pero evidentemente no me encuentro en ese caso.
Su nombre ya no decía nada a nadie. Hoy es otro Antonio Hortelano el que sale en los medios. Yo le había perdido la pista hasta que hace un mes o dos me lo encontré entrevistado en la prensa. Despidiéndose porque se iba. Con un cáncer terminal. En algunas cosas me pareció que había cambiado. Para bien. En otras mantenía el genio y la figura.
Jueves, 31 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo