Mi querido señor arzobispo: Ayer celebraste un funeral y una misa de gloria. No vi en televisión el acto y por tanto no sé el color litúrgico de tu vestidura. Pero para Dios era blanco. Como el alma de tu soldadito al que mataron en Afganistán.
Reconozco que escribo con escasa simpatía a los liturgistas. Porque pienso que cuanto tocan lo empeoran. Y hay que ver la que nos han dejado después de entrar a saco en cuanto había. La proliferación, diría mejor la multiproliferación, de lo chabacano, lo irreverente, lo "creativo" y hasta en ocasiones lo sacrílego.
Jueves, 31 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo