La cigüeña de la torre

La excomunión de monseñor Lefebvre.

10.09.09 | 17:55. Archivado en Obispos, Papa

Las nunca tranquilas aguas del Blog parece que se han embravecido si cabe más con motivo de las opiniones sobre la excomunión de monseñor Lefebvre. Yo voy a dar la mía advirtiendo que no es la de un canonista. Y que por supuesto someto desde ya mismo a la que sea la de la Iglesia.

Monseñor Lefebvre fue excomulgado por su acto de consagrar obispos sin mandato apostólico. Latae sententiae. Sin necesidad de declaración. Es la norma de la Iglesia que se aplica automáticamente. Hasta hace poco en todos los casos sin excepción. Últimamente puede haber, me da la impresión aunque no lo aseguro, alguna atenuación en el caso de los obispos chinos. En aplicación del estado de necesidad. Además esa excomunión, en la que se incurre por el acto mismo de la consagración, y que sólo afecta a consagrantes y consagrados, se declaró, aunque no fuera necesario, inmediatamente. Son hechos incontrovertibles.

¿Grava esa excomunión la conciencia de monseñor Lefebvre? Entiendo que no. Caricaturicemos dos ejemplos. Si una persona creyera que si bebiera un vaso de agua mientras rezaba el rosario ofendía gravísimamente a Dios y lo bebiese cometería un grave pecado aun realizando un acto inocuo. Ya sé que esa persona sería inimputable por tener perturbadas sus facultades mentales pero el ejemplo vale. Y si otra asesinara a alguien pensando que cumplía la voluntad de Dios y creyendo que hacía un acto buenísimo, ese pecado gravísimo no pesaría sobre su conciencia.

Estoy convencido de que monseñor Lefebvre, con razón o sin ella, yo pienso que sin ella, estaba seguro de que Dios le exigía ese gravísimo paso para salvar a la Iglesia que creía que se hundía. Y ante ese estado de necesidad procedió a las ordenaciones. Si eso fue así no cometió pecado alguno. Y tendríamos una excomunión cierta sin falta subjetiva. Aunque objetivamente la hubiere.

Con esos presupuestos, ¿cabría la canonización de monseñor Lefebvre? Cuestión que no estoy proponiendo en absoluto. Entiendo que si se probaran virtudes heroicas y los milagros pertinentes sería posible. Porque el hecho muy grave de haber ordenado obispos no cargaba sobre su conciencia. Y otro ejemplo al canto. Supongo que nadie debe ser canonizado sin creer en la Santísima Trinidad. Pero supongamos que en una persecución un catecúmeno enamorado de Jesús por obra de su gracia y que apenas hubiera recibido las primeras nociones de la religión se presentara ante los perseguidores confesando su fe en Cristo y que le reconocía como Dios. Y que al preguntarle si también creía que el Padre y el Espíritu Santo eran Dios dijera que no sabía quienes eran esos. Pues no creo que ello fuera óbice para cerrarle el paso a los altares.

¿Inauguró un cisma monseñor Lefebvre? En cierto modo sí pues rompió la plena comunión con Pedro. Digo en cierto modo pues siempre reconoció de alguna manera al Papa aun sosteniendo que cometía graves equivocaciones. Y posiblemente su comunión con Pablo VI y Juan Pablo II fuera mayor que la de algunos obispos de la Iglesia a los que nadie considera cismáticos. La cuestión se agravó porque teniendo que justificar lo anómalo de su situación se exacerbaron las críticas al Papa hasta el extremo de que ha pasado a ser odiado o casi odiado por algunos de los suyos. Esos ya en clara postura cismática y algunos, empujados por todo ello al sedevacantismo, incluso herética. Consecuencia de eso son las grandes dificultades que presenta hoy el regreso de sus seguidores a la plena comunión en la Iglesia.

Se da además la paradoja de que los lefebvristas no tienen el menor problema con el dogma y la moral de la Iglesia salvo lo expuesto mientras que muchos que se dicen católicos niegan puntos esenciales del uno y de la otra.

Ayer comentabamos las bárbaridades de unas monjas que se tienen por católicas. Estoy seguro de que subjetivamente no pecan haciendo propaganda del aborto, del preservativo, reclamando la ordenación de las mujeres, considerando obsoleta e impresentable a la jerarquía, negando la autoridad de los obispos como tales... Están convencidas de que la verdadera Iglesia es eso aunque resulte para muchos incomprensible ese convencimiento. Y ciertamente me parecen mucho más cismáticas que muchos lefebvristas.

Y así como pienso que a ellas se les debería decir que no pueden seguir siendo monjas sin sostener lo que la Iglesia sostiene tampoco cabe la reintegración de los seguidores de Lefebvre sin que reconozcan la suprema autoridad del Papa en la Iglesia, la ecumenicidad del Concilio Vaticano y la absoluta validez y santidad de la nueva misa. Lo que no supone canonizar todos los actos del Papa, creer que son de revelación divina todos los párrafos de los textos conciliares, ni renunciar a su modo de celebrar la misa.

Concluyo repitiendo que si algo de lo que he dicho no fuera lo que piensa la Iglesia no tendría ni que retractarlo pues desde este mismo momento le he retractado ya. Y ahora a recibir bofetadas en los dos carrillos. De los lefebvristas enragés y de los católicos protestantes.


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