La cigüeña de la torre

A propósito del cardenal Bergoglio.

19.05.09 | 17:30. Archivado en cardenales

Algún lector argentino me ha hecho llegar su descontento por haber citado con elogio unas palabras del cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Creo ha habido quien no entendió el sentido del artículo, tal vez porque no me supe expresar bien.

Creí que era evidente que reclamaba que a buenas palabras, y las del cardenal lo eran, debían seguir buenas obras. Y que esas eran las que se echaban de menos. Y ciertamente en Bergoglio.

Algunos le reprochan ser cicatero con el modo extraordinario de la misa. Como yo no tengo esa obsesión me parece un pecadillo de escasa monta. He defendido el derecho de los fieles que prefieran ese modo de celebración pero la Iglesia no se pierde porque no se celebre la misa tradicional. La nueva tiene el mismo infinito valor que la antigua. Y si hay alguno que piense que no, no cree en la Iglesia. Se ha montado una a su gusto. Pero no es la católica.

Claro que sería mejor que Bergoglio no pusiera impedimentos al Motu proprio del Papa pero que todos sus defectos fueran sólo ese. En España tenemos excelentes obispos en cuyas diócesis no se celebra el modo extraordinario. Pues me quedo mil veces con ellos que con alguno en cuya diócesis se celebra.

Creo que Bergoglio tiene otros defectos mucho más graves. Y comentaré dos. El primero es que es el dictador de la Iglesia argentina y, como tal, ha impuesto una jerarquía absolutamente mediocre. Que está hundiendo a aquella Iglesia. No es un dictador para el bien sino para el mal. Y esa es una inmensa responsabilidad suya. Hacen falta muchísimos años para recomponer un mal episcopado. En España hemos sabido no poco de ello. Bergoglio está dejando el campo de la Iglesia argentina cubierto de sal. Y así va a quedar por mucho tiempo.

Además tiene una proclividad verdaderamente alarmante al sincretismo relativista. El mezclarse con judíos, protestantes, masones... le gusta más que a un tonto una tiza. Y la gente termina pensando que todo vale si al cardenal le vale.

La fotografía con la que ilustro este artículo, con el cardenal de rodillas, recibiendo una bendición o una imposición de manos o lo que sea de una pastor evangélico, con la presencia complacida del P. Cantalamessa me parece especialmente miserable. Y esos actos son los que deben hacerle feliz pues se presta a ellos encantado.

Eso es lo verdaderamente grave en el cardenal de Buenos Aires. Ojalá que lo único que se le pudiera reprochar es que no simpatiza con la misa tradicional.


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Comentarios
  • Comentario por Norberto Lopes Alburquerque 20.01.10 | 16:09

    Conozco muy bien el paño de Bergoglio. Ninguna apreciación justa se puede hacer de él y de sus acciones, si se parte de su apariencia (aparece sencillo, humilde, hasta tradicional en la doctrina, tiene algunos escritos espirituales de valor, por ej.).
    Es, lisa y llanamente, psicópata y tiranizado él mismo por su afán más profundo que es el predominio y el poder a toda costa. Él es un político, su visión de la Iglesia es política, su presunta espiritualidad no es otra cosa que el disfraz de la componenda, del negociado y, sí, aunque cueste creerlo, del negociado incluso en materia económica. Es un cardenal "muy limpio". Sabe "lavar" muy bien.
    ¿por qué pensáis vosotros que en Argentina, en el fondo, no lo atacan hasta destruirlo sus visibles enemigos?. Leed "El Aleph" de Borges (autor preferido de Bergoglio). La víbora que se muerde la cola no son "dos enemigos". Es el mismo bicho... Creedme que sé lo que digo.
    Es lo más falso, pretencioso, horrorosamente soberbio y man...

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