La cigüeña de la torre

Algo no funciona en el Vaticano.

16.03.09 | 09:13. Archivado en
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Son ya demasiadas las contradicciones, los desmentidos, el hoy digo cuando ayer fue Diego. Con evidente regocijo de todos los enemigos de la Iglesia. Jamás se había visto nada semejante. La Iglesia de las certezas quieren algunos que pase a ser la Iglesia de las dudas. Donde todo vale. Lo blanco y lo negro.

La moral a la carta, la renuncia de los principios, el todo vale según convenga se está imponiendo de hecho. O lo intentan algunos. El resultado es que se cuartean los muros de la fortaleza. Y algunos están encantados. La verdad ya no está en la Iglesia. Unos dicen una cosa y otros la contraria. Los obispos se enfrentan a los obispos. Si todo reino dividido perecerá los hay que ya están descorchando el champagne.

La noticia de la excomunión a quienes participaron en un aborto no lo era aunque algunos quisieron explotar las tristísimas y repugnantes circunstancias que rodearon al hecho para atacar a la Iglesia. La vida humana era hasta antes de ayer sagrada, desde su concepción hasta que se extingue. Hoy parece que según. En unos casos sí y en otros menos.

Ante el espantoso crimen multiplicado hasta cifras millonarias del aborto, la Iglesia decidió la excomunión de los autores cualificados del mismo. Podría no haberlo hecho y sería igual un crimen y un pecado. Pero lo hizo. Supongo que sopesando los pros y los contras. Son horribles los atentados terroristas en los que mueren cientos de inocentes, los casos de pederastia con niños de cortísima edad agravados en ocasiones con el asesinato de los mismos, las violaciones múltiples, el bombardeo de poblaciones indefensas... Sus autores, responsables de gravísimo pecado, no quedan excomulgados latae sententiae. Sí quienes realizan un aborto. O quedaban hasta ayer. Hoy ya no se sabe.

Porque parece que hay abortos buenos. Como el del Brasil. Menudo melón se ha abierto. Vamos a ver ahora como se cierra.

Entré tangencialmente en el tema ayer o anteayer. Quienes participaron directa y efectivamente en el aborto de la niña brasileña están excomulgados. Con declaración del arzobispo de Olinda y Recife o sin ella. El prelado brasileño pudo no declarar lo que ya era. Y visto lo que se armó quizá hubiera sido lo más prudente. Pero no hizo otra cosa que expresar lo que la Iglesia afirmaba hasta ayer. Y que quiero suponer que sigue afirmando.

Yo critiqué que un obispo francés metiera la hoz en la mies brasileña y con unas palabras que cuasi justificaban aquel aborto. Hoy creo que los franceses son ya cuatro por lo menos. Y se han visto reforzados por un italiano que es nada menos que el presidente de la Pontificia Academia para la Vida. Y el encomium mortis de quien en teoría debería ser defensor de la vida mereció los honores de L'Osservatore Romano. Todo es un sinsentido.

Ahora vendrán los intentos, dificilísimos si no imposibles, de volver a introducir en el recipiente la pasta de dientes que se echó fuera. La interpretación general, no hay más que leer la prensa mundial, es que la Iglesia legitima un aborto. Que hay abortos buenos. Por fin la Iglesia ha cedido. Y ha reconocido su error.

Estoy convencido de que una vez más no pasará nada. Se agachará la cabeza esperando a que escampe. Yo personalmente creo que Salvatore Fisichella, Rino para los amigos, debería dimitir hoy mismo. O en otro caso ser cesado. Y el director de L'Osservatore también.


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