Don Agustín García Gasco, cardenal arzobispo de Valencia.
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Un santo. Eso es García Gasco, un hombre de Dios.
Resucitar a Lorca y a Falla
Nos cuesta traspasar los horizontes de la época en la que viene transcurriendo nuestra vida, entender hasta qué punto nuestro país de hoy, nuestra iglesia de hoy, con sus luces y sombras, son herederos de generaciones anteriores. Parece como si pensáramos que antes de Franco o de la primavera de los 60 y del Vaticano II todo fue integrismo, fundamentalismo, oscurantismo religioso, macionalcatolicismo.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre...
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas