Sobre el escritorio del Santo Padre hay un decreto preparado para retirar el de excomunión de 1988 que recayó sobre los obispos consagrantes y los consagrados. Digo retirar el decreto y no absolver de la excomunión.
Ha prevalecido la tesis del elemento subjetivo eximente o atenuante de la culpa y, por tanto, de la pena, según los cánones 1323,4 y 7 y 1324, 1,8 y 3.
La solución buscada no puede ser más favorable a los lefebvristas. Que pienso ni habían soñado con ella. Y ante ello los seguidores del arzobispo francés o, mejor dicho, los superiores de los mismos han lanzado una cruzada de rosarios para que el Papa haga... lo que ya quiere hacer.
Estupendo que recen muchísimos rosarios pero no son necesarios para la desaparición de las excomuniones. Basta con que los cuatro obispos lo soliciten con humildad alegando que entendieron de buena fe un estado de necesidad ante los muchísimos excesos y erróneas interpretaciones y aplicaciones del Concilio.
No van a encontrar en la vida un Papa más favorable que Benedicto XVI. Todo se resolvería inmediatamente en un abrazo fraterno. Que el Papa está deseando.
Una vez más la pelota está en el tejado de los cuatro obispos. ¿Aprovecharán la ocasión? No puedo asegurarlo porque en más de una ocasión me han parecido desconcertantes y desconcertados. Pero creo que conviene se conozca por todos cual es la voluntad del Papa. Y que si esto no se resuelve, y de un modo tan archifavorable, que se sepa también que fue por voluntad de los obispos.
Sábado, 25 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
JC Rodríguez, A Eisman
Asoc. Humanismo sin Credos
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