La cigüeña de la torre

Los obispos de Badajoz en el siglo XIX (y III)

09.07.08 | 09:48. Archivado en Obispos, Iglesia española

(Concluye)

10.-Ramón Torrijos Gómez (1894-1903)

Ramón Torrijos, un conquense "de talento, instruido, de sana doctrina, prudente, sagaz y expeditivo en el manejo de los asuntos" , era obispo de Tenerife cuando el 21 de mayo de 1894 fue trasladado a Badajoz donde se le pierde bastante la pista hasta el extremo de que el redactor del episcopologio de la diócesis, Rubio, ¡qué penoso trabajo el suyo!, ignora hasta la fecha de la muerte que debió ser ya en el siglo XX por cuanto el obispo siguiente, Hevia Campomanes, fue preconizado en 1903 . Ruiz Fidalgo dice que murió en 1903 pero añadiendo un signo de interrogación . Echeverría la precisa el 16 de enero de 1903 , fecha que confirman García Iglesias y Catholic-Hierarchy, y añade que ocurrió en su palacio episcopal de Badajoz .
Nació en Cardenete, diócesis y provincia de Cuenca, el 1 de septiembre de 1841 . Estudió en el seminario de su diócesis natal y en el central de Valencia, licenciándose en Cánones y doctorándose en Teología . Ordenado en 1866 , era canónigo Lectoral de la catedral conquense, obispado en el que fue párroco, rector del Seminario, provisor y vicario general , cuando fue preconizado obispo de Tenerife el 25 de noviembre de 1887 . Fue consagrado en Cuenca, suponemos que en su catedral, el 19 de agosto de 1888, - Muelas, en claro error, dice que el 19 de junio de 1887 -, por el obispo diocesano, Valero Nacarino, asistido del obispo de Madrid, Sancha y del Prior de las Ordenes Militares, Rancés Villanueva .
Cabe suponer que, en sus días conquenses, era orador acreditado, por cuanto le encomendaron a él un sermón de circunstancias como lo fue el pronunciado con motivo del fallecimiento de la Reina María de las Mercedes, que mereció después los honores de la impresión: Oración fúnebre pronunciada en la S. I. C. Basílica de Cuenca, en las solemnes honras que el Ilmo. Sr. Obispo con su Cabildo y el Ilmo. Ayuntamiento de dicha Ciudad celebraron en sufragio del alma de S. M. la Reina de las Españas Doña María de las Mercedes de Orleáns y Borbón, el día 9 de julio de 1878 . Nos confirma también en esa consideración de ilustre orador sagrado, y además inclinado a la poesía, el que, cuando la llegada a la diócesis de su nuevo obispo, José Moreno Mazón, acudiendo a recibirle en representación a Jábega, después de la comida y de unas palabras del prelado, “a petición de algunos de los concurrentes, se levantó el Iltre. Sr. Lectoral Doctor D. Ramón Torrijos Gómez, quien en voz sonora y agradable entonación leyó una magnífica poesía titulada: “En la feliz llegada a Cuenca del Ilmo. Sr. Dr. D. José Moreno Mazón, dignísimo obispo de esta diócesis”. En esta poesía, que la redacción del Boletín Eclesiástico dedica al Ilustre Prelado, compite con la elegancia de la frase la delicadeza de los pensamientos” . No nos sorprende este lenguaje tan propio de los Boletines Eclesiásticos de la época. Lo que resulta más chocante, y menos modesto, es que la crónica del acto la firme “R. T. G.” No es necesario mucho esfuerzo para atribuir dichas iniciales a Ramón Torrijos Gómez. Pero, modestia aparte, era sin duda Torrijos la figura eclesial para esos acontecimientos pues, siendo rector del Seminario quien después sería también prelado de aquella diócesis, Juan María Valero Nacarino, gloria del episcopado conquense, mitra que ha tenido la suerte de tener en este siglo un buen número de prelados insignes, el “vicerrector del Seminario de San Julián, el doctror en Sagrada Teología, Licenciado en derecho y gloria de Cardenete, don Ramón Torrijos Gómez, leyó un elocuentísimo discurso latino, encaminado a probar que la verdadera sabiduría sólo se encuentra en el Magisterio de la Iglesia Católica” . Y cuando Valero Nacarino, tras su paso por Tuy, regresó a la diócesis de sus amores, fue de nuevo Torrijos, ahora rector del Seminario, quien, tras la comida de recibimiento en Chillarón, “leyó una magnífica oda que fue muy aplaudida por los circunstantes” . Unas palabras se pueden improvisar en el momento, una poesía, máxime si es en latín, requiere una elaboración anterior. Todo esto nos confirma en que era Torrijos el clérigo de moda en la Cuenca de entonces.
Cazorla y Sánchez nos dicen, respecto a su pontificado isleño, aunque creemos que llegaría a la Península con las mismas características personales, que “era de vulgares maneras en su aspecto y frases, pero al mismo tiempo afable y campechano con sus feligreses” .
El 19 de noviembre de 1890, todavía obispo de Tenerife, y, por motivos que desconocemos, en la Península, y más concretamente en Cuenca, celebró el funeral por el obispo que le había consagrado y con quien tanta relación había tenido, Valero Nacarino . El fue quien pronunció la homilía o, mejor dicho, la oración fúnebre por aquel excelente pastor de la diócesis conquense. No conocemos su texto pero, seguramente, glosaría los más que notables méritos del difunto pastor.
Nada más llegar a su nuevo obispado, se trasladó a Tarragona para participar en el Congreso Católico, que era ya el cuarto de los que se celebraban, después del de Madrid de 1889, que tuvo lugar en aquella metropolitana mediterránea . En su condición de asistente debe tenérsele como firmante del mensaje de adhesión a la Reina María Cristina (21-X-1894) que envió, en nombre de todos, el arzobispo de Sevilla, cardenal Sanz y Forés y del enviado al Papa por el arzobispo tarraconense, Costa Fornaguera .
El 19 de abril de 1896 le encontramos en Madrid asistiendo a la consagración del obispo de Orense, Carrascosa . El 8 de septiembre de 1897 inaugura el colegio que los jesuitas habían levantado en Villafranca y que tanto supuso para la educación de la juventud extremeña. Dos años antes, el 19 de mayo de 1895, había bendecido la primera piedra de aquel edificio. Debemos concordar estas fechas con lo dicho respecto de su antecesor sobre el colegio jesuítico. Hubo una primera instalación provisional, a la que asistió Sáenz de Urturi, y la consolidación de la obra educativa que tuvo lugar en el pontificado de Torrijos. Pasaba por ser obispo amigo de los jesuitas . Y especialmente, según nos dice García Iglesias, de quien era ya Prepósito general de la Compañía, el burgalés Luis Martín . “Esa amistad era antigua y estrecha. Ocupando Torrijos la sede de Tenerife, acudió a Loyola en 1892 cuando la elección de Martín como Prepósito General (...) Años adelante, cuando la gran peregrinación de la Iglesia española a Roma, concretamente el día 14 de octubre de 1900, visitó el P. Martín al obispo Torrijos, que ya lo era de Badajoz, en el Colegio Español, al tiempo que saludaba a otros prelados conocidos o que le interesaba conocer” . Nos extraña esa estrecha amistad. Porque no se habían conocido de nada. Más bien creemos que fueron las relaciones normales entre autoridades eclesiásticas que se necesitaban recíprocamente. Y que, por lo mismo, procuraban mantener contactos y colaboraciones.
En 1899 las Hermanitas de los Ancianos Desamparados se instalan en Azuaga y en Don Benito , llevando a aquellas localidades extremeñas su celo por los desvalidos. No es mucho suponer que el obispo estaría encantado con su llegada. En cambio, las Siervas de María, que se habían hecho cargo del hospital de Fregenal de la Sierra en los días de Ramírez Vázquez, tienen que abandonarlo en 1898 por no poder subsistir en la localidad .
También en 1897, el día de Santiago, el arzobispo de Sevilla, Spínola, y sus sufragáneos solicitan la intervención del nuncio ante los atropellos contra los bienes de la Iglesia que ocasionaba el Real Decreto de 14 de abril del año anterior, obra de Navarro Reverter . El 1 de noviembre de 1898 se hizo el arreglo parroquial, celebrándose en 1902 los concursos para cubrir las mismas .
El Diario Catalán (13/3/1895) publicó un artículo comentando "favorablemente una carta del obispo de Badajoz al periódico integrista La Lid Católica de Villanueva de la Serena en la que fustiga despiadadamente a los liberales calificándoles de imitadores de Lucifer" . También será de los obispos que publiquen el edicto del barcinonense Morgades condenando a aquel clérigo estrafalario que del ultraintegrismo pasó a la apostasía, Segismundo Pey Ordeix .
En 1898 el obispo de Cuenca, Pelayo González Conde invita a los obispos naturales de aquella diócesis, Carrascosa Gabaldón, obispo de Orense y Torrijos Gómez, obispo de Badajoz, a asistir al traslado del anterior prelado conquense, Valero Nacarino, a su panteón definitivo. Ambos habían sido grandes amigos del prelado fallecido e incluso albaceas del obispo en el testamento que había otorgado en 1885 .
No era necesario animarle mucho para que emprendiera viaje a su diócesis de origen pues “venía con alguna frecuencia a Cardenete, su pueblo natal” . Y, como consecuencia de tanto viaje, así como había coincidido una de sus estancias con la muerte de Valero, coincidió otra con la muerte de su sucesor González Conde en 1899, a quien administró los últimos sacramentos y ofició el pontifical del entierro .
El Boletín Eclesiástico de la diócesis publicó el 15 de febrero de 1899 una Pastoral de Torrijos contra la masonería pintándoles con los más negros colores: por el juramento prestado matarían a su padre o a su hijo si se lo pidieran. Seguramente diría cosas más serias también pero a López Casimiro le interesa señalar los "infundios de la publicística antimasónica" .
Acude a Roma en 1900 con motivo de la peregrinación del Año Santo, alojándose en el Colegio Español, y allí expresa a Dolores Sopeña el gran interés que tenía de que sus hijas se estableciesen en la diócesis pacense . No acudió al Congreso Eucarístico de Lugo, al que envió un breve telegrama de adhesión . Y tampoco asistió al Congreso católico de Burgos (1899), al que se adhirió también por telegrama , por lo que el cardenal Cascajares pudo firmar por él los textos antinocedalistas para la unión de los católicos y tampoco fue, estaba ya a menos de medio año de su muerte, al Congreso Católico de Santiago (1902), enviando también otro telegrama a la capital gallega , que fue uno de los más vibrantes de los que con ese motivo se recibieron: "para que sus acuerdos sean una protesta más contra el inicuo despojo del Poder temporal del Papa y produzca la ansiada unión sincera de los verdaderos católicos" . Se ve que eran los dos problemas que más le preocupaban la situación del Pontificado y la división de los católicos. Aunque es difícil interpretar el verdadero sentido de sus palabras. Era obvio que para el obispo en 1902 no existía la unión de los católicos que desea de todo corazón. Y que debía ser sincera. Pero sólo de los verdaderos católicos. Que era lo mismo que sostenía Nocedal. Pero sería abusivo pretender una coincidencia ideológica.
Continuó con la costumbre de su antecesor de pedir misioneros jesuitas para las predicaciones cuaresmales en su capital y en todo momento les concedió su apoyo y amistad, hospedando a los padres que pasaban por la capital de la diócesis en su palacio e incluso yendo el obispo a pasar unos días con ellos en el recién fundado colegio de Villafranca de los Barros . No es de extrañar pues que un jesuita escribiera al P. General: “El obispo nos ama como un padre” .
No podemos extendernos aquí en lo que supuso el estreno de Electra, de Pérez Galdós, con su enorme carga anticlerical. Y antijesuítica. No recuerdo ahora los actos del drama galdosiano. Supongamos que fueran tres. Pues eran cuatro. Los tres que se representaban en el teatro y el cuarto que tenía lugar ante la casa de los jesuitas de la localidad en la que había tenido lugar la representación. Con el consiguiente apedreamiento de cristales, gritos de mueran los jesuitas y hasta intentos de incendiar las residencias . Tuvo que sufrir Torrijos el estreno en su capital, aunque el último acto no se representara en sus calles por no haber entonces residencia de jesuitas en Badajoz. Por tres veces acogió el escenario del López de Ayala la representación y el periódico La Coalición, republicano y anticlerical, entusiasta de la obra, dedicó prácticamente un número entero, el 13 de abril de 1901, al acontecimiento, burlándose del obispo y de su prohibición de asistencia al estreno. También La Región Extremeña (20 y 23-IV-1901) amparaba el acto mientras que el Nuevo Diario (11-IV-1901) se oponía .
Y nada más hemos hallado de este prelado, que no es mucha cosa para nueve años de pontificado.


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Comentarios
  • Comentario por María Luisa Thode Mayoral 12.12.10 | 19:50

    Habiendo leído esta noticia, me gustaría saber dónde puedo encontrar la poesía que D. Ramón Torrijos Gómez dedicó a José Moreno Mazón, obispo de Cuenca. El motivo de mi curiosidad no es otro que soy descendiente de su hermano D. Miguel Moreno Mazón, y para mí sería un gran recuerdo familiar.
    Gracias

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