Don Ciriaco Benavente, obispo de Albacete.
06.05.08 @ 10:30:17. Archivado en Obispos, Iglesia española
Un artículo sobre Don Francisco Cerro, actual obispo de Coria-Cáceres, lo han entendido algunos como una crítica inexistente al anterior obispo de aquella diócesis, hoy obispo de Albacete.
No existía la menor intención de crítica a Don Ciriaco por mi parte. Y se me nota mucho cuando critico a un obispo. Estoy convencido, y creo haberlo manifestado en más de una ocasión, de que monseñor Benavente es una buenísima persona, querido de todos los que le han tratado, sencillo, bondadoso, afable, cercano a todos.
Sólo he señalado que su traslado de Coria-Cáceres a Albacete me parecía un ascenso escaso. Como el de monseñor Cases de Albacete a Canarias. Y supongo que en eso estarán conformes todos.
Tal vez en la bondad de Don Ciriaco esté lo mejor de él y lo peor. Me explico para que se me entienda. Las personas muy bondadosas tienden a creer que todo el mundo es bueno. Para ellos no hay malos. Y los hay.
Don Ciriaco heredó una diócesis que Jesús Domínguez había echado en manos del progresismo. Lo que él era. Y lo que había hecho que Don Francisco Cerro, que quería ser sacerdote de Jesucristo, dejase su seminario natal para refugiarse, como tantos otros de otras diócesis de España, en el seminario de Don Marcelo.
Y Coria-Cáceres cambió un mal obispo por otro buenísimo pero todo siguió igual. Seguían mandando los de antes. A quien monseñor Benavente les salvaba la cara con su piedad y su bondad. Aunque en la primera no llegara a las siete horas de oración diaria que algún comentarista le ha adjudicado.
Y de la noche a la mañana se encontró Don Ciriaco, con gran sorpresa suya, que le mandaban a Albacete. Aseguraría que a la sorpresa se unió el disgusto. Aunque persona fidelísima al Papa esbozó una sonrisa y se fue a La Mancha.
Llegaba a una diócesis asolada también por el progresismo. Todo comenzó con su primero obispo, el claretiano Arturo Tabera que la entregó a un sacerdote progresista, José Delicado, "Pepe Pachucho" o "Pepe Panocha", que vería premiados sus trabajos primero con la diócesis de Tuy-Vigo y después con la archidiócesis de Valladolid. Promovido Tabera a Pamplona llegó a Albacete un pobre hombre, Ireneo García Alonso (1968-1980), que todavía vive como un vegetal en Toledo. Todo siguió igual. Renunciada la diócesis por enfermedad les llegó el espeso Victorio Oliver (1981-1996), auxiliar de Tarancón, con lo que hubo más de lo mismo. Vinieron esperanzas de cambio con la llegada de Cases (1996-2005) pero o no supo o no quiso y todo siguió igual.
Va a hacer dos años de la llegada de Don Ciriaco y todavía no se nota cambio alguno. Creo que sigue de vicario general, si estoy equivocado alguien me corregirá, el que nombró Oliver a poco de llegar. Más de veinticinco años llevando la diócesis parecen demasiados. Y a este paso se jubila Don Ciriaco y seguirá el mismo. No me parece un mal sacerdote pero ya ha dado todo lo que podía dar. Y tampoco fue demasiado.
El rector del Seminario también es creación de Oliver y a él se debe sin duda el enorme fracaso de ese centro. Prácticamente inexistente. Es el terror de los seminaristas y ha ahuyentado a unos cuantos de la vocación o de la diócesis. Tristes diócesis aquellas en las que sus jóvenes con vocación sacerdotal tienen que buscarse otros seminarios.
Pues eso, y más, tiene Don Ciriaco por delante. Posiblemente con su bondad sea la persona más indicada para poner remedio sin heridas. Pero algo tendrá que hacer además de ser bueno.
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Allá ellos, pero luego que no se quejen.
En segundo lugar, en Albacete hay problemas que afrontar y solucionar, entre ellos el Seminario, pero también en todos sitios cuecen habas, y lo que veo es poco am...
De pronto el clero progre, tan extravagante en la liturgia como acomodaticio y pancista en lo mundano, ve peligrar su status quo por el hecho de que se denuncien sus excesos y defectos, parece que se les va acabando el chollo.
Lamentablemente por sus frutos conocemos la evolución de la Diócesis de Albacete durante los últimos lustros y el ejemplo más elocuente es su seminario; del cual huye espantada cualquier vocación sacerdotal, que termina recalando en los seminarios de Toledo o Madrid, cuya ortodoxia y plena comunión queda fuera de toda duda.
Cualquier esfuerzo por restaurar el seminario resultará baldío (si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles) mientras que el buen obispo Don Ciriaco no coja el toro por los cuernos y empiece a repartir estopa para poner...
Hace unos días una sra. me comentó que en su parroquia el párroco desmontó en cosa de unos 5 años lo que otros habían tardado tiempos en consolidar.
Eso es para empezar una falta de caridad, ya que si suprimía una cosa tenía que ofrecer otra a cambío, otros ofrecían catequesis heréticas y liturgias de las que ya se ha hablado, por tanto el fiel busca seriedad y evangelio vivido, liturgias dignas y respeto a la religiosidad popular.
El caballero,se hace un autoretrato de estudio.
En cualquier caso,y como dice el blogger,a estos progretas de salón les quedan dos telediarios.Es lo malo de adorar al tiempo:Que éste,es un diosecillo inquieto y veloz, se escurre de las manos ,y deja viudo pronto.La amargura y mala leche que destilan,es de lo más elocuente...
Os parecéis cada vez más a Losantos.
Gracias a Dios, poco a poco va despareciendo esa idea del sacerdote, se va inponiendo el estilo que Juan Pablo II marcó, desvaneciéndose aquella idea del cura, que marcó a las generaciones siguientes al Concilio y su posterior crisis.
Un abrazo muy fuerte a todos....Ana
Participo y respeto este blog.
Os recomiendo, con permiso del blogger, el blog de Jesús Bastante:
http://blogs.periodistadigital.com/elbaronrampante.php/
Este blog de Jesús es bueno.
A semejante torre de babel ha conducido el nefando libre examen luterano...
Lo terrible,es que la Iglesia está infectada de luteranismo hasta los tuétanos.
Demasiados años haciendo cada cual lo que le sale de los cojones,y cayendo en un solipsismo que deriva en tantas "iglesias" como personas...
¡Tiene gracia la cosa!
O sea, que desde este infame blog se insulta y ridiculiza a nuestros obispos, a nuestro seminario y a nuestros curas (no lo sigo habitualmente, pero me imagino que actuará igual con otras diócesis); salimos en su defensa unos cuantos con nombre, apellidos y dirección de email; pedimos que lo que haya que decir se diga en voz alta allí donde debe ser dicho... Y por hacer todo eso se nos dice mafiosos y se nos compara con la dictadura de Fidel.
Insisto: prefiero tomármelo a broma
(antoniocarras@telefonica.net)
Me apunto a la transparencia frente a lo oscuro y opaco:
jv_montea@hotmail.com
Anaaaa, con ese nombre parece que no solo te quieres cambiar de Diocesis....
Me siento aludido, por eso le respondo:
¿De verdad piensa usted que es un "estilo mafioso" pedirle a un hermano de tu iglesia diocesana que cualquier crítica te la haga en persona y no bajo anonimato? ¿Lo honesto (no-mafioso) sería pedir lo contrario? ¿Es la crítica desde el anonimato la forma sana de expresar las razones en la Iglesia? ¿Es evangélico ampararse en el anonimato para acusar a alguien de algo, más aún, invitar al foro a que cuenten cosas de alguien "para divertirnos"? ¿Es esa la forma de expresar la verdad que nos hará libres?
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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