La cigüeña de la torre

El golondrino del cardenal Martínez Nostach.

25.04.08 | 10:18. Archivado en Iglesia española, cardenales
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Creo que la sonrisa permanente de Nostach se va a convertir en mueca dolorida por obra y gracia de una página web. Que después de los nombramientos episcopales de Vich y de Tarrasa es lo más importante que ha ocurrido últimamente en la Iglesia catalana.

Cuando todo parecía hundirse se encendió en Vich una lucecita de esperanza. Que inmediatamente quisieron apagar. Los de siempre. Los fracasados. Los que consiguieron convertir una tierra de santos en la región más descristianizada de España. Y del modo más aleve. Porque lo hicieron desde dentro. En pura traición.

Su joven obispo, buena gente donde la haya, sufrió una asquerosa campaña en la que figuraba hasta su antecesor en la mitra vicense. Y aquel obispo con cara de niño, que parecía tan desvalido, la afrontó como los obispos santos. Él no era una lumbrera del intelecto, con grandes doctorados y públicos reconocimientos. Pero era sobretodo bueno. E hizo lo que sabía. Rezar, sufrir y aguantar. Firme y bondadosamente. Y en una tremenda soledad.

El cardenal Carles se despedía. Y lo despedían. Con impresentables modos. La imagen de uno de sus sacerdotes arengando al clero que había hundido el catolicismo catalán excusa más comentario. Sacerdote que, por cierto, es el actual rector del Seminario de Barcelona.

La soledad del obispo de Vich, las piedras que le ponían en el camino, los palos en las ruedas, las campañas públicas contra él, encanecieron su pelo y dejaron en su cara de niño un deje de tristeza. Pero aquella lucecita, que quisieron apagar el mismo día de su toma de posesión con gritos y pancartas iba creciendo. Y cada vez brillaba más.

Hoy ser obispo es en muchos casos un martirio. Que se lo digan, por ejemplo, al arzobispo de Granada. O a monseñor Iceta. Don Román Casanova bien pudo haberle dicho a sus agresores: Si he obrado mal, ¿decidme en qué? Y si no, ¿por qué me golpeais? Pero Don Román, callaba. Se limitaba a ser obispo. Bondadosamente. Sonriendo.

Tenemos ya bastantes obispos excelentes en España. Para mí, entre los mejores, está el obispo de Vich.

El cardenal Carles tenía un obispo auxiliar que fue el único que le permaneció fiel hasta que le aceptaron la renuncia. No fue clarividente el cardenal de Barcelona en la elección de sus auxiliares. Salvo en el caso de Don José Ángel Saiz Meneses. Decían, los de siempre, que era el menos brillante de todos. Al menos era el único leal.

Los que siempre habían mandado, los que consiguieron echar de Barcelona a Don Marcelo e hicieron la vida imposible a Don Ricardo, ciertamente que ya en menos número por muertes y secularizaciones y, sobre todo, ya muy viejos, no se recataban en decir: ya va a enterar ese, cuando nombren arzobispo a uno de los nuestros, de lo que vale un peine.

Pero se enteraron ellos de la que vale Don José Ángel. Le encomendaron la diócesis de Tarrasa y ya no hay quien la reconozca. El Seminario un éxito, los curas, en muy buena parte, colaborando con el obispo, los fieles volviendo a la Iglesia...

La lucecita de Vich se ha extendido a Tarrasa y ya alumbra y calienta. A nada que se esfuercen en Roma aquello va a ir a más. Y la esperanza vuelve a renacer en Cataluña.

Dos obispos pues que están dejando en muy mal lugar al arzobispo de Barcelona simplemente con ser obispos. Es inevitable no sacar conclusiones viendo a unos y al otro.

Pero hay gente incapaz de sacarlas. Tienen que señalárselas para que caigan en la cuenta. Y ese papel lo está llenando una página web con extraordinario éxito. No hay nada en Cataluña comparable. Ella sola tiene más lectores y ya más influencia que todas las demás páginas católicas, o sedicentes católicas, de Cataluña.

Es imprescindible para conocer lo que está ocurriendo en la Iglesia catalana. Y el sonriente Martínez queda un día sí y otro también con sus vergüenzas al aire. Renovada todos los días gracias a un grupo de escritores ya consolidado, ingeniosos, con buena pluma, absolutamente catalanes pero también absolutamente católicos. Su Iglesia es la universal, no la catalanista del fracaso y la esterilidad.

Parece que por fin algo puede cambiar a mejor en Cataluña. Esperemos que en el Vaticano no lo frustren con los nombramientos de Lérida y Gerona y con el auxiliar o los auxiliares de Barcelona. En la raíz del cambio están, sin duda, Don Román Casanova, obispo de Vich, Don José Ángel Saiz Meneses, obispo de Tarrasa y Germinans. Que Dios les ayude y les bendiga.

Pongo al final el inicio porque el tamaño de la ilustración lo borra:

Creo que la sonrisa permanente de Nostach se va a convertir en mueca dolorida por obra y gracia de una página web. Que después de los nombramientos episcopales de Vich y de Tarrasa es lo más importante que ha ocurrido últimamente en la Iglesia catalana


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