¿Un obispo presidente del Paraguay?
19.04.08 @ 12:09:16. Archivado en Obispos
Es posible que mañana un obispo católico, aunque suspendido a divinis sea el nuevo presidente de Paraguay. En víspera de las elecciones ha hecho unas declaraciones que hoy recoge Religión Digital.
Son moderadas e interesantes y reflejan la nostalgia del altar, al que quiere volver, si se lo permiten, una vez concluido su mandato presidencial en el caso de ser elegido.
Los políticos mienten ante todas las elecciones y Fernando Lugo puede no ser una excepción. Veremos lo que hace una vez elegido si ese fuera el caso. Tal vez sea uno más a apuntarse a la estela del venezolano Chávez en la órbita castrista.
La Iglesia hoy no quiere a personas ordenadas en cargos políticos. Con alguna excepción como pueden serlo el obispo copríncipe de Andorra o el mismo Secretario de Estado Vaticano. Además de la del mismo Papa, Jefe de aquel diminuto Eatado.
No fue esa la tradición eclesial. Los insignes cardenales Cisneros y Quevedo fueron Regentes en España y numerosos prelados presidieron el Consejo de Castilla. El obispo de León, Abarca, fue ministro universal de Don Carlos María Isidro, el Carlos V de los carlistas. El cura Merino general del Ejército. En Francia los cardenales Richelieu y Mazarino son su historia más gloriosa. Y Talleyrand fue obispo de Autun.
Hoy la Iglesia les quiere alejados de la política y no me parece mal. Sin embargo los cristales de nuestras gafas occidentales a veces no sirven para captar exactamente la realidad de otros lugares.
Creo que es meridiano mi rechazo a la teología de la liberación. Camelo que permite vivir extraordinariamente a sus corifeos y que conduce a la esclavitud castrista a aquellos a quienes dice pretende liberar.
Pero en muchos países son tales las diferencias sociales, tamaña la miseria, la injusticia y la explotación que hasta puede entenderse que algún clérigo no acierte en sus intentos de que su pueblo salga de ese submundo en el que impera la corrupción personificada en sus políticos.
Hasta el lunes o el martes no sabremos si Lugo habrá logrado o no su propósito. Caso de ser derrotado, limpia o trapaceramente, lo tiene muy negro. Cuatro o cinco años en una oposición muy mediatizada, no va a ser el Partido Colorado muy tolerante con ella, es mucho menos que ser obispo. Si gana, también lo lleva crudo. ¿Le permitirán los colorados concluir su mandato? Posiblemente no. Y ¿es posible levantar Paraguay? Posiblemente tampoco.
Si su presidencia es un fracaso y Paraguay sigue tan pobre, con tanta injusticia y con tanta corrupción como la que hoy tiene, adios Lugo como político. El regenerador se habría acreditado como un bluff. Uno más de los tantos que ha conocido nuestra América. Cabría que intentara, como muchos, perpetuarse dictatorialmente. Vaya obispo entonces.
Si en cambio fuera un éxito, o al menos se notara una sensible mejora de la situación, concluido su mandato optaría a la reelección. Y si ella no estuviese permitida por la Constitución paraguaya siempre está el recurso, tan socorrido por aquellos pagos, de modificarla para conseguir un nuevo mandato.
Sea lo que sea no veo inconveniente en que, fracasado, o al concluir su mandato, si no se cruza alguna señora, recupere un ministerio eclesial. Sacerdote y obispo lo será hasta su muerte. Parece poco probable que vuelvan a encomendarle una diócesis pero no le negarán el ejercicio del sacerdocio si da garantías de su propósito de realizarlo en obediencia eclesial.
Alguien comentaba aquí que un obispo, y añadía que conservador, había readmitido al ejercicio sacerdotal a un sacerdote que se había secularizado, casado civilmente y después separado de su mujer. Con la que había tenido dos hijas que cada quince días eran visitadas por su padre. No hay ninguna irregularidad por parte del obispo. Ni es el primer caso. Le habrá interrogado sobre su voluntad de vivir el celibato a partir de ese momento y ante la respuesta afirmativa le levantó la suspensión a divinis.
Ese sacerdote no había dejado de serlo. Sólo tenía suspendidas sus funciones. Si consagrase lo haría ilícita pero válidamente. Y en peligro de muerte puede absolver de sus pecados al moribundo lícita y válidamente. Es absurdo montar mundos donde no los hay.
Y curiosidad por ver lo que pasa con Lugo. Al tiempo que deseamos a los paraguayos lo mejor en esta nueva etapa presidencial que mañana se decide.
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En la Constitución del Paraguay hay un artículo que no permite que un clérigo sea presidente, por lo que Monseñor Fernando Lugo pidió hace dos años una dispensa o excedencia (como se diga) para ejercer la política y presentarte como candidato a la presidencia.
Le llaman el obispo de los pobres como llamaban a Monseñor Leonidas Proaño (el Taita)con quien estuvo trabajando en Ecuador. Esperamos que haga una buena labor en el Paraguay aunque lo tiene muy difícil después de 61 años seguidos en el poder del Partido Colorado que domina todos los cargos de la vida pública.
Saludos a todos
No se puede extrapolar lo de aquí para todo el mundo.
¿Alguien puede explicar la apostasía de este individuo, que participa en ritos paganos con chamanes? ¿Católico, de qué?
Y sobre todo al pueblo de Paraguay.
Para terminar, sólo quiero recordar que cualquier clérigo suspendido "a divinis", debidamente arrepentido y habiendo enmendado su error, puede obtener el levantamiento de su pena, y, consecuentemente, puede volver a ejercer el sacerdocio.
Hoy la situación es muy distinta. En la sociedad hay suficientes seglares preparados para ejercer a los cargos públicos. Únicamente en situaciones muy excepcionales, como sucedió cuando Timor Oriental se independizó de Indonesia, se sigue permitiendo a un clérigo -en este caso, el Obispo Ximenes Belo- desempeñar un puesto político. La Santa Sede piensa que no es el caso de Uruguay.
Pues hala, a ver si entre tanto progre eclesiástico, se van todos y refundan izquierda hundida.
La postura actual de la Iglesia, en relación con la participación directa de sacerdotes en política, es la que me parece más coherente. Otra cosa es la crítica u orientación, que es obligada, cuando programas o decisiones políticas entran en colisión con la moral católica, que por cierto suele coincidir con la moral natural, al margen de que algunos crean que no existe.
Con lo de la participación directa de los sacerdotes en política, o la del gobierno en ética como pasa con la EpC, son indeseables de raíz, aunque lleven a resultados positivos; en resumen, "el fin no justifica los medios".
Desde el punto de vista personal, aun comprendiendo la tentación y la buena intención, creo que el obispo saldría perdiendo aunque realizara una labor maravillosa como presidente; cambiaría oro por quincalla.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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