Eucaristías fuera de la ley y no Eucaristías.
22.03.08 @ 12:54:13. Archivado en Iglesia española, Sacerdotes, Monjas
Ya estamos acostumbrados a la ignorancia de muchos periodistas. No saben y escriben. Generalmente son personas que nunca van a brillar en la profesión y que malviven en oscuros puestos de redacción. Quien queda mal es el periódico pues prácticamente nadie conoce al periodista. Si sus errores se multiplican el director termina prescindiendo de ellos y nadie se entera.
Tampoco las monjas suelen ser expertas en teología y sacramentos. Alguna hay pero son excepciones. Y entre estas no faltan aquellas a quienes han dado gato por liebre y su teología no es eclesial. No pasa de protestante.
En los sacerdotes ya hay más culpa porque algo les enseñaron. A todos. Cierto que a unos les enseñaron falsedades y otros olvidaron lo aprendido. Pero lo suyo es más grave.
Hoy, Periodista Digital, vuelve sobre la polémica celiaca, recogiendo de un periódico la historia de una monja que, por padecer tal afección, comulga con vino.
Y que parece ser que hasta hace muy poco lo hacía con una oblea de pan de maíz que un sacerdote madrileño, cuyo nombre se da, hacía como que consagraba. Y la monja tan feliz porque creía que había comulgado.
Eso no es, como dice el periodista, una Eucaristía fuera de la ley. Eso no es un Eucaristía. Aunque pueda tener apariencia de ello.
Hay muchas Eucaristías fuera de la ley. Por no atenerse a la rúbrica prescrita. En numerosísimas ocasiones la imaginación sacerdotal es mínima y el hecho no es grave. La Eucaristía sigue siendo absolutamente válida. En algunas otras las desviaciones son de tal entidad que resultan absolutamente inadmisibles. Pero todavía cabe que exista el sacramento.
Y luego están las que no son Eucaristía. Aunque se celebren con absoluta fidelidad al ritual. Yo, o una mujer, aunque fuera monja, ya podemos hasta ponernos una casulla, seguir fidelísimamente la rúbrica, pronunciar con toda unción las palabras de la consagración, que el pan seguiría siendo pan y el vino, vino.
Y lo mismo ocurriría si un sacerdote "consagrara" con Coca Cola, pan de maíz o jamón de Jabugo. Eso no es una Eucaristía. Lo pretendidamente consagrado seguiría siendo lo que era. No el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Seguramente viene todo de la protestantización del catolicismo que ha hecho que incluso sacerdotes no crean en el valor sacrificial de la misa y en la transubstanciación. Si lo que hacemos es recordar la última cena de igual modo que el domingo de Ramos recordamos la entrada en Jerusalén, vale todo. Las palmas y las ramas de olivo no añaden nada sustancial a la misa del domingo de Ramos. Si en una de ellas no hubiera ni una palma ni un ramo de olivo la misa sería exactamente igual. Tendría el mismo valor.
Pero en la consagración ocurre otra cosa. Ciertamente misteriosa, incomprensible a la razón, que sólo puede entenderse desde la fe. Y es que el pan y el vino se convierten, conservando sus apariencias, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El pan de trigo y el vino de la vid. No sucedáneos.
Y eso es así. Y el que no quiera aceptarlo, que está en su derecho, pues se va. No puede pretender que en la Iglesia católica las cosas tengan que ser como uno quiera. Son como son. Y las tomas o las dejas.
Las mujeres no pueden ser sacerdotes. Los hombres no podemos parir hijos. Lo que no sea pan de trigo y vino de la uva no es susceptible de transformarse en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La autoridad en la Iglesia está en el Papa y en los obispos y no en cualquier teólogo.
Las reclamaciones pueden ser infinitas. Yo podría estar indignado por no poder decir misa. ¡Qué afrenta a los seglares esa prohibición! Y, además, se atreven a decir que si la dijera sería inválida, qué osadía y prepotencia por su parte! Y una monja quejarse de no poder llegar a Papa, habiendo Cristo declarado iguales a todos. Y esa chica vasca de que no la nombren presidente de la Conferencia episcopal. ¿Para qué confesarme con un sacerdote si yo lo hago directamente con Dios? ¿Si amo a una persona del mismo sexo por qué no me permiten casarme con ella si Dios es amor? Con lo agradable que es el sexo, puesto además por Dios en nuestra naturaleza, ¿por qué nos vienen con esas zarandajas de la indisolubilidad del matrimonio, de la fidelidad de los esposos, del celibato sacerdotal o la virginidad consagrada?
Y la fibra sensible que tocarla siempre da resultado. ¿Cómo le niegan la comunión a esa mujer que vive pública y notoriamente amancebada en el funeral por su padre a quien tanto quería? ¿Cómo se niega ser padrino en un bautizo a esa persona que, aunque haya hecho fehaciente demostración de odio a la Iglesia quiere llevar a la pila a ese sobrino a quien tanto quiere? ¿Quién es un sacerdote para hacer a un niño celiaco la gravísima ofensa de distinguirle de todos sus compañeros? ¿Y pretenden, además hacer de él un alcohólico?
Una vez más todo radica en la creencia o no de la Presencia Real. Cuando no se cree en ella todo vale.
Pues eso es lo que hay. No todo el mundo puede hacer lo que quiere. Si yo me siento frustrado por no vivir en el palacio de Liria o por ser rey de España me tendré que aguantar. Como por no poder alumbrar a un hijo o decir misa. Nadie me agravia por ello.
Por último están las enfermedades o defectos físicos que impiden muchas cosas. Supongo que a un sordo le negarán el acceso al conservatorio y a un ciego el acceso a la pintura. Un tetrapléjico no va a ser admitido en un seminario o al examen del carnet de conducir. Alguien con síndrome de Dawn no va a ser muchísimas cosas. Y uno muy bajito participante en la NBA. Y no por eso se les tiene que hundírseles el mundo. Simplemente que hay cosas que no pueden hacer.
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Muchas gracias y feliz Pascua.
PD: ¿Cómo se celebra la Pascua de Resurrección en una Cartuja?.
Cuando se le acercaba un celiaco supongo que comulgaba solo con el vino.
Ayudando a dar la comunión con las dos especies he observado que algunas personas rechazan el vino (supongo que alcoholicos) pero no he visto nadie que rechace la hostia y solicite comulgar solo con vino, pero podría darse el caso, y no habría el más mínimo problema, por lo que observo en mi parroquia.
El problema sólo lo tienen, de verdad, los celíacos y alcoholicos, pues no podrían comulgar con ninguna de las dos especies.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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