La cigüeña de la torre

Muy mal, Don Julián Barrio.

12.03.08 | 14:12. Archivado en Obispos, Iglesia española
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Me estoy conteniendo muchísimo. Es mi arzobispo metropolitano de nacencia. Creo que es una buena persona, que cuida muchísimo a su ancianísima madre y que vale poquísimo. No digo más. Aunque lo pienso.

Pues este pobre hombre de Manganeses de la Polvorosa, que tiene de gallego lo que yo de chino, y que por supuesto tengo de gallego todo lo que él no tiene, aquejado de síndrome de Estocolmo o de deficiencias de neuronas, se ha descolgado con un mandato a sus sacerdotes para que impongan el gallego en la liturgia. No sé si se habrá enamorado, a sus años, del dinosaurio de Fraga Iribarne, del Bloque, de Touriño, de Núñez Feijóo o si aspira a una cama redonda con todos. Por supuesto que castísima. No veo a Fraga ya en una cama con nadie. Y menos con la pequeñez de este arzobispo. Lo de la Polvorosa no tiene nada que ver con un polvillo. Polvo de pulpo en gallego. No vaya nadie a imaginarse otra cosa.

A mí personalmente el gallego me encanta. Como hijo de una ciudad del litoral lo hablo mal pero seguro que mucho mejor que Su Insignificancia. No me molesta en absoluto. En mi aldea del interior el párroco dice la misa en castellano y la homilía en gallego. Jamás ha tenido ninguna reconvención mía por el gallego o el castellano. Pero ya embarcarse, imperativamente, en promocionar el gallego en la Iglesia, contra lo que pidan los fieles, me parece estúpido y dictatorial.

Los párrocos son quienes conocen mucho mejor que él la lengua a celebrar. Entiendo que unos la quieran en gallego y otros en castellano. Es el párroco quien conoce, muchísimo más que el arzobispo, aquello con lo que la feligresía se siente bien. Y para la propaganda del galleguismo ya nos llega con la momia de Fraga, con el Bloque, con Touriño y con Núñez. La Iglesia no tiene que meterse en eso. Y menos un pobre hombre zamorano que no sé que se tiene que hacerse perdonar.

Mis arzobispos compostelanos fueron dos gallegos, Quiroga y Rouco, un vasco, Suquía, y un polvorosillo de la Polvorosa que terminará siendo un pobre polvo. Ahora no me refiero a un pulpo, ni a eso otro. Supongo terminará sus días en la archidiócesis compostelana porque nadie piensa que vale para más.

El gallego es una hermosa lengua, ultraminoritaria en el mundo, que nos encanta a quienes hemos nacido allí. Pero a usted le han nombrado para predicar el Evangelio. No el gallego. Tal vez no se ha enterado del absoluto fracaso de la Iglesia que se empeñó en predicar el catalán o el vascuence. En vez de a Jesucristo. Pues entérese. No quiera hacer de nuestra Iglesia gallega el inmenso fracaso de la catalana y la vasca.

Me he contenido muchísimo. No he dicho lo que me parece usted. Lo que de verdad me parece. Pero a la próxima va.


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