La ordenación de monseñor Martínez Camino.
19.01.08 @ 17:45:03. Archivado en Obispos, Iglesia española, cardenales
Ya es obispo Don Juan Antonio Martínez Camino. Tras una larga ceremonia, muy bella pero bastante larga. El acto comenzó a las doce y a las tres y cuarto concluía el besamanos.
Sacerdotes, muchos. Y obispos, ya no se diga. Multitud. Gente, laicos y monjas, bastante, pero sin abarrotar la catedral. La nave central de la principal, donde están los bancos, abarrotada. En las laterales muchos en la izquierda y bastantes menos en la derecha. Los sacerdotes estaban en dos de las naves de los brazos derecho e izquierdo de la cruz. Y en la tercera, fieles. Los obispos, canónigos, consultores, en el presbiterio.
Eran concelebrantes principales los cardenales de Toledo, Valencia y emérito de Toledo, el nuncio, el presidente de la Conferencia episcopal y los dos obispos auxiliares de Madrid.
De entrada observaréis que falta un cardenal de los anunciados. Curioso caso el de Don Carlos Amigo que se apunta a todo y luego no acude a nada.
Y ha habido un obispo perdido que fue hallado en el templo. El de Coria-Cáceres. Que aunque no estaba anunciado estuvo presente. Que yo lo vi.
Encontré muy viejecito a Delicado Baeza. Don Francisco Álvarez bastante mejor. A Don Felipe Fernández se le ve tocado. A Yanes no le vi. No digo que no estuviera, simplemente que no le vi. Estepa aceptablemente bien.
La homilía del cardenal, muy larga. Y no se oía bien desde donde yo estaba. Opté por salir a fumarme un pitillo.
La del nuevo obispo mucho más corta y muy buena. Incluso simpática.
La gente parecía muy contenta. Cuando paseó las naves bendiciendo los aplausos eran más que notables. Y él iba con aspecto feliz.
Hizo también una mención a los ataques que está sufriendo recientemente el cardenal Rouco y la catedral volvió a estallar en un cerrado aplauso. En esta ocasión dirigido al arzobispo de Madrid.
La celebración, dirigida por Andrés Pardo, muy digna. Porque eso sabe hacerlo bien. Las partes comunes: Gloria, Sanctus, Pater y Agnus cantadas en latín. Credo no hubo. O tal vez me distraje mucho en ese momento. O estaba fumándome el pitillo. Pero creo recordar que una vez fumado todavía duró un rato largo la homilía.
Y una vez más ese curioso modo de concelebrar que supongo es fantasía, vuelta a las fuentes, cosa extraña porque en las fuentes no se concelebraba, interpretación del espíritu del Concilio o vayan ustedes a saber qué de Andrés Pardo.
Yo en todas las concelebraciones que he visto, que son sobre todo las del Papa, están todos los concelebrantes al mismo nivel detrás del altar. Y el maestro de ceremonias discretamente detrás. En las made in Andrés Pardo no es así. Está en primer plano, y solo, el concelebrante principal. En segundo, y naturalmente muy visible, el maestro de ceremonias. Y en tercero los restantes concelebrantes distinguidos.
Cierto que con ese sistema vemos mucho al señor cardenal y a su maestro de ceremonias. A los demás cuesta trabajo reconocerles. Bien porque los dos primeros tapan a los de detrás o bien porque por eso de los planos ya nunca salen.
Y además hay otro problema. Cuando todos están al mismo nivel el canon es muy fácil de leer. Se cambia el ritual de un sitio a otro de la mesa y el concelebrante a quien le toque leer se acerca más o menos según ande de vista. De este otro modo la cuestión es mucho más complicada. O tienen, como en el caso de hoy, un librito con la rúbrica, que ya es pesado tener que ocuparse además de la mitra y el solideo del dichoso librito, o tiene que acudir alguien a ponerle ante la vista el ritual. Porque mesa en que apoyarlo no tienen.
Bien sé que es un tema absolutamente menor pero como me extraña, lo digo.
Dije en un artículo anterior que no veía entre las personas que habían asegurado su asistencia a nadie de la CONFER o de la FERE. Pues estaba el salesiano Manuel de Castro. Yo le vi a la salida, de paisano, por lo que no puedo decir si concelebró o se limitó a estar entre el público.
A Fernández Barrajón no le vi. Pero eso no quiere decir que no estuviera.
A los dos obispos que me saludaron desde la fila procesional intenté verles a la salida pero no les encontré. No necesito decirles mi simpatía y mi afecto. Porque lo saben bien.
Concluyo diciendo que me he encontrado a cuatro obispos encantadores. De otros ya lo sabía por lo que no fue ninguna sorpresa el comprobar que lo siguen siendo. Pero con estos tres jamás había hablado. Tenía excelentes referencias de ellos pero nada más. Ahora sé que son sencillos, asequibles, simpáticos...
A Don Agustín García-Gasco le encontré delgadísimo. A Don Santiago García Aracil mucho mejor. Como si hubiera estado en un régimen de adelgazamiento. Y a monseñor Omella recomrendarle que se compre unas camisas dos tallas menores. Por lo menos. Porque se sale por el cuello.
Allí estaban tres representantes, de muchísimo relieve, de una asociación seglar que me parece está desarrollando una meritísima labor eclesial. Uno de ellos es un viejísimo amigo mío aunque él diste mucho de ser viejo. Es que le conocí cuando casi era un niño. Al otro le conocí hoy aunque sabía mucho de él. Al tercero no le conozco personalmente, es el más importante de todos, por razón de cargo, y también estaba aunque yo no le viera. Pero al oir como hablaban por el móvil entendí que uno estaba en la puerta norte y el otro en la este.
Me parece normal que esa asociación estuviera tan dignamente representada. Pero el laicado español tiene mucho que aprender de identificación con su Iglesia. Claro que hay que ir a misa los domingos pero si la Iglesia ordena a un obispo ahí habría que estar. Porque el obispo es la base esencial de la Iglesia. Así lo quiso Cristo. Y deberíamos tener conciencia de ello.
Y eso es todo lo que os puedo contar. Otras cosas no debo.
Creo que hoy la Iglesia de España cuenta con otro excelente obispo más. Eclesial, incondicional del Papa, joven, preparado y valiente. Dos o tres años más y a esta Iglesia no la va a reconocer la madre Dadaglio que había parido a la anterior.
Día pues de gozo para la Iglesia de Madrid y para la española. Salía de la catedral y desde lo alto de las escaleras de la puerta principal miré hacia el oeste. No sé bien por que. No había ningún motivo. Y en la lejanía un rayo de sol bañaba la hermosa torre de mi iglesia de Pozuelo. Estaba muy lejos pero se la veía clarísimamente. Alta, sólida, firme, a la vez maciza y grácil, como una referencia segura para no equivocar el camino. Dios quiera, y todo hace suponer que así va a serlo, que ese otro camino, de apellido, sea siempre una torre erguida, coronada por la cruz, que nos señale donde está el cielo.
¡Vaya casualidad y vaya tontería!, dirán algunos. Tal vez. O tal vez no. Yo fui a mi iglesia madre, a mi catedral, para asistir a la ordenación de uno de mis obispos. Y desde allí Dios me mostró mi parroquia. Y con especial empeño. Porque todo se difuminaba en el horizonte lejano menos la torre de Caná bañada de sol.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/139030
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Las consagraciones espiscopales son largas y ceremoniosas y cuando se va, se debe saber a lo que se va. Contar celebrantes, besar anillos episcopales, dejarse ver y mostarse muy reverente no era el fin de esa ceremonia pero da la impresión de que si era el fin que usted buscaba.
¡En fin, que es una pena y así tengo que decirlo!
Por lo demás.., pues ya tenemos otro trepa agarrado al báculo, y si antes de ser obispo ya daba baculazos, preparémonos para lo que venga. Y vendrá.
En fin, empiezo a estar hasta el gorro de esta "prensa" sacro-rosa de los blogs y del Cogoña. Si esto es Iglesia, yo me cago en algunos ministros extraordinarios.
No hace falta nada mas, usted ya lo ha dicho todo.
Vegonzoso.
Dirigido a ese Caminante en busca de la Mitra: Ya la encontró, ahora que lea a Isaias y a León Felipe
SOBRE TODO HE PUESTO MI ESPIRITU, PARA QUE TRAIGA EL DERECHO A LAS NACIONES. NO GRITARÁ, NO CLAMARÁ, NO VOCEARÁ POR LAS CALLES.
ISAIAS 42, 1-4. 6-7
Ya sé que Vd. es mayor para saber lo que hace, pero dada la libertad y la confianza de la que disfrutamos en este blog, me animé a expresar mi opinión al respecto.
Xabier: Pues tras tanto encontronazo alegrémonos de coincidir alguna vez. Y que no sea la última.
Al curita de las pampas un gran abrazo.
Observador: Creo que observas mal. Yo cuando saludo a un obispo doblo mi rodilla izquierda. La derecha sólo ante Dios. Efectivamente estaba allí. Para saludar a algunos obispos amigos a los que uno no puede ver salvo en casos como éste. Yo no tengo una relación amor odio con mis obispos. Sólo digo de unos que me gusta lo que hacen y de otros que no me gusta. Y ellos lo entienden perfectamente. Y a los que critico no voy a besarles la mano para hacerles pasar un mal rato. En el caso de que me identificara.
http://www.catholic-hierarchy.org/bishop/bvacant.html
Nada, alegremonos por este nuevo obispo y felicidades de nuevo.
Yo no digo que tenga mala pluma, pero sí que su pluma es para gente de un nivel y altura a la que no estamos muchos, y aburrir aburre porque yo lo he vivido hasta en carne propia. Ya me gustaría tener el vicio del tabaco para recurrir a él como Paco Pepe cuando el horizonte huele a que alguien nos va a dar el tostón.
Por otra parte, se lo digo con todo el afecto, no parece muy respetuoso eso de salirse en la homilía a fumarse un cigarro.
Bueno, acabo de conseguir que se calle el loro. Lleva toda la tarde graznando: ¡cardenales! ¡cero! ¡frailes! ¡campeones! Por fin lo he conseguido: le he puesto delante esta foto de Camino y ha metido la cabeza diciendo: bona nit!
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Francisco José Fernández de la Cigoña
autor
Contacto








