A buen entendedor...O lo que parece un canto y no lo resulta tanto.
18.01.08 @ 16:55:59. Archivado en Religiosos, Papa
Tras las duras palabras del cardenal Rodé han venido las del Papa. Y seguramente las primeras. Porque después va a recibir a los participantes en la XXXV Congregación general de los Jesuitas y seguro que volverá a hablarles. Lo de hoy más bien parece una admonición paternal. En vísperas de la elección del nuevo Padre General. Pero hay que leerla con atención. Porque dice bastante más que lo que se entendería en una lectura apresurada.
Saludos, afecto y cercanía espiritual. Expresados abiertamente. Pero ya desde el primer párrafo la llamada de atención: Se trata de una ocasión providencial para imprimir a la Compañía de Jesús aquel renovado impulso ascético y apostólico que es deseado por todos, para que los Jesuitas puedan llevar a cabo plenamente su misión y afrontar los desafíos del mundo moderno con aquella fidelidad a Cristo y a la Iglesia que distinguió la acción profética de San Ignacio de Loyola y de sus primeros compañeros"
La fidelidad a Cristo es vaporosa. Tal vez Lutero se sintiera muy fiel a Cristo. Quizá hoy Milingo o Podestá. Pero el Papa exige además fidelidad a la Iglesia. Y él es su cabeza. Creo que se entiende. Sin necesidad de más.
Pero, por si no, insiste. Y comentando un texto paulino, añade: "Como entonces, también hoy la evangelización exige total y fiel adhesión a la palabra de Dios: adhesión ante todo a Cristo, y escucha atenta de su Espíritu que guía a la Iglesia, dócil obediencia a los Pastores que Dios ha puesto para guiar a su pueblo y prudente y franco diálogo con las instancias sociales, culturales y religiosas de nuestro tiempo".
Alabanzas a los trabajos preparatorios, al P. Kolvenbach y a sus colaboradores. Reconocimiento a los santos de la Compañía. Y aprecio a la colaboración que tantos jesuitas prestan a la labor de la Iglesia. Seguramente el nombramiento cardenalicio del P. Navarrete sea la última expresión visible del gozo papal por tantos servicios. Pero enseguida el recuerdo de las palabras dirigidas a los Jesuitas por Pablo VI y Juan Pablo II. Que fueron verdaderamente graves.
Y ahora las suyas: "para ofrecer a vuestra reflexión algunas consideraciones que os sirvan de aliento y estímulo para realizar cada vez mejor el ideal de la Compañía, en plena fidelidad al Magisterio de la Iglesia tal como se describe en la siguiente expresión que os es bien familiar: "Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia su esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra".
Por si no estuviera claro: remacha: "Se trata de una "peculiar" fidelidad, sancionada también, para no pocos de vosotros, por un voto de obediencia inmediata al Sucesor de Pedro "perinde ac cadaver". De esta vuestra fidelidad, que constituye la señal distintiva de la Orden, la Iglesia tiene aún mayor necesidad hoy".
"Para que esto suceda es indispensable, como ya recordaba el amado Juan Pablo II alos participantes en la 34ª Congregación General, que la vida de los miembros de la Compañía de jesús, como también su investigación doctrinal, estén siempre animadas de un verdadero espíritu de fe y comunión en "dócil sintonía con las indicaciones del Magisterio". Deseo vivamente que la presente Congregación General reafirme con claridad el auténtico carisma del Fundador, para alentar a todos los Jesuitas a promover la verdadera y sana doctrina católica".
Por si todo no estuviera clarísimo: añade: "La obra evangelizadora de la Iglesia cuenta, por tanto, con la responsabilidad formativa que la Compañía tiene en el campo de la teología, de la espiritualidad y de la misión. Y, precisamente, para ofrecer a toda la Compañía de Jesús una clara orientación que la sostenga en una dedicación fiel y generosa podría resultar muy útil que la Congregación General reafirme, en el espíritu de San Ignacio, la propia adhesión total a la doctrina católica, en particular sobre puntos neurálgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular, como, por ejemplo, la relación entre Cristo y las religiones, algunos aspectos de la teología de la liberación y varios puntos de la moral sexual, sobre todo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de las personas homosexuales".
Se está despidiendo ya el Papa pero todavía les recuerda las palabras de Juan Pablo II pidiéndo a la XXXIV Congregación General que reafirmara "sin equívocos y sin dudas, su específico camino hacia Dios, como lo trazó San Ignacio en la Formula Instituti". Y, por si no bastaran, las de Pablo VI: "Todos debemos velar para que la adaptación necesaria no se realice con detrimento de la identidad fundamental, de la esencialidad de la figura del jesuita, como se describe en la Formula Instituti, como la historia y la espiritualidad de la Orden la propones y como la interpretación auténtica de las necesidades mismas de los tiempos parece reclamar hoy. Aquella imagen no debe ser alterada, no debe ser desfigurada".
Pues yo no tengo nada que añadir. Me parece clarísimo. Sólo decir que la letra negrita la he puesto yo.
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Hasta ahora sólo he leído en respuestas dirigidas a mí que no sé qué es la Gregoriana, que no sé nada de la Compañía, que soy de la mayoría que sólo "enviste" (sic), que no veo, no oigo, y que la cabeza la tengo únicamente para llevar sombrero, y que ya que no sé nada, que hable menos.
Sigo manteniendo que este tono no hace sino denigrar a la Iglesia. Mal servicio le hacemos y nos hacemos si lo mantenemos.
Otro, no menos cordial, saludo.
1º.- Dudo mucho que usted me lea asiduamente pues no escribo normalmente en los blogs
2º.- No me he dado de culto, educado y experto en ortografía; era una respuesta a quien, por el contrario, se nos presentaba como doctor de la Gregoriana, en un escrito infumable desde la ortografía y una forma un tanto descalificadora ya no de mis argumentos, sino de mi persona.
3º.- Claro que me aplico a mí mismo lo que pienso del insulto y de la descalificación. Me gusta responder a argumentos; no descalificando a quien los escribe. Si usted ha percibido algún insulto en mis escritos, hágamelo saber para enmendarme inmediatamente.
4.º- No exijo que se cuenten cosas; sino que en vez de descalificar a quien no piensa como el otro, oigamos ARGUMENTOS. Y en serenidad.
5º.- No soy un defensor a ultranza de los jesuitas. Desde luego a Compañía NO es la Iglesia pero pertenece a ella, y con un tesoro inmenso que, como todos, ha de ser purificado para ...
no tengo ningun resentimeinto ni con la compañía ni con usted ni con nadie. Siempre que leo cosas suyas van en el mismo tono y no es ni el mas educado ni el mas ejemplar. Si opine sobre un fuego cruzado es porque usted se subio a la parra dansoselas de culto, educado y experto en ortografía, amen de defensor a ultranza de lo jesuitas y todo eso para decalificar a su adversario. Con lo cual todo lo que me dice a mi, empiece por aplicarselo usted que le iria muy bien ya que parece que su silueta y no la mia es la que refleja ese escrito que a mi me dirige. Yo de todos modos a usted no le dije nada sino que me dirigí a Toño. Y para terminar usted exige que aqui se cuenten cosas ¿no?. Bueno esto es un bloc y no un libro, no es el lugar, pero haberlas hailas y usted lo sabe. Un saludo
(Lo de "la" es naturalemente simétrico al trato que a mí me da).
Mire usted: permítame que hable de algo que sé, desde que paseo por ciertos tipos de blogs eclesiásticos. El insulto y la descalificación suelen
enmascarar los resentimientos más cetrinos de quienes tienen miedo a hablar y a oír. El insulto esconde odios viscerales, prejuicos frenéticos y calenturientos, bien lejanos del apego a este misterio que es la Iglesia.
El insulto desenmascara a quien lo profiere porque es propio de quien ama vituperar al contrario hasta quedarse exhausto. El insulto es, en definitiva, el espumarajo de quien no aporta nada, sino que destruye.
Si usted ha escrito usted semejante párrafo, en el que únicamente se dedica a descalificarmea, con el afán de defender a la Iglesia, sepa usted que no ha hecho sino denigrarla.
Atentamente,
No te pongas nervioso, que el tono (sin eñe) insultante y descalificador lo iniciaste tú. No tengo necesidad de escribir mi currículo vitae, ni preciso de un doctorado en historia de la Compañía para afirmar lo que más abajo escribí. Lamentable que, lejos de aportar datos o entrar en diálogo, recurras a la descalificación. Entiendo que la violencia verbal supone ya la falta de argumentos.
Quien quiera acusar a la Compañía de Jesús, hágalo en directo y con razones, o muestre en qué medida en ella hay cosas que no son conciliables con el evangelio o con la esperanza humana. Otra cosa es una falta de honestidad intelectual y de convivencia cívica. Hable de esto, pero no te degrades recurriendo al insulto, cuyo único objeto es demonizar -sin razones- a quienes no nos resignamos a acatar las prédicas simplistas y demagógicas.
Nicolás suele vestir de clergyman, a su manera. Habrá quien lo tache de hortera pero dará sorpresas porque es un hombre brillante.
Insisto. Creo ver un cierto apego de BXVI hacia la compañía a cuyo prepósito, desde luego, no se le ha relegado al silencio acosado por graves sospechas, ni se ha corregido, por ejemplo, la liturgia de la Compañía. En ella hay tanto de subsanable como de laudable. Y eso ha hecho BXVI, consciente de los vínculos de ésta hacia el papado. No se podía esperar otra cosa.
Quienes la gozáis pretendiendo ver un acoso del papado hacia los jesuitas, seguid así, si os hace felices.
Parece que les tenéis miedo (a los jesuitas). El papa no. Cuatro siglos de historia les avalan.
Guste a algunos o no, la Compañía de Jesús cuenta con un considerable potencial de servicio a la Iglesia y al mundo que el papado no desprecia. La intervención de BXVI en la Congregación General es ordinaria y está a años luz de la "extraordinaria" que Juan Pablo II realizó en tiempos de Arrupe, cuando ciertamente la crisis era más acentuada.
¿vosotros sabeis algo de los jesuitas? Me da que no de lo cotrario no os extrañaría la negrita y la supernegrira, pues en el lenguaje dulce y diplomatico del vaticano eso quiere de cir muchisimo para quienes antes iban sobrados de lo que ahora se les recuera ¿por que será? Un ejemoplo a ver si es os abre la mente: un maleducado para dirigirse a alguien que no esta bien de la cabeza le diria, creo que usted es subnormal o esta mal de la cabeza...un diplomatico le diria: usted tiene trisomia en el par 21, lo dos han dicho lo mismo pero de manera difererente. ¿lo entienden ahora? ¿Tampoco verdad?. Entonces todo queda claro y mejor no seguir.
Vaya ejercicio de acomodo de las palabras del Papa a su conveniencia señor Cigoño...
Y la vergüenza ¿dónde se la dejo?
"Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, voceará por las calles".
(Isaias 42, 1-4.6-7)
Me parece que es más fácil entender lo que se lee atendiendo simplemente a la literalidad, que retorcer lo leído en la letra y en el espíritu.
Como subraya muy bien D. Francisco José, es la “admonición paternal”, plena de “afecto y cercanía espiritual”, al hijo predilecto y brillante que va por un camino equivocado y al que pide que recapacite y vuelva, por que lo necesita y lo necesitan sus hermanos.
Es evidente para cualquiera que no hace falta recordarle que estudie al hijo estudioso o que no beba al abstemio, o que sea fiel al que ni por asomo es infiel o austeridad al que vive como un asceta.
En fin, no quiero insultar su inteligencia y quiero creer que sus intervenciones solo persiguen provocar un poco.
Creo que algunos jesuitas necesitan recordar la disyuntiva que les planteó San Ignacio con las dos banderas, aunque no nos venga mal a ningún cristiano.
Lea el lector el texto incluido por el blogger sin las tendenciosas letras negritas y todo parece como un refrendo a la actual tarea de la Compañía que debe no obstante, buscar "renovado impulso ascético y apostólico que es deseado por todos":
- "afrontar los desafíos del mundo moderno"
- "total y fiel adhesión a la palabra de Dios"
- "De esta vuestra fidelidad, la Iglesia tiene aún mayor necesidad hoy"."
Y todo "en el espíritu de San Ignacio"
¿Qué jesuita no desea esto?
Quines gozarían con una supresión de la SI, van listos...
- con los neocatecumenales para corregir explícitamente "su" liturgia (que por cierto, por ahora en muchos sitios, ni caso).
- con los legionarios, para relegar a privado a su fundador y cancelar un "cuarto voto" de obediencia, no a la Iglesia universal, sino al superior inmediato
- Y otros.
Eso sí que es fácil para buen entendedor...
El discurso a la Compañía, pues equilibrado en sintonía con lo que es. ¿Qué quiere el blogger? ¿Que el papa pida disidencia a la Compañía? ¿Desapego a Roma? Hay quien quiere ver un tirón de orejas a los de la S.I. Yo más veo más a BXVI, como decía un fundador de Pablo VI, como un "jesuitón". Al tiempo. Los desprecios se han acabado.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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