¡Vaya bronca a los jesuitas!
07.01.08 @ 22:39:51. Archivado en Religiosos,
El cardenal Rodé, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada ha inaugurado la XXXV Congregación de la Compañía de Jesús presidiendo la solemne misa con la que comenzó tan importante reunión. Y pronunció la homilía de la misma. No sé si el cardenal ha enloquecido o si les ha dicho lo que Benedicto XVI quiso que les dijera. Veremos si mañana es desautorizado por el Papa y depuesto en sus funciones o si es mantenido en ellas. Porque la homilía se las trae. Si yo hubiera dicho la cuarta parte de lo que dijo el cardenal me habrían puesto a escurrir. Y lo que diga yo no vale nada. Vamos a ver como se digiere la homilía. Y, sobre todo, como la aceptan los 225 jesuitas encargados de nombrar un sucesor al P. Kolvenbach y de señalar los rumbos próximos de los jesuitas.
La historia comenzó muy bien. Mención cariñosa al P. Arrupe, "tan amado" y sumamente elogiosa al P. Kolvenbach. Importancia del acontecimiento, para los jesuitas y para la Iglesia, e inmediatamente el recuerdo del cuarto voto: "Os interrogaréis ciertamente sobre la identidad del Jesuita hoy y los valores de vuestro voto de obediencia al Santo Padre que desde siempre ha cualificado vuestra Familia religiosa". Vale, puede entenderse como una alusión retórica: os interrogaréis. Y del interrogante podría salir cualquier cosa.
Y una constatación, a mi entender ciertísima: "no trabajáis sólo para dar una calificación religiosa y apostólica a vuestros hermanos Jesuitas. Son muchos los Institutos de vida consagrada que participan de la espiritualidad ignaciana, que miran con atención a vuestras elecciones; son muchos los futuros sacerdotes que se preparan en vuestras universidades y ateneos a ejercitar un ministerio; son muchas las personas que dentro y fuera de la Iglesia frecuentan vuestros centros educativos con el deseo de encontrar una respuesta a los desafíos que la ciencia, la técnica, la globalización, la inculturización, el consumismo, la miseria, ponen a la humanidad, a la Iglesia y a la fe, con la esperanza de recibir una formación que los haga capaces de construir un mundo de verdad y de libertad, de justicia y de paz". Muy cierto y muy elogioso.
El cardenal Rodé parece mostrar interés en declarar el concepto en el que les habla. No es una simple figura decorativa, un cardenal enviado para dar lucimiento al acto. Lo hace "como hombre de la Iglesia llamado a ejercer un difícil servicio en el campo de la vida consagrada, en mi calidad de Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica". No es un cualquiera. Es el que manda. Y lo dice. Quiere decirlo.
Vienen después alabanzas a la vida consagrada que "continúa siendo un don divino que la Iglesia ha recibido del Señor (LG, 43) y por lo tanto la Iglesia desea vigilar con solicitud para que el carisma propio de cada Instituto se conozca cada vez más y, con las necesarias adecuaciones a los tiempos actuales, se mantenga siempre intacto en la propia identidad para el bien de toda la Iglesia". Adecuaciones, las precisas, pero sin perder el carisma propio. Y la Iglesia va a vigilar eso "con solicitud".
Y ahora vienen las duras. "No se puede separar la consagración al servicio de Cristo de la consagración al servicio de la Iglesia. Así lo consideró San Ignacio y sus primeros compañeros cuando redactaron la Fórmula de vuestro Instituto, en la cual se dibuja la esencia de vuestro carisma: sevir al Señor y a su Esposa, la Iglesia, bajo el Romano Pontífice (Fórmula I). Veo con tristeza e inquietud que va decayendo sensiblemente también en algunos miembros de las Familias religiosas el sentire cum Ecclesia". Evidentemente en sus palabras a los jesuitas el cardenal Rodé no estaba pensando en los teatinos o en los claretianos. No tendría el menor sentido.
Les recuerda después los Ejercicios Espirituales. Y añade: "El amor a la Iglesia en toda la extensión de la palabra -sea la Iglesia pueblo de Dios, sea la Iglesia jerárquica- no es un sentimiento humano que va y viene según las personas que la componen o según nuestra conformidad con las disposiciones emanadas por aquellos que el Señor ha puesto para regir la Iglesia. El amor a la Iglesia es un amor fundado sobre la fe, un don del Señor el cual, porque nos ama, nos dona la fe en Él y en su esposa que es la Iglesia. Sin el don de fe en la Iglesia no puede existir el amor por la Iglesia". Más claro, agua.
Pero hay más: "Con tristeza e inquietud veo también un creciente alejamiento de la Jerarquía. La Espiritualidad ignaciana de servicio apostólico bajo el Romano Pontífice no acepta esta separación. En las Constituciones que os ha dejado como norma de vida, Ignacio quiere verdaderamente plasmar vuestro ánimo y en el libro de los Ejercicios (n. 353) escribe: debemos tener ánimo aparejado y pronto para obedecer en todo a la vera Esposa de Cristo nuestro Señor, que es la nuestra santa madre Iglesia Jerárquica.
"Los tiempos han cambiado y la Iglesia tiene hoy que afrontar nuevas y urgentes necesidades. Menciono una, que a mi juicio es hoy urgente y al mismo tiempo compleja, y la propongo a vuestra consideración. Es la necesidad de presentar a los fieles y al mundo la auténtica verdad revelada en la Escritura y en la Tradición. La diversidad doctrinal, de aquellos que a todos los niveles, por vocación y misión, son llamados a anunciar el Reino de la verdad y del amor, desorienta a los fieles y conduce a un relativismo sin horizonte. La verdad es una, que siempre puede ser más profundamente conocida. Garante de la verdad revelada es el Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo (Cf. DV. 10). Los exegetas y los estudiosos de la teología están comprometidos en colaborar para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, las riquezas en ellas contenidas (CF. DV. 23). Vosotros, a través de vuestra larga y sólida formación, vuestros centros de investigación, la enseñanza en el campo filosófico-teológico-bíblico, os encontrais en una situación privilegiada para realizar esta difícil misión. Realizadla con el estudio y la profundización, realizadla con la humildad, realizadla con la fe en la Iglesia, realizadla con el amor por la Iglesia".
Pero no sólo los jesuitas individualmente. "Aquellos que, según vuestra legislación, deben vigilar sobre la doctrina de vuestras revistas, de las publicaciones, lo hagan a la luz y según las "reglas para sentir cum Ecclesia" con amor y respeto.
Y concluye el cardenal: "Guiados por vuestro magis ignaciano tened abierto vuestro corazón para revivir el mismo don (ser contemplativos en la acción), siguiendo el mismo camino recorrido por San Ignacio de Loyola en Roma, que fue un camino de generosidad, de penitencia, de discernimiento, de oración, de celo apostólico, de obediencia, de caridad, de fidelidad y de amor a la Iglesia jerárquica".
Esas palabras tan duras, tan claras, tan programáticas, ¿han caído como una helada sobre los miembros de la XXXV Congregación General o como una lluvia benéfica y fertilizante prometedora de nuevos esplendores y servicios a la Iglesia de la ínclita Compañía? No lo sé. Ojalá sea esto último. Pero los jesuitas ya lo saben. Porque, o el cardenal Rodé ha enloquecido o eso es lo que quiere el Papa.
Y, por favor: la reclamaciones no a mí. Al Vaticano.
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¡Ah! y a ver si Rodé pone ahora orden en el próximo encuentro reformador del General de los franciscanos con las federales de las clarisas de todo el mundo. Que el proyecto es cargarse la Orden y en Roma no se enteran.
Que le aprovechen espiritualmente los ejercicios espirituales.
Cuando esta percepción viene del mismo C.Rodé, percepción de falta de sentir con la Iglesia,y de falta de obediencia a la jerarquía, y no en casos aislados sino en general, en vez de estimarse guays, o compararse con los jesuitas de las reducciones, porque en teoría "se está en la frontera" creo que debería suscitar un importante examen de conciencia (o relectura, como dicen algunos jesuitas hoy).
Me pregunta: “Quién va conocer mejor la situación de los jesuitas, tú o uno de ellos? Pues depende, como dice el refrán, “ningún “cagao” se huele”, auque en este caso seguramente sería, “el amor es ciego”.
Desde luego yo no conozco las interioridades de la Compañía, pero tengo una visión de conjunto y lo puedo ver con una perspectiva que es casi imposible desde dentro. Precisamente por eso estoy convencido de que esas “individualidades que han hecho mucho daño” y que usted apunta, son las que han provocado el débil tono de la Compañía, que es el que percibimos desde fuera a través de: sus escritos, publicaciones, homilías, conferencias y orientaciones pastorales y complementado con las advertencias que tienen que hacerle desde el Magisterio de la Iglesia y las noticias y valoraciones que emiten personas en las que confío plenamente, alguna desde dentro y las más con buen conocimiento de la realidad actual de la Compañía.
Pues olvídate de la tristeza. ¿Quién va a conocer mejor la situación de los jesuitas, tú o uno de ellos? Tu análisis me parece similar a el de los antiicatólicos que opinan que los que somos de la Iglesia estamos manipulados. Opinan desde fuera, y allí hay más prejuicios que ideas acertadas.
Yo mismo conozco bastante de cerca la Compañía (la de hoy, claro está; Arrupe ya había dejado el gobierno cuando yo nací). He tenido incluso el privilegio de visitar el noviciado de la Compañía de todo España, y te puedo decir que fidelidad y obediencia brillan por su plena presencia.
Es precisamente el tono general de la compañía el que está bien, y algunas individualidades las que han hecho mucho daño.
Pues olvídate de la tristeza. ¿Quién va a conocer mejor la situación de los jesuitas, tú o uno de ellos? Tu análisis me parece similar a el de los antiicatólicos que opinan que los que somos de la Iglesia estamos manipulados. Opinan desde fuera, y allí hay más prejuicios que ideas acertadas.
Yo mismo conozco bastante de cerca la Compañía (la de hoy, claro está; Arrupe ya había dejado el gobierno cuando yo nací). He tenido incluso el privilegio de visitar el noviciado de la Compañía de todo España, y te puedo decir que fidelidad y obediencia brillan por su plena presencia.
Es precisamente el tono general de la compañía el que está bien, y algunas individualidades las que han hecho mucho daño.
Si en el siglo I, a los legionarios desplegados en las fronteras del Imperio para defenderlo, llegan unos diciendo que las fronteras están en Roma como pretorianos y lo que hay que hacer se copiar la cultura de los bárbaros, puede suponerse lo que les hubieran hecho a semejantes predicadores, que acabaron triunfando en s. IV.
Le felicito por ese tesoro de los Ejercicios y que el Señor le ilumine.
Sus comentarios me producen una mezcla de alegría y tristeza. Alegría al comprobar su fidelidad a la Compañía y el tono de sus comentarios y tristeza por lo que me parece una ceguera que afecta a muchos jesuitas.
No se trata de que haya casos más o menos numerosos de jesuitas que producen vergüenza; siempre los ha habido pues la existencia de la traición, deserción o abandono pertenece a la naturaleza humana. Se trata del tono general de la Compañía que para muchos se encuentra desarbolada al margen de numerosas individualidades admirables.
Para mi las persecuciones y disoluciones de la Compañía son motivo de gloria pues se fueron fundamentalmente a causa de su fidelidad, mientras que las alabanzas que recibe ahora son por lo contrario.
¡Que Dios siga guiando a la Compañía de Jesús!
Si aclaro que el Maestro Ignacio nunca propició la obediencia ciega, algo que muchos de ustedes parecen ignorar y que está en el mismo ser de la Compañía.
Espero que sabrán disculparme si no les contesto. No lo tomen como falta de desinterés o desconsideración, pero voy a dar una tanda de Ejercicios y eso va a ocupar todo mi tiempo en los próximos diez días.
Las fronteras han ido cambiando a lo largo de la historia y la Compañía ha sabido encontrar el punto de equilibrio y el discernimiento para qeu las cosas volviesen a su cauce. estoy seguro de que también ahora ocurrirá porque la Compañía es obra de Dios y eso está por encima de cualquier interés humano.
También parece claro que las fronteras no pueden ser las que fueron en tiempos de Ignacio, Laínez, Borja, o más recientemente Wernz, Ledóchowski, Janssens o el mismo Arrupe porque las preocupaciones y los puntos de interés son otros.
Pero si quiero recordarle, puesto que usted las ha citado, que las hoy tan alabadas, con razón, Reducciones, en su tiempo fueron motivo de grandes polémicas no sólo con los poderes políticos sino también con la jerarquia.
Tampoco necesito recordarle que el Papa Clemente XIV llegó a disolverla.
No es que que se deje de mirar lo que ocurre en el conclave jesuita, pero para muchos catolicos los jesuitas han dejado de contar, muchos ya no esperan nada de ellos salvo la siguiente "perla", muchos rezan para que vuelvan a ser lo que fueron, pero esto solo depende de ustedes mismos Mudito.
Acabo de leer noticias de USA, alli un compañero suyo el padre Thomas Reese de la universidad de Georgetown, se cubrio de gloria recientemente al minusvalorar que congregaciones tradicionales tengan vocaciones y afirmo que si la Iglesia se decide a ordenar mujeres, ellos tendrian miles.
Mientras diocesis que quizas no situariamos en el mapa, como la de Nebraska, pierden la paciencia con los jesuitas cuando estos invitan a una proabortista y proeutanasia como Anne Lamott para dar conferencias en la universidad de Creighton.
El goteo de noticias como estas es constante.
En cuanto a lo que dijo mudito, qué quieres que te diga, él mismo.
Si nos ponemos a leer entre líneas el discurso del cardenal a lo sumo podríamos interpretar que ha habido una de cal y otra de arena: elogio de Kolvenbach y preocupación porque no se actualice el sentir con la Iglesia. Habla de la necesidad de que se siga con el trabajo de frontera y se duele de que haya un creciente alejamiento de la jerarquía. Eso, una de cal y una de arena, lo que pasa que a vosotros os gusta mucho el morbo y claro... pesa más el reproche que el alago. Es obvio que el alago era puramente decorativo (¿o no?).
Cuando leí que Mudito decía que no le gustaban las mortificaciones estuve apunto de decirle que tuviera cuidado, que seguro que había alguien en este blog dispuesto a sacar punta a esa afirmación (máxime escrita por uno que afirma ser jesuita). Veo que no me equivocaba.
Mudito: has dicho que tienes muy poca afición a las mortificaciones. ¿Es sólo una manera de hablar o quieres decir que no practicas la mortificación de los sentidos, tan necesaria para alcanzar el estado de perfección?
A buen pocas...
La corrección fraterna está en el Evangelio: Cristo la practica. Y ha hecho tantos santos.
Ojalá que la Compañía vuelva a ser lo que ha sido, gracias a esta corrección fraterna-paterna.
Tenemos aquí dos formas de obediencia: la del teólogo que escribe por obediencia y la del teclado del ordenador, que escribe por obediencia del dedo. El mío ahora escribe varias veces la letra R (miren: RRRRRRR). Yo soy de los que piensan que la obediencia creativa del teólogo es encomiable y la fidelidad ciega del teclado es exclusivamente mecánica y carente de mérito alguno. No es obediencia de persona, sino de máquina. Pretender obediencia mecánica en una persona es negar su propia dignidad, su propia conciencia y su propio albedrío.
Pretender que los jesuitas sean el teclado del Papa es realmente minusvalorar e ignorar la historia y el carisma de cinco siglos de esa instituc...
Ad maiorem Dei gloriam!!
Xabier, vete a dar lecciones de obediencia a otros.
Respecto al peso de la Compañía.
D. FJ escribió repetidas veces, con un dolor que comparto, que el número de miembros se ha reducido a la mitad en los últimos 35 ó 40 años. Siendo esto verdad, la comparación es poco realista puesto que si lo que se compara es la estructura de edad su peso actual probablemente es menos de la cuarta parte y si a eso se añaden las posiciones divergentes o erráticas de ciertos jesuitas -frenado con el último General - que imprimen un tono que representa un lastre de efectividad, temo que su peso – desde una perspectiva puramente humana – sería muy bajo. Y precisamente eso es nos duele a los cristianos conscientes, fascinados por jesuitas que hemos conocido y por una historia de la Compañía en los que la frontera era la Alemania luterana, reconquistada en parte o las Reducciones, o el Japón de las persecuciones, o los tiempos duros de la disolución o la persecución y expulsión durante la II República, o ...
a los laicos nos parece bien que una "compañía", ejército o turba obedezca a la jerarquía de forma cadavérica, como instituciones que aún existen, y se deben a su pasado. pero la altura de los tiempos, tal vez, pida que "obedecer" significa también "comprender", "razonar", "deliberar" y que deseamos colaborar no sólo con la "negación" sino con la afirmación.
www.pradanosdeojeda.com
No veo por ninguna parte la descomposición de la Compañía que algunos de ustedes parecen advertir desde fuera, lo que veo son personas que trabajan por difundir el Evangelio. La Pontificia Universidad Gregoriana sigue recibiendo alumnos de muchas y muy diferentes procedencias que nos siguen eligiendo para formarse en teología y en otros saberes.
Nosotros no imponemos nuestras tesis con razón o sin ella, antes bien lo que hacemos es intentar razonar cada una de ellas desde el discernimiento que Ignacio nos mandó practicar. Y para eso, tenemos un modelo que no es otro que el de preguntarnos si nuestras acciones responden a lo propio de Jesús, el Cristo y profundizar en los Ejercicios.
Sus comentarios muestran el espíritu combativo de la compañía de un modo creo que exagerado: “..con razón o sin ella”.
Todos los cristianos estamos obligados a combatir en las fronteras, en las fronteras de la los que no tienen o fe, o la han perdido, o tienen otra, presentándoles el Evangelio de forma viva y los jesuitas, se han comprometido a ello de una forma especial y especialmente combativa, pero el cardenal Rodé dice claramente que fronteras, pues si la frontera es poner en duda nuestra propia fe, eso se llama traición en cualquier ejército.
Cuando en el moro que se encuentra San Ignacio, alegando causas naturales pone en duda la Virginidad de María después del parto, la duda de San Ignacio es si lo cose a puñaladas o no. Afortunadamente - para mi la propia Virgen - lo disuaden de semejante acción. Pero el ex capitán del mejor ejército del mundo, crea un ejército para luchar de otra forma en las fronteras de la fe católica, extendiendo el Evangelio.
Muchas veces, la mayoría, no estoy de acuerdo con los comentarios del blogger pero hasta ahora no he intervenido porque no soy amigo de entrar en discusiones acerca de éste u otro obispo.
Como es natural, cuando el comentario afecta directamente a la Compañía, y no a alguno de sus miembros, he querido intervenir. Mis compañeros aquí enjuiciados si quieren, pueden intervenir y Masiá así lo ha hecho, así qeu no me señalo como portavoz de nadie, tampoco de la Compañía, pero si expreso mi sentir como jesuita.
Hemos conseguido superar muchas pruebas, incluida la de las secularizaciones masivas y la de los abandonos de la Compañía y aquí estamos. Seguimos siendo la orden más numerosa y esta Congregación, como todas, mirará al futuro y no al pasado.
Pablo VI, en tiempos de tribulación, también nos animó a continuar con nuestro modo de proceder. Éstas fueron sus palabras entonces:
"Donde quiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles y de primera línea, en los cruces de ideologías, en las trincheras sociales, ha habido o hay confrontaciones entre las exigencias del hombre y el mensaje cristiano, allí han estado y están los jesuitas."
"Con tristeza e inquietud veo también un creciente alejamiento de la Jerarquía". Pero creo que distan bastante de ser una "bronca", y el cardenal se muestra bastante moderado. Y estos reproches los junta a las alabanzas del carisma tradicional de los jesuitas, de la gestión de Kolvenbach y del camino que las últimas congregaciones han tomado. Vamos, que este alejamiento lo presenta como un epifenómeno dentro la compañía que ha de seguir enfrentándose a "los desafíos que la ciencia, la técnica, la globalización, la inculturación, el consumismo, la miseria..." le ponen.
Es impensable que un cardenal de la Iglesia diga cosas distintas a las que dijo pero sinceramente, no veo la bronca por ningún sitio.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Francisco José Fernández de la Cigoña
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