Bien por el obispo de Almería.
13.12.07 @ 10:54:54. Archivado en Obispos, Iglesia española
Hace muy pocos días la diócesis almeriense se vio sacudida por la polémica a causa de unas supuestas decisiones episcopales sobre el Museo de Artes Religiosas y sobre la prohibición a un conocido político del Partido Popular de pronunciar el pregón de una Cofradía.
Don Adolfo González Montes ha hecho algo inusitado entre nuestros obispos. La cosa era pública, la prensa se había hecho eco de ella, pues antes de que se envenenaran los ánimos y de que se pudriera el asunto el obispado hizo público un comunicado que aclara totalmente la conducta del prelado.
La actitud del obispo ante el Museo fue clara y queda clara y la prohibición no existió. Y ello lo conocemos sobre la marcha. La bola de nieve que se agiganta conforme rueda cada vez a más velocidad desde la cumbre se pinchó cuando apenas eran tres copos. No había nada que ocultar. Y no se ocultó.
A mí me gustan poco los políticos protagonizando actos eclesiásticos salvo que sean institucionales. Porque siempre, o en la mayoría de los casos, y en los institucionales también, se utilizan para intereses electorales propios.
Pero me parece normal, e incluso bien, que el señor Belloch, alcalde de Zaragoza presida el Ayuntamiento en la misa del Pilar o el señor Ruiz Gallardón haga el voto de la villa en la misa de la Almudena.
En los que no son institucionales ya soy mucho más exigente. Puedo entender que organizaciones católicas se quieran dar pisto exhibiendo entre sus hermanos o cofrades a figuras de cierta notoriedad, política, social e incluso folklórica y que estos utilicen esa publicidad. Y si aceptan pronunciar un pregón, mejor que mejor.
Pero aquí no va el cargo sino la persona. Y con estas se debe tener más cuidado. Porque es impresentable que quien vive al margen de la Iglesia y muchas veces contra la Iglesia sea Hermano Mayor de una Cofradía o se le encargue el sermón de las Siete Palabras de Valladolid.
La política mancha mucho. Pero los hay más manchados y menos. Me refiero respecto al catolicismo. Que otras cosas no las trato aquí. Quiero decir, y por poner dos ejemplo de dos partidos, que un Acebes o un Barreda no serían incoherentes pronunciando el pregón de la Virgen de Sonsoles o del Cristo de Urda y sí lo serían Álvarez Cascos o Rodríguez Zapatero.
Volviendo al obispo de Almería que ha sido la causa de este artículo. Yo fui muy crítico con él cuando estuvo en Ávila pero reconozco sin el menor problema que aquello le enseñó mucho y que en Almería lo está haciendo francamente bien. Todo el mundo, los obispos también, crea simpatías y antipatías. Y más cuando se tiene autoridad. Y no hay quien no se equivoque en ocasiones. O de quien algunos, con conocimiento o sin él, piensen que se ha equivocado. Que no lo ha hecho bien.
Lo importante es que el balance sea positivo. Si fuéramos a condenar a alguien por un error no se salvaba nadie. Ni el Papa. Por supuesto que se puede señalar. Lo sea o no. Que también se producen críticas de actos que no las merecen. Pero si una golondrina no hace verano una equivocación, salvo que sea gravísima, no desacredita a una persona. E incluso todo el mundo puede rehabilitarse después de una vida anterior equivocada.
Repito que el obispo de Almería lo está haciendo francamente bien en la diócesis. Y la aclaración que acaba de hacer, inmediata, sobre hechos que algunos no habían interpretado correctamente habrá hecho desaparecer polémicas que, sin su intervención, no harían más que crecer y crecer.
Ojalá muchos de sus hermanos en el episcopado imiten su ejemplo. Sería excelente para ellos y para sus diócesis.
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Al leer el artículo me asomé a la página del obispado y me encontré con una reciente carta sobre “La religión y la conciencia moral ante la intervención del Estado en la escuela”; es un documento riguroso e impecable sobre este asunto y la EpC, centrándose en el núcleo del problema.
Después he buscado la noticia sobre el Museo de arte religioso y estoy plenamente de acuerdo sobre su oportunidad y tono equilibrado sin hacer dejación de los derechos del obispado.
Son el tipo de actuaciones que le hacen a uno sentirse orgulloso del nivel intelectual con se expresan y al mismo tiempo en plena comunión con un obispo.
A esto se añade que alientan la esperanza de un posible renacimiento de la Iglesia española.
Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo.
Porque todos los Profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan.
Y si ustedes quieren creerme, él es aquel Elías que debe volver.
¡El que tenga oídos, que oiga!
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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