La despedida del obispo de Segovia.
02.12.07 @ 08:52:02. Archivado en Obispos, Iglesia española
Un amable comentarista estuvo ayer en la despedida de Luis Gutiérrez. Tal como nos lo habíamos imaginado. No fue nadie a decirle adiós. Estaba claro que cuando se buscó como marco para el adiós la capilla del Santísimo es que estaban seguros de que irían cuatro gatos.
Trescientas personas. Supongo que por lo menos habría unos cincuenta sacerdotes. Porque si ya no fueron ni ellos pues para que seguir. Y unas cuantas monjitas. Porque esas van a todo.
Alguno ha dicho que soy cruel. Soy verdadero. Y las verdades muchas veces escuecen. Si el hecho no tuviera más trascendencia cabría ser compasivo y no hacer leña del árbol caído. Pero todas estas cosas tienen muchas enseñanzas. Que conviene conocer. Para bien de la Iglesia. Los obispos pueden irse como Don Marcelo o monseñor Pérez y Fernández Golfín. Rodeados del amor de su pueblo agradecido y emocionado. O como Don Miguel Ángel Araujo o Don Luis Gutiérrez, olvidados de todos.
Y conviene que quienes hoy tienen ese cargo sepan que según sean van a tener un adiós u otro. Porque muchos todavía están a tiempo de imitar a unos u a otros. Y si no se les dice pues hay quienes no se enteran. La despedida del obispo de Segovia fue tristísima. Tan triste como su episcopado. Ojalá no volvamos a ver desafectos semejantes.
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Si D. Julián (que no sé quién es), en las conferencias del culto divino en Roma, hubiera invitado a evitar en los templos formas "sutiles, volátiles, impalpables, irreales o abstractas" hubiera evitado lo de "hetéreas" (sic) que tampoco sé qué son.
Pero no sé qué me da que escuchó usted mal...
Este nombramiento ha hecho daño a la Iglesia de Segovia, pienso que la despedida es lo de menos, por otra parte mucho más de lo que se merecía, bastantes han ido por respetos humanos otros por educacion, de lo contrario allí no va ni el tato.
La Iglesia tendría que tener mecanismos para remover a los obispos que no cumplen con sus obligaciones.
¿Cómo se eligen los obispos?
En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca;
y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado.
De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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