A la madre de un obispo.
28.03.07 @ 22:20:48. Archivado en Obispos, Iglesia española
Sé que le hice sufrir. No era mi intención. No sabía que que el obispo tenía madre y lejos de mí la intención de causarle el menor sufrimiento. Pero supe que lo produje. Por la mirada triste de su hijo que recordaba mucho más su dolor que el propio.
Me va a entender muy bien. Yo también tuve una madre con un hijo sacerdote. Y nadie tiene que decirme lo que es ese hijo para una madre. Para una madre católica. Era casi como para que los demás hijos tuviéramos celos. La mía nos amó muchísimo a todos. Y estoy seguro de que a usted le ocurrió lo mismo con los suyos en el caso de que tuviera más que el sacerdote y hoy obispo. Pero el cura es el cura. Le dio a Dios lo más que podía darle. El hijo de sus entrañas. El amor de sus amores. Y se sintió feliz Porque amaba a Cristo y a su hijo. Y a Él se lo entregaba.
No es comparable. Lo uno es divino y lo otro es humano. Pero, a mí me parece, seguramente equivocado, que hay algo en común. Él dijo, y en Juan a todos nosotros, aquello de ahí tienes a tu hijo. Usted también, con fe y con gozo, le dijo un día a Aquel que murió en la Cruz: Ahí tienes a mi hijo, al que tanto quiero, para ti.
Cierto que después se produce algo que en el primer momento no se piensa. Que el hijo que se da termina siendo el más hijo de uno. Ese que no tiene más amores carnales que el de la madre. Cuando la mía falleció tenía sus manos entre las de su hijo sacerdote. Y daba la impresión de que se fue tranquila a encontrarse con Aquel a quien le dio lo más que le podía dar.
Los demás hermanos sabíamos que las manos de la madre tenían que estar entre aquellas consagradas. Las nuestras, con muchísimo amor, por supuesto, no eran tan limpias, tan suyas, tan de Dios.
Señor Obispo: Yo dije lo que pensaba tenía que decir. Posiblemente equivocado como tantas veces lo hago. Usted me dasarboló. Sabe muy bien que, desde mi absoluto reconocimiento a la sucesión apostólica, digo lo que me parece sobre sus representantes actuales. Pero no quiero hacer sufrir a la madre de un consagrado. A ese amor admirable que ha sido la fuente y el sostén de tantas vocaciones.
Me atrevo a pedirle que deposite en su frente un beso mío de cariño y de petición de perdón. Y dígale también que quien le causó dolor está convencido de que tiene un excelente hijo que, además, es muy buen obispo. Aunque en algún punto podamos discrepar él y yo.
Aunque tampoco tengo claro que discrepemos en nada salvo en lo de aquel penoso incidente.
Señor obispo: Me alegro muchísimo de haberme acercado a usted. Porque creo que nos hemos acercado. La generosidad y el perdón están de su lado. A mí sólo me queda reconocerlo.
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y lo siento, pero ese rollito de las madres con los consagrados y los sacerdotes me pone los pelos de punta...
que yo sepa quien se entrega y responde a una llamada es la persona misma y no su madre o su padre, o.....
y ya leyendo cosas de internet pues...... y si lo normal habrá sido que alguien con muy mala leche le ha ido a contar cosas en plan "pavor en torno" que s edicen sobre su hijo pues eso, que tiene muy mala intención ese/a páhjaro de mal agüero
los obispos son personas adultas y se supone que con madurez.....
repito que este tema tratado tan místicamente......
y además, en el relato de las manos de su madre y sus hermanos faltan las manos de quien antendió, lavó y curó a su madre, que supongo que alguien lo haría, y esas manos que limpiaron y acariciaron a una anciana me faltran en la escena
!Chapeau! por esta nota tuya.
Es lo que yo digo, no te falta ni inteligencia ni caballerosidad cuando quieres.
Un abarzo
Ramón Jota
Creyendo saber a qué artículo se refiere, desde aquí mi reconocimiento; si estoy errado, enhorabuena en todo caso por la belleza del artículo.
Lo que tenemos que intentar todos es ser un poco humildes y objetivos; admitir que nos equivocamos -o que nuestros hijos sacerdotes pueden equivocarse- e intentar aprender de las críticas constructivas. Cualquier persona medianamente inteligente se da cuenta de que las críticas que hace Pacopepe a los obispos son constructivas, aunque a veces emplee un tono un poco duro.
De la madre de Mons. Asenjo Pelegrina.
Con los pantalones bajados...
Vaya ridículo Cigoño... con todo lo que dijiste y has dicho sobre el obispo de Córdoba...
Sólo quiero recordar que la jerarquía de la Iglesia, en cuanto cargo público, tiene que asumir las quejas y llantos de los fieles. Y si las críticas les superan por afectar a sus"madres", pues, sinceramente, que renuncien.
Ahora va a resultar que por no ofender a las madres de estos, las madres, padres, hijos y demás, de los "fieles dejados sin pastor" no puedan exigir el cumplimiento santo del cargo.
Y eso no estoy dispuesto que le ocurra a pacopepe, que es la voz crítica necesaria en estos tiempos de cobardía en los que se calla cuando viene el lobo.
Tantas amenazas externas y sobre todo internas se ciernen sobre la fe de los Apóstoles hoy día que todo eso de la "crítica episcopal" se me antoja una actividad casi frívola, baldía, y como tal peligrosa.
Me encantan su espíritu acerado e indomable, su fidelidad broncínea al Señor verdadero, su pulcra conciencia de brillos criselefantinos, su verbo inquieto de azabache y plata... pero lo suyo los obispos --salvo, claro, en casos graves como la fachenda del crucifijo de Córdoba o las salvajadas pornoblasfemas de Extremadura-- me parecen un entretenimiento clerical y anticuado, impropio de un católico de frontera como por desgracia hemos acabado siendo los creyentes españoles de hoy.
Tantas amenazas externas y sobre todo internas se ciernen sobre la fe de los Apóstoles hoy día que todo eso de la "crítica episcopal" me parece una actividad casi frí...
Esto de que el sentimiento mueva razones ni me parece asumible ni coherente. Si el buen obispo no quería ver sufrir a su madre, que el buen obispo hubiera rechazado el cargo, pero señor mío, el obispo a las duras y maduras, y si calla y "huevea" ¿acaso no podré gritar y chillar la cobardía de algunos aunque le duela a su madre?
Mas me duele a mi por mí y por mis hijos.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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