Lo de Ciuraneta, señor Nuncio, lo exige ya la caridad.
31.01.07 @ 11:46:00. Archivado en Obispos, Iglesia española
Me dicen, señor Nuncio, que es usted persona afable y cariñosa con todo el mundo. Que tiene un gran corazón. Sin embargo ello no se deduce de su conducta con sus hermanos obispos enfermos. A los que exprime mucho más de lo que una mínima caridad exige.
Hizo arrastrar al pobre Noguer su enfermedad por la diócesis de Huelva y lo mismo ocurre con el obispo de Lugo. Pero el caso más sangrante es el de Ciuraneta. Su parkinson está tan avanzado que me dicen ya es incapaz hasta de vestirse solo. ¿Tiene algún sentido prolongar en esas condiciones el ejercicio episcopal? Que ante la absoluta incapacidad física recae en la camarilla que rodea al obispo imposibilitado.
Los dos obispos enfermos en activo, el caso de un auxiliar es muy distinto, por elemental caridad para con ellos y para con sus diócesis, exige la inmediata aceptación de su renuncia. No entro ya en que además sean obispos mediocre el uno y pésimo el otro. En estos momentos no miro ya al bien de la Iglesia aunque no se pueda pastorear una diócesis desde la cama de un hospital. Ni Gómez ni Ciuraneta me caen simpáticos pero aun así creo que al sacrificio de su enfermedad no se le puede añadir la misión ya imposible para ellos de gobernar sus diócesis.
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Espero, pacopepe, que si lo ves conveniente, confirmes con Prudentius lo que aquí comento para dar fe de la verdad de lo que aquí escribo.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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