Otra vergüenza que se repite: el seminario de Asurmendi.
30.01.07 @ 10:17:14. Archivado en Obispos, Iglesia española
Todavía no he visto la lista de los seminaristas del curso 2006-2007. Me limito a comentar la noticia que hoy nos cuelga Religión Digital.
Vitoria ya tiene un seminarista. ¡Vaya éxito! El año pasado estaba en cero. Hasta Ibiza tiene más seminaristas que Vitoria. Asurmendi, que creo es buena persona, como obispo es un desastre. No es que no quiera. Es que ni sabe ni puede.
Sentado el precedente de Vilaplana, el bien de la Iglesia exige que se le traslade a una diócesis sin complicaciones y humildita. Donde seguramente lo haría pasablemente. Yo veo dos posibilidades y tal vez exista alguna más. Ciudad Rodrigo, si se traslada a Don Atilano o Guadix cuando le acepten la renuncia a Don Juan García Santacruz que la presentará ya antes de un año. El 11 de enero de 2008. Tal vez también Coria-Cáceres o Segovia. Aunque estas dos quizá ya le vinieran grandes.
Señor Nuncio, por el bien de la Iglesia en Álava, por el de la española e incluso por el de monseñor Asurmendi se impone el traslado. Un seminarista en Vitoria, diócesis que los contaba a cientos, es una vergüenza. Y un anticipado certificado de defunción. Aquel grupo sacerdotal extraordinario que hizo del vitoriano un seminario modelo no se merece este ocaso. Esta muerte.
Y tampoco este obispo se merece estar continuamente en la picota. Porque la culpa no es suya. Si a un aceptable jugador de la Ponferradina se le pone de delantero centro del Real Madrid el fracaso está asegurado. Y el culpable no es un jugador mediocre, apto para partidos de segunda división, sino quien le puso donde no debía estar. Y donde no puede hacerlo bien.
El jefe del nuncio sabe mucho de fútbol. Pues así como el Real Madrid se deshace de un Ronaldo o u Beckam, la Iglesia española FC no puede seguir jugando con Asurmendi como delantero en primera división. Hay que alinearlo en segunda o en segunda B. Y seguro que en esas lo hará aceptablemente. No va a ser un crack pero luchará por la pelota y alguna vez marcará un gol.
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Espero, pacopepe, que si lo ves conveniente, confirmes con Prudentius lo que aquí comento para dar fe de la verdad de lo que aquí escribo.
Quizás Paco Pepe pueda agrupar algunos de sus mensajes para que haya más espacio para otros.
Nosotros tenermos un problema interno grave. Nuestra casa, nuestro edificio se derrumba. No haríamos mal en cuidar de nuestra casa y en comenzar a ejercer el diaólogo en casa, con las sensibilidades religiosas diferente a las ordinarias en la diócesis, pero existentes, legítimas y que por cierto dan más vocaciones que todas nuestras parroquias juntas.
Lo de aquí en mi opinión casi no tiene solución. Falla lo más importante para la reforma: HUMILDAD. No somos HUMILDES ni en medio del caos.´
Para la reforma eclesial es necesario reconocer humildemente nuestros errores, nuestras equivocaciones. Que ha sido muchísimas.
Lo de aquí en mi opinión casi no tiene solución. Falla lo más importante para la reforma: HUMILDAD. No somos HUMILDES ni en medio del caos.
Y mi pregunta se dirige a los obispos vascos:
¿Qué ofrecen de seriedad a los chavales a todos los niveles, espiritual, intelectual y formativo?
Ni con esto hay humildad en el Presbiterio para preguntarse que se ha hecho mal. Porque algo se ha hecho francamente mal. Muy mal.
La culpa es siempre de los que no cambian el modelo sacerdotal, de Rouco, de Roma... Siempre lanzamos fuera los balones
700.000 habitantes por seminarista
Comparemos con la comunidad autónoma limítrofe, Navarra: 16 seminaristas
37500 habitantes por seminarista.
Casi 20 veces mejor que en la comunidad autónoma vasca.
A ver si os formáis de una vez o dejáis en paz a la Iglesia, que no es la que queréis sino la que quiere el Espíritu Santo, y eso de no poder "mangonear" al Espíritu Santo os fastidia ¿verdad?
Porque ya me dirá usted qué futuro le espera a una diócesis si se queda sin candidatos al sacerdocio.
Yo pienso que el cambio de obispo no es necesariamente la solución mágica al problema, pero lo que seguro que no es solución alguna es dejar las cosas como están.
Segunda: la tradición eclesial más pura considera excepcional cambiar de sede a un obispo, si no media una razón de peso, como por ejemplo, una elección papal. El obispo se compromete, se 'casa' dirían algunos santos pastores, con su diócesis, es decir, con el pueblo, su Iglesia que es su comunidad. Proponer alegremente (¿frívolamente?) cambios y destinos en el tablero de ajedrez de las diócesis españolas no deja de ser algo impropio. Si tanto amor tenemos a la Igle...
Gabi: la primera que frecuenta este "patio de cotillas" eres tú. Si no te gusta, ya sabes.
Cordialmente.
Te sugiero que en vez de centrarte casi exclusivamente en los obispos, que con cierta frecuencia son tan pobres inocentes y buenas personas como sus escasos seminaristas, te ocupes del contexto sicosocial de las diferentes diócesis españolas, tanto en sincronía como en diacronía. Estoy seguro de que tu diestro pincel, que pasaría de la pequeñez del retrato a la grandiosidad de la panorámica, demostraría mucho mejor su maestría en los altos vuelos, los prop...
Te sugiero que en vez de centrarte casi exclusivamente en los obispos, que con cierta frecuencia son tan pobres inocentes y buenas personas como sus escasos seminaristas, te ocupes del contexto sicosocial de las diferentes diócesis españolas, tanto en sincronía como en diacronía. Estoy seguro de que tu diestro pincel, que pasaría de la pequeñez del retrato a la grandiosidad de la panorámica, demostraría mucho mejor su maestría en los altos vuelos, los prop...
La solución vocacional de estos sitios ya todos las sabemos,menos ideologías baratas del tres al cuarto en la pastoral y mas solicitud y centralidad en lo que la Iglesia enseña en su tradición teológica y espiritual.La iglesia de Vitoria y algunas del territorio español no se pueden confiscar bajo estas corrientes pr...
Así que a menos que Monseñor Asurmendi sea responsable de esa enfermedad, cosa que dudo, su responsabilidad es limitada. Ahí hay que echar un vistazo atrás para ver quién fue el que envenenó al enfermo.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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