Un arzobispo modosito.
30.12.06 @ 21:37:11. Archivado en Obispos, Iglesia española
Don Julián Barrio es uno de los arzobispos más desconocidos de España. Aun teniendo en cuenta lo desconocidos que son nuestros metropolitanos.
Es un extraño fenómeno que parece indicar que el Vaticano no acierta al nombrar titulares de archidiócesis. Porque no es normal que el catolicismo español tenga el más absoluto desconocimiento sobre las personas que la Iglesia coloca en la más alta jerarquía episcopal.
Tenemos dos arzobispos que conoce todo el mundo. Los cardenales Rouco y Cañizares, arzobispos de Madrid y Toledo. Después, vienen con notable nivel de conocimiento, el cardenal de Sevilla, Don Carlos Amigo, el arzobispo de Pamplona, Don Fernando Sebastián, y el de Barcelona, casi diría que un tal Martínez, para los amigos, Sistach.
Luego ya nos perdemos. Los curas saben algo de ellos pero no mucho. Y los seglares prácticamente nada. Y estoy hablando, respecto a estos últimos, a niveles del 99% o incluso más. Salvo en sus respectivas archidiócesis en las que el nivel de desconocimiento baja algo. No muchísimo.
Aún quedan dos o tres que suenan poquito pero algo. Monseñor Ureña, arzobispo de Zaragoza, del que me sorprende su actual apagamiento pues era una fuerza de la naturaleza, Don Carlos Osoro, arzobispo de Oviedo, también muy opacado últimamente, Don Agustín García-Gasco, arzobispo de Valencia, ya en sus momentos terminales pues hace casi ya un año que presentó la renuncia, y Don Javier Martínez, arzobispo de Granada, por motivos judiciales que seguro preferiría no le tuvieran en el candelero.
Después viene la nada. La sorprendente nada. Nadie sabe que Braulio Rodríguez es arzobispo de Valladolid, que Pujol lo es de Tarragona, que Don Santiago García Aracil lo es de Mérida-Badajoz, que Don Francisco Gil Hellín lo es de Burgos, que Julián Barrio lo es de Santiago o que Don Francisco Pérez, persona buena y simpática donde las haya, es el arzobispo castrense.
A mí me sorprende tanto oscurecimiento. No es normal que no se hagan notar por nada. Don Julián tiene dos ocasiones señaladas, en julio y en diciembre, con motivo de acontecimientos jacobeos, para hacerse notar. Y suele estar muy bien. Acaba de estarlo hoy mismo. Pero luego desaparece como el Guadiana. Y ya hay que esperar al próximo 25 dejulio.
Los soldados no pueden seguir a un capitán a quien no ven nunca, los trabajadores de una empresa a un director que se limita a felicitarles las Pascuas y con firma de estampilla, los futbolistas a un entrenador que no se sienta en el banquillo y vibra o sufre con ellos.
Yo creo que Don Julián es una buena persona, que la archidiócesis compostelana le quiere, pero mucho más por creencia que por presencia. No hiere a nadie, cierto, pero ¿está? Tampoco hiere a nadie mi amigo Manolo. Pero él no es el arzobispo.
Los obispos son los pastores del Pueblo de Dios. Y al pastor tienen que verle las ovejas. Si se agachan tanto que ninguna les ve pues unas entran en un sembrado, otras se pierden y a no pocas las devora el lobo.
Quiero aprovechar una buena intervención de Don Julián para animarle a más presencia, a más voz, a más ser el arzobispo compostelano. Y, con él, a tanto arzobispo y obispo de España, tan apagados, tan inexistentes.
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Francisco José Fernández de la Cigoña
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