Entiendo perfectamente que haya gente que no piense como yo. Y que incluso crea que pienso estupideces. O que no pienso.
Sé que hay ateos, homosexuales, nacionalistas vascos o catalanes, forofos del Betis, miembros del Opus Dei, cofrades de Jesús del Gran Poder o entusiastas del golf. Pues allá cada uno con sus opciones. Unas las puedo entender, otras poco y algunas nada. Pero jamás se me ha ocurrido acudir a sus Blogs para insultarles por sus opciones. Ni siquiera a debatir sobre sus opciones. Cada uno es lo que quiere. O lo que puede. Y allá cada cual.
Esto, que es lo mínimo que se puede pedir en una convivencia democrática, no se produce en este Blog. Hay gente que no admite que otros puedan pensar de modo distinto a como piensan ellos. Y, además, te insultan si lo haces. Bien sé que ello no es específico de este Blog. Ni siquiera es de los más agredidos. Algún compañero en el espacio digital, que en nada más, es objeto de otros que superan en mucho en agresividad a los que yo recibo. Al autor de los comentarios y entre los comentaristas.
Claro que en estos Blogs cabe la discrepancia. Que los anima, hace pensar sobre los argumentos de cada uno, y hace que nos enriquezcamos todos con diversos puntos de vista. Es una suerte que venga alguien a exponer discrepancias. Siempre que tengan un mínimo de inteligencia y de educación. Lo otro, no sirve para nada.
Quienes comparecen por aquí, con un buen sentido que agradezco muchísimo, no se enzarzan en discusiones con los trolls. Que terminan abuerriéndose y desapareciendo.
Hay, sin embargo, una cuestión más complicada. Que es la de la división en la Iglesia. Sería absurdo negarla. Yo creo que en la Iglesia caben diversas sensibilidades. Cuando yo critico a un obispo entiendo perfectamente que, a otros, ese obispo les perezca maravilloso. Pues, bueno. Tú de Tarancón y yo de Don Marcelo. Sin insultarnos. Aunque uno piense que aquel fue bueno o malo para la Iglesia.
Luego están aquellos que se dicen católicos y piensan que la Iglesia es una vergüenza, está equivocada en todo, ha traicionado a Jesucristo y que sólo se salvará cuando se acepten sus ideas. Que, además, dicen que son las de Cristo.
Que Cristo no resucitó, pues eso fue una creación de la Iglesia primitiva ya que no resucita nadie. Que no es el Hijo de Dios. Que la Virgen no fue virgen pues así no se engendra a nadie. Que lo único que tuvo de bueno fue su testimonio por los pobres. Que lo del Papa es un invento de la Iglesia. Que el ejercicio de la homosexualidad es un fruto del amor y, por tanto, bendecido por Jesús. Que el matrimonio o es indisoluble. Que las mujeres deben ser sacerdotes. Que el pecado no existe, salvo en los miserables capitalistas. Que el no matar, o el no robar, sólo es aplicable al ejército, a la policía o a los capitalistas. Pues los guerrilleros, los pobres, o los que se dicen sus representantes, tienen bula para ello. Y si no existe el pecado, tampoco el Infierno. Aunque en eso tienen alguna duda ya que en él deben estar Franco, Videla y Pinochet. Y seguramente tendrá lugar en él Aznar. Que los obispos son un hatajo de miserables salvo cuatro o cinco que se salvan. Y mejor si están amancebados o si se les ha pillado de maricones. Pecado, éste último, sólo disculpable si lo comete uno de los suyos. En los otros es imperdonable.
Pues yo, ante todo esto, me rebelo, me pronuncio y protesto. Y digo que no son Iglesia católica. Aunque me insulten. Hay insultos que son medallas.
Viernes, 17 de febrero
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