Una nación, un país, un Estado no se define ni por su bandera, ni por su himno, y mucho menos por su Gobierno o sus actuaciones. Tampoco se establece lo que es ser de un país, ni por el gol de Torres ni por los metales que en Pekín lucen de los cuellos. El concepto de pertenencia a un país tampoco se declara en un documento plastificado ni en una aduana. Es un hecho mucho más profundo que se aleja de lo exclamado y sobre todo, de lo público.
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En plena concordia universal por la celebración de los Juegos Olímpicos más polémicos desde la vergüenza hitleriana, asistimos a una guerra televisada a tan sólo unos kilómetros de la frontera de la Unión Europea. Nadie entiende porque un país como Georgia está en guerra contra un gigante como Rusia. Y lo peor es que nadie entiende que un ejército pueda soltar sus tanques, lanzar sus bombas y arrasar un territorio sobre el que no tiene ningún derecho. Nadie lo entiende cuando lo hace EEUU y nadie lo entiende ahora. Nadie que tenga corazón. Mientras tanto, la muerte y la destrucción siguen ahí con la suma diaria de cadáveres.
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La definición que el enviado especial de Onda Cero a la moción de confianza de Prodi en el Senado, a la tarde vivida ayer en la política italiana, es aclaratoria. A nosotros nos llama la atención el hecho de que algunas de sus señorías insulten de forma despiadada a compañeros de bancada, rivales o al ujier que pasaba por allí. Al menos, es una equiparación vergonzosa con parlamentos de países del tercer mundo, que los trajes de Armani, y las gafas de solo de estilo italiano no se merecen. Ni siquiera una ciudad tan radiante como Roma puede aceptar que tal panda de energumenos legisle un país.
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Somos españoles, europeos, disfrutamos demostrándole al mundo lo tolerantes que somos y lo universalmente social que es nuestro Estado. Esto último sin duda es lo que más puede enorgullecernos a los que pagamos impuestos mes a mes. Aquí todo el mundo tiene derecho a todo, y a pesar del ruido que hacen unos y otros, a nadie se le escapa que aquí, se vive de lujo.
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La UE pretende convertirse, poco a poco, y pasito a pasito, en un referente, primero económico y luego político a lo largo y ancho del planeta. El día en el que se planteó lo que es hoy día, los estados miembros decidieron entregar a un ente supracional varias de sus competencias. Entre ellas, la de la vigilancia por el Medio Ambiente.
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A pesar de todo el pesimismo del mundo, y de largas horas de negociaciones, parece que hay un acuerdo de mínimos para que la construcción de Europa no se vaya al garete. Los motivos, los mismos que siempre han hecho de la Unión Europea una mezcla de estados realmente débil en busca de su identidad. Este aspecto, el de la nación europea, ya ha sido finiquitado. Habrá que olvidarse de el himno, la bandera y demás matices culturales que podrían llegar a unir a gente tan dispar como un andaluz o un estonio.
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Los primeros sondeos de la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas reflejan dos tendencias claras que los ciudadanos del siglo XXI han establecido a la hora de acudir a las urnas. Una, que se mueven por impulsos mediáticos, que si el "efecto Sarkozy" o el "efecto Ségolène". Eso es lo que movilizó al electorado y por lo que se consiguió un índice record de participación en los comicios presidenciales. Tan sólo cinco semanas después, el frenesí democrático parece haber desaparecido con los novillos del 24 por ciento de los electores que colocaron a Sarko en el Eliseo. Se han olvidado las ganas de participar, una vez está el líder al mando.
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Aquel que insinuó que las intenciones de Sarkozy eran las mismas que la estirpe de los Bonaparte, no se equivocaba. Nada más llegar al palacio del Eliseo, se ha puesto manos a la obra y está dispuesto a sacar a la Unión Europea de la situación de parálisis que vive actualmente y que ni Angela Merkel, ni Romano Prodi y ni siquiera Rodríguez Zapatero, han conseguido en los últimos meses.
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Leo en Elmundo.es El gobierno turco desaprueba el comunicado del ejército.
No hay mayor expresión democráctica que unas elecciones, más aún si son presidenciales. Los pueblos tienen dos posibilidades, o votan poco, como en Francia 2002, o votan mucho, como en Francia 2007. La clave de la participación sin duda es la ilusión, la confianza en la clase política y las ganas de cambiar las cosas. Nada de eso ocurrió ni en el primer caso francés, ni en las últimas elecciones catalanas, por citar ejemplos. Y siempre se escucha la misma reflexión de los políticos. "Tenemos que pensar".
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Leo en El Pais: Le Pen recomienda a las mujeres la masturbación para evitar embarazos no deseados.
Por lo menos queda claro una cosa, por si no estaba ya del todo clara. Este hombre es la antitesis de nuestra sociedad. Un hombre anclado en una paranoia mental que afortunadamente la gran mayoría de los europeos han desterrado de sus debates políticos. Y esto pasa en Francia, la patria de la democracia y de los droits de l'homme et du citoyen. Un país como el francés, en el que la inmigración tiene tal peso en la sociedad debe ser capaz de avanzar.
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Uno de los mayores avatares a los que se enfrenta la construcción de la nación europea es el límite de sus fronteras. Empeñados en la búsqueda de aglutinar todo el continente, se trata de ampliar horizontes hasta tal punto que se pueda competir en todos los aspectos con la hegemonía norteamericana, tanto en desarrollo económico y comercial, como en peso internacional.
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O Sarko contra Sego, según se mire. Por primera vez en muchos años, el Palacio del Elíseo tendrá otro inquilino que no sea Jacques Chirac. Por muy lejano que pueda parecer a algunos, esta elección se antoja imprescindible de cara a configurar la Europa del siglo XXI, por lo menos en estos primeros años. Bien es cierto que la figura del presidente de la República es un cargo libre de numerosas decisiones políticas, pero no deja de ser esencial de cara al establecimiento de la Unión Europea. Queremos una Europa fuerte, y queremos que sea una, por la cuenta que nos trae. Francia es uno de los tres motores principales de Europa y su postura en muchos aspectos resultará determinante para la consolidación de la Unión.
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