Capitalismo feroz
18.10.08 @ 17:47:24. Archivado en Conflictos del Mundo
Mucho se habla estos días de la refundación del sistema económico mundial. Una vez parece que en los noventa la lucha entre capitalistas y comunistas quedó clara, hoy el bando ganador reflexiona acerca de sus entrañas. Estos dos últimos años en los que todo ha cambiado son las consecuencias de todo el mal que se ha hecho. La lógica del capitalismo es aplastante. Libertad para los que tienen dinero, que lo generen para que sus propios empleados puedan gastarse en los productos que ellos mismos venden a los empleados de otras empresas. No fue quien lo inventó, pero Henri Ford fue probablemente la persona que mejor entendió este concepto.
El problema viene cuando todos queremos más y ante la subida de precios, compramos y pedimos más sin leer la letra pequeña. Esta nebulosa de dinero ficticio que ha flotado en todos los mercados se ha pinchado y dicen los expertos que hemos estado cerca de liarla de verdad. Unos quisieron que sus pagas de beneficios fuesen mayores y por este motivo, otros muchos han perdido el legado económico de toda una vida; eso a lo que hoy llamamos ahorros y que en los Estados Unidos llaman pensión.
En el hogar del capitalismo extremo, donde un médico te cobra 100 dólares por recetarte una aspirina, o donde los camareros tienen que ganarse la propina con una sonrisa para poder comer, este asunto de la crisis ha llegado lejos. Testimonios arrojan una realidad, que muchos que invirtieron sus ahorros en un plan de pensiones para la jubilación, ahora han perdido ese hábito de esperanza que les iba a permitir comprarse una casita en Florida para incharse a zumo de naranja y jugar al golf. Esta gente tiembla, porque sabe que a los 65 va a tener que seguir trabajando porque su país, el que se gasta en armas lo que no cabe en la pantalla de una calculadora barata. Pagan a diario cada centavo de sudor para el seguro sanitario porque las prestaciones sociales prácticamente no existen.
Ha quedado más o menos demostrado que el capitalismo feroz de Wall Street es pan para hoy pero hambre para mañana. Obama ha prometido cambiar esta situación, aunque es poco probable que en unos años pueda imponerse a las grandes corporaciones que allí todo lo deciden. Un sistema capitalista, de libre mercado pero con una presencia importante del Estado es necesario. Lo es porque el Estado tiene que surtir de esperanza y de posibilidades a los ciudadanos de forma universal y no selectiva. Ahí es donde radica la esencia del gasto social y donde la palabra garantía debe dejar de ser una promesa electoral para formar parte del concepto como tal. El esfuerzo, el mérito y el trabajo tienen un objetivo, la propia existencia con sueños de mejora. Alargar este concepto a los que no han tenido tanta suerte es lo que va a garantizar que la sociedad pueda levantarse día a día, sin tenerle tanto miedo a los desvaríos de las grandes billeteras del planeta.
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