Telma y la banda de mamporreros
12.05.08 @ 19:47:26. Archivado en Medios de Comunicación
¿Somos nosotros dueños de nuestra vida? ¿Es posible que pasear por la calle nos convierta en seres públicos? Desde una perspectiva metafísica todos somos personajes públicos. Personajes, no personas, porque cada uno ejecutamos el rol que la vida nos ha dado en un guión que poco a poco vamos descubriendo.
El mandamás de la serie Perdidos les da a los actores el guión por secuencias y por desordenado orden de rodaje. El señor JJ Abrams, dice que el motivo es causar el mismo impacto en los personajes que en los espectadores, que ellos no sepan ni porque hacen esto, ni que les va a pasar diez minutos después. Mi humilde opinión cree que sí, que lo logra. Parece entonces que la vida es un guión que, por una razón u otra, alguien nos reparte con cuentagotas para que cada día nos sorprenda. Entonces somos personajes, y como estamos en la calle, además somos públicos.
Y según alguno que otro, esto crea perseguidos, aunque no quieran serlo, aunque no haya hecho nada para hacerlo. El caso de Telma Ortiz puede sentar un precedente importante para todas las partes. Si logra imponer que nadie le haga fotos en su vida privada, esto puede suponer una cascada de demandas judiciales. A Bermejo las 270.000 sentencias por ejecutar le van a parecer un chiste. No quiero ni imaginarme a Karmeles, Patiños, Mariñas y demás presunta calaña instalando un plató en Plaza de Castilla, más que por necesidad, por obligación.
Cuando los defensores de la práctica del presunto delito de invasión continua, abrasante y desconsiderada de la vida privada de alguien hablan del artículo 20 -o incluso del 14- de la Constitución uno se plantea muchas cosas. ¿Cuál es el límite de la libertad de expresión? ¿Hasta dónde puedo llegar con mi micrófono? La respuesta es el autocontrol, la autoresponsabilidad y la autodignidad. Pero para poder realizar planteamientos de este tipo hay que tener todo eso de forma propia, hay que ser decente y tener las narices de perseguir, arrinconar y molestar por un total de mierda, por unos minutos de basura propia del mejor Tony Soprano.
Yo por lo menos creo en unos límites que están situados en la base del periodismo. La profesión consiste, hasta el momento, en contar cosas que pasan, no en crearlas de la nada. Si la merienda de Telma Ortiz es noticia, tenemos un problema. Tenemos una cascada de conceptos erróneos que se basan en nuestro derecho a saberlo todo, en nuestro concepto marujil añejo a la españolidad y además, y esto es el último grito, a verlo en directo y en casita. Ya no nos contentamos con mirar desde la calle a nuestros vecinos. La globalidad empuja la vecindad a cualquier parte del mundo.
Eso no es periodismo, no es libertad, y por tanto, si esta presunta banda mamporrera exige respeto, yo le pido lo propio para sus víctimas. Telma Ortiz es una de ellas y yo, le doy la razón. Si por las buenas no te dejan en paz, tendrá que ser por las mejores, las leyes y la justicia. Eso sí, como el juez no le dé la razón, que se prepare ella y el resto de los mortales, porque el banquete de mendigos no habrá hecho más que comenzar. Y aquí no van a dejar ni los huesos.
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