El eterno optimista y el heredero en la cuerda floja
07.03.08 @ 11:33:52. Archivado en Política nacional
En esta segunda parte de "lo que opino de los candidatos", los protagonistas son los grandes favoritos y únicos que lograrán el apoyo de los ciudadanos para ser presidentes del Gobierno: Mariano Rajoy, del PP; y José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE.
El heredero en la cuerda floja
Por mucho que Aznar sea el líder natural de España para muchos, a Mariano Rajoy la elección a dedo, que le situó en la carrera de la Moncloa, le pesará toda su vida. Antes de presidir el PP tenía fama de negociador, de ser el hombre más abierto del partido a la hora de llegar a acuerdos con todos, nacionalistas, socialistas y demás espectro político.
Ahora, la izquierda le ve como un hombre de convicciones "peligrosas" y en su propio partido le observan con cierta indiferencia. El último en demostrarlo fue Aznar, en un mitin: "Aunque no os entusiasméis con Mariano, id a votarle". La frase, hecha en plena campaña electoral, más que un favor, es una putada. El jefazo espiritual está reconociendo que el candidato es capaz de "no encandilar" ni a sus forofos.
Rajoy ha tenido problemas internos desde el primer día de oposición. La línea encarnizada por Zaplana, Acebes y Del Burgo al respecto del 11-M le restó credibilidad (aunque inteligentemente él nunca puso la cara en aquella cruzada) y la batalla entre los líderes madrileños le han mermado mucho las fuerzas. ¿Cómo se debe sentir una persona que trata de ofrecerse como alternativa de gobierno cuando en tu propia casa no te hacen ni caso y mueven figuras de cara a la sucesión? Si alguien le ha hecho flacos favores a Mariano, esos han sido sus propios compañeros.
Rajoy trata a la vez de contentar al ala dura del partido, apoyada en el conservadurismo histórico de España, y a los que buscan centrar el partido potenciando la línea económico-liberal en su ideología. En ese sentido, Rajoy ha logrado mantener su liderazgo como funámbula a pesar de los bochornosos espectáculos protagonizados por Aguirre y Gallardón.
En el plano personal, parece un hombre campechano, de verbo fácil y al que no te extrañaría ver paseando un domingo por la mañana por el Retiro. Sin embargo, ese carácter que había mostrado como ministro, ha desaparecido como líder del PP. En el contexto de los duros debates parlamentarios vividos esta legislatura, escuché un día una frase en un bar que representa fielmente su frágil vara de mando: "Rajoy no es tan agresivo, los de su partido le obligan a hacerlo porque de lo contrario sabe que le ponen de patitas en la calle". Sigo pensando que los bares españoles son el mejor lugar para conocer a la sociedad.
Tenía Rajoy dos opciones, o parecerse al Aznar de la primera legislatura o al de la segunda. Ni una cosa ni otra, y por eso su perfil está desdibujado. Se ha pasado a la hora de desgastar al Gobierno con ETA, ha cometido el garrafal error de renunciar a tener presencia en Cataluña oponiéndose frontalmente al Estatut y no ha sabido distanciarse de la sombra de Aznar, y por todo ello, paga ahora.
Si gana Mariano, nadie del PP dirá una mala palabra, en esto sí que son muy disciplinados y rara vez se verá un Bono, un Maragall de esos que dice lo que piensa sin pensar en sus efectos en el seno de un PP en el Gobierno. Si pierde debería dejarlo, porque dos derrotas son muchas en la era de la información. Perder dos veces es ponerte en la frente la palabra 'Perdedor'. En ese caso habrá tortas, porque nadie tiene autoridad moral para designar un sucesor -salvo Aznar, claro está- y un proceso de primarias tendría dos oponentes obvios: Aguirre y Gallardón. Un tercero podría beneficiarse de esta pelea, donde correría algo más que la sangre, ya que ambos representan las dos corrientes del partido. La más dura, la de Aguirre, y la más "accesible", por parte del alcalde madrileño. ¿Quién podría aunar ambas facciones de cara a liderar el partido con el carisma suficiente para enfrentarse a ZP? Muchos hablan de Soraya Sáenz de Santamaría, Francisco Camps, Manuel Pizarro, Juan Costa, pero son todos, por ahora, nombres de segunda fila incapaces de movilizar un electorado a nivel nacional. Tendrían más opciones personas como Eduardo Zaplana o Ángel Acebes, a los que se relaciona con Aznar. Por tanto, todo parece quedar en Madrid, entre Aguirre y Gallardón, y en esta guerra, la 'lideresa' cuenta las batallas por victorias... de momento.
El eterno optimista
Los que han usado la maldad para describir al candidato socialista siempre han señalado a su chiripa como fuente de inspiración. Era un total desconocido cuando fue elegido secretario general del PSOE después de la lamentable época de Joaquín Almunia y su bicefalía compartida con Borrell. Cuando salió elegido, las cosas no pintaban nada bien. Y lo cierto es, que ahora, nadie es capaz de dudar de su liderazgo dentro del partido, por lo que es un candidato sólido al que hay que reconocer el mérito de unificar el avispero dejado por el hoy comisario europeo.
Aquel desconocido se convirtió en ZP y luego en Z, y recibe tantos halagos como insultos. Es tan querido por sus seguidores como odiado por sus detractores; no deja indiferente a nadie, y eso en política, es un concepto fundamental a la hora de plantear un liderazgo, porque nunca dejan de hablar de uno. Es un hombre que presenta una cara simpática antes que nada, intenta parecer un coleguilla con el que poder salir a tomar unas cañas por el barrio, y ese es uno de sus méritos. Se empeña en parecer una persona normal, insiste en que el poder "no le ha cambiado" y hasta incluso ha reconocido algunos de sus errores. Es el hombre del PSOE que más ha arriesgado-también porque las circunstancias se lo han permitido- y gracias a ello y a la inestimable ayuda de Llamazares, ha logrado absorver el voto más izquierdista y arriconar a IU. ZP ha logrado el iluso cometido de unificar el voto de izquierda.
Ha cometido graves errores, no ha sabido canalizar la información de la negociación con ETA, se pasó de frenada en la opa a Endesa y presentó un Ministerio de la Vivienda como la panacea a un problema crónico y que en una economía de libre mercado unida a ese afán tan español de poseer todo en propiedad. También ha hecho buenas cosas que seguro que sus electores sabrán valorar con su confianza renovada.
Ahora propone seguir con este modelo con cuatro años más en la Moncloa. Si vence, espero que aprenda de las pifias que ha cometido en esta legislatura, imagino que por inexperiencia gestora que también es cierto que le ha dotado de un punto ilusionante por la novedad, y afronte problemas históricos de España (sueldos bajos, vivienda, servicios públicos, igualdad) que, aunque no dependan directamente de la acción de un Gobierno, sí que ciertas políticas pueden mejorar la situación que viven actualmente.
Yo le recomendaría abandonar el abuso de las cifras macroeconómicas, por mucho que sea ésta prueba generalizada de la marcha de un país, e incidir en la economía de raso aunque sin intervención (que es donde han gastado más energías en esta legislatura). Si pierde, Bono -que ésta vez sí que es diputado- está con la caña preparada, aunque el sector más progresista del partido ve en Carme Chacón a su futura líder frente al ex presidente manchego, aunque es joven, por lo que Fernández de la Vega goza de buena posición para erigirse en sucesora.
Nada más que añadir, Alea jacta est
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