Fracasos electorales
30.05.07 @ 12:44:15. Archivado en Terreta Valenciana, Política nacional, Madrid
En las últimas elecciones se ha constatado una cosa y es que la gente pierde la paciencia con los políticos. Ahí está el dato de participación que a cada vez que se convoca los ciudadanos a las urnas, va a peor. Se supone que una vez recibido el voto de los ciudadanos, los gestores públicos reciben ese respaldo y efectúan sus políticas de la manera que creen más conveniente. Pero no sólo reciben el apoyo los gobernantes, sino también los opositores. Las elecciones municipales y autonómicas de este domingo han mostrado varios fracasos electorales, desde ambos lados de la balanza.
Los más sonados para los socialsitas han sido los de Madrid y la Comunitat Valenciana donde se han hundido de una manera que ni siquiera el propio Partido Popular se esperaba. Lo de Miguel Sebastián se anticipó el día de su nombramiento a dedo a manos del presidente Zapatero. Entonces muchos analistas cargados de ácida mala leche le cambiaron el apellido por aquello de "Miguel Seva a hostiar". Y así ha sido. El ex director de la Oficina Económica de la Moncloa ha arrastrado en su fracaso al opositor en la Asamblea de Madrid, Rafael Simancas. Pese a tener actitud y mucha lucha, el rival de Aguirre se ha mostrado incapaz de contestar a la presidenta madrileña. Han sido incapaces de aprovechar sufrimientos tan enormes como los provocados por la M-30 en Madrid, algo que los que no hayan vivido de manera directa, no se pueden hacer una idea de lo que ha significado en una merma considerable de la calidad de vida de muchos ciudadanos. De Simancas se puede criticar su falta de carisma, su escaso poder de convicción, pero su dimisión demuestra que es honesto y que tiene los ojos bien abiertos ante la realidad.
No ocurre lo mismo en Valencia, donde el líder de los socialistas Ignasi Pla ha dicho que se queda pese a volver a fracasar. No sólo ha vuelto a perder sino que también ha empeorado los resultados de 2003. Pese a los casos Fabra, Alperi, Terra Mítica, Porxinos, Cullera o una decena más, Camps se ha erigido como un barón intocable del nuevo PP, lo que es sinónimo también de los escasos telediarios que le quedan a Eduardo Zaplana como primer espada del partido.
El caso de Fabra es especialmente espectacular. Ha dicho que los votantes le han absuelto con sobresaliente y encima ha amenazado a los periodistas que sigan informando de las causas que tiene abiertas desde el año 2003. Todo un gesto que recuerda al mismísimo Hugo Chave, que esta semana se ha añadido a la larga lista de depredadores de la libertad de expresión.
Ni aún así, Pla ha sido capaz de arañar un sólo voto, que además de contar con el apoyo de los medios más afines al PSOE en la lucha por animar al voto contra los casos de corrupción. Eso sí, no dimite y seguirá como líder del partido hasta 2008. Dicen que el que reconoce su derrota, cosecha una gran victoria. La que se impone sobre el ego personal por el bien de los demás. Igual es lo que tenía que hacer si no quiere que el PSPV sea uno de los motivos para que Rajoy entre victorioso en los jardines de la Moncloa.
Perder unas elecciones no es ningún drama, pero cuando en ocho años uno no ha sido capaz de recibir la confianza, hay que saber salir con la cabeza bien alta y asumir que a lo mejor, es posible, que uno no sea el más indicado para ser un gobernante. Es hora de marcharse.
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