Era difícil para cualquier observador pensar que Hillary Clinton se iba a rendir y por supuesto, no lo ha hecho. Está decidida, o eso dice, a aguantar las seis primarias que quedan en el camino. Eso a pesar de que la diferencia que le separa de Barack Obama en delegados, votos y dinero es absolutamente insuperable si no hay un milagro de por medio. Lo dicen los suyos, lo dicen los otros, lo dicen los superdelegados que vuelan a la sombra de Obama y los medios de comunicación que ya empiezan a hablar de "el presunto nominado". Pero Hillary, como hizo Mike Huckabee en su día, quiere agotar las posibilidades.
Está en su derecho de resistir mientras las matemáticas sigan de su lado. Lo que es más cuestionable es su modo de hacerlo. Si su única baza es tratar de agitar la convención, intentar que los Superdelegados vayan contra el voto popular y hundir de forma efectiva cualquier posibilidad de su partido de recuperar la Casa Blanca, entonces merece reproche. Yo creo que no irá tan lejos, pero hoy la pregunta que muchos se hacen es: ¿qué quiere Hillary a cambio de una retirada honrosa y un apoyo inequívoco?
Es probable que no quiera la vicepresidencia, ni Obama dársela. Es demasiado popular para permanecer a la sombra y no tiene las características que el senador de Illinois necesita para darle batalla a John McCain. Eso no quita que Hillary quiera tener algo que decir en la elección del compañero de Obama, probablemente preferirá un anciano que no pueda presentarse dentro de ocho años si es que Obama logra ganar dos veces. Además necesita con toda seguridad dinero. Los Clinton se han gastado 11 millones de su dinero en esta campaña, están hasta el cuello, y la cuenta de Obama podría echarles una mano legalmente para solucionar este problema.
Todas esas cosas están probablemente siendo discutidas en alguna habitación cerrada, pero de cara al público el argumento de Hillary sigue siendo que ella tiene más opciones de derrotar a John McCain en la general y que por tanto, los Superdelegados deben darle la nominación. En sus palabras:
"Tengo una base mucho más amplia para construir una coalición ganadora... El apoyo del Senador Obama entre los trabajadores, los americanos que trabajan duro, los americanos blancos, está debilitándose de nuevo"
Por cierto que en una declaración pública, esa mención a los blancos que trabajan duro me parece aberrante.
De propina: según ha reconocido hoy la campaña de Clinton, los votos de Florida y Michigan ya no bastan para ponerles por delante. Quizás por eso el partido demócrata de Michigan ha elaborado una propuesta para sentar sus delegados dando 68 a Hillary y 58 a Obama, y parece que puede salir adelante.
La bola de cristal: las predicciones esta vez no son mías, sino de las campañas, que han pronosticado cuándo habrá un nominado. Según un asesor de Clinton, el 15 de junio, según uno de Obama, el 20.
Clinton aguanta porque allí todo el mundo (o sea, los lobbys de Washington) sabe que un negro no será Presidente en USA, por lo menos ahora. Por supuesto, los que primero lo saben son los capos del Partido Demócrata. El problema es que si le quitan a Obama la dominación, la mitad del partido se le sublevará, y tampoco podrá Clinton ganar las elecciones en noviembre. Así que se lo están pensando, si le mandan a Clinton arrojar la toalla, o si le dicen a Obama que se eche gentílmente a un lado, y que se espere su momento, dentro de ocho años.
¿Mi apuesta? Entre arriesgarse a perder las elecciones o a quedarse sin partido, los democratas preferirán perder las elecciones. Por eso la historia americana siempre ha sido como es, ganando los republicanos, porque los republicanos juegan siempre a ganar, mientras los demócratas suelen jugar a no perder.
Viernes, 25 de julio
Javier Dorado
Manuel Molares do Val
José Javier Solabre Heras
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Vicente Torres
ADIÓS AYER
José Luis Palomera Ruiz