Qué bueno es viajar en transporte público en cualquiera de nuestras ciudades. Las experiencias vitales surgen a cada paso. Hace ya no recuerdo cuándo iba en tren. Cruzaba la ciudad y subió al vagón un hombre de unos treinta y tantos, machacado por la droga, débil, pero con algo de vida aún en sus ojos.
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Muchos días a media mañana acudo a una cafetería. En ocasiones he visto a un hombre de unos treinta y tantos años que no tiene ni brazos ni piernas y que está sentado en una silla de ruedas.
Siempre le acompaña un joven de "ventimuchos" con pelo a rastas y creo que con algún piercing en su rostro. Cualquiera, a simple vista, le calificaría de hippy, militante de izquierdas, ateo radical y simpatizante del consumo de todo tipo de drogas. Muchos, quizá, le tacharían de okupa o de maleante. Calificativos hay muchos ante la apariencia física de una persona.
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Contaba yo con unos siete años cuando unos vecinos viajaron a Italia. A su vuelta trajeron regalos. A mi hermano, que era más intelectual, le regalaron un pinocho de madera que movía brazos y piernas al tirarle de una cuerda. Tal figura inventada por Carlo Collodi a finales del siglo XIX estuvo colgada en mi habitación hasta hace no más de cinco años.
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Era yo un niño cuando él irrumpió en mi vida. Días antes de iniciar las vacaciones de Navidad, en el colegio habíamos hecho el famoso juego del amigo invisible. A mí me tocó, creo recordar, una caja de lápices de colores de la marca Faber-Castell, mientras que a un compañero, su amigo invisible le regaló un gorila de peluche.
Me encantaba el peluche de mi amigo pese a que portaba una ropa polícroma, con más colores de los que podía encontrar en la caja de lapiceros que me había tocado a mí. Ese gorila tenía algo especial, los días antes de vacaciones nos pasábamos los recreos jugando con él. Bella infancia.
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El otro día atravesaba la ciudad volviendo a casa. Todos los comercios desde hace semanas están llenos de luces, imágenes de un barbudo con un gorro rojo, abetos rodeados de pequeñas bombillas parpadeantes, regalos con lazo incluido, anuncios con grandes letras prometiendo felicidad... De las ventanas de las viviendas, aparte de ahorcar a algún que otro muñeco de Papa Noel, cuelgan hileras que iluminan balcones enteros.
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Podría ser incluido en la serie cracks, está a punto, pero no llega a tal galardón. Hoy escribiré sobre un tipo que vive cerca de mi domicilio y al cual llamo El Wilbord.
Nunca he hablado con él, sé que tiene un coche de color gris, he visto que acompaña a su mujer a la compra y cuida las plantas en la jardinera del balcón de su casa. La Bandera de Adiós Ayer, como ustedes leen, es como la interpol...
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Era el pasado viernes, mi madre me dio para leer una carta que se adjuntaba con la factura de Telefónica. En dicho folio hablaban de una promoción en la que por tener ADSL te regalaban dos millones de descargas de música y vídeos hasta mayo de 2009, posteriormente, llegada tal fecha, podías darte de alta en el servicio pero ya pagando una cuota mensual.
Entre en Internet, registré los datos y descargué el programa Pixbox, el cual es un eMule pero "legal". Ilusionado ante el amplio abanico de discos y películas, comencé a bajar mp3 como el que come palomitas en el cine. La música tenía un estupendo sonido, no como en otros programas de descarga cuyo audio, en ocasiones, deja mucho que desear.
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Hace dos sábados, concretamente el día cinco del mes que hoy llega a su punto de inflexión, veía en la televisión el programa del dicharachero y fantástico Don Fernando Argenta, hijo de Don Ataulfo.
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Hace unos días una amiga dijo en público que entrará en el Convento de las Clarisas de Soria el próximo 29 de marzo de 2008. Un regalo de Dios a ella y un regalo para nosotros por tener una amiga rezando por nuestras almas día a día.
Con ella he compartido buenos momentos, sobretodo en el Coro Joven Diocesano de mi Diócesis. Recuerdo con cariño un viaje a Valladolid, donde nos alojamos en el Centro Diocesano de Espiritualidad del Corazón de Jesús, superando el ataque de un murciélago a altas horas de la noche.
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Fui hace unos meses al Monasterio de Santa María de Guadalupe, en Cáceres. Como bien sabe usted, el pasado año 2007 fue Año Jubilar en dicha localidad extremeña. Asistí a la Eucaristía la víspera de domingo. Celebró un tipo joven y vivaracho, un fraile, si no me equivoco.
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Estuve veraneando de pequeño durante trece o catorce años en la costa alicantina, concretamente en la localidad de Santa Pola, hoy, presumiblemente, territorio custodiado por marroquíes vagos sentados en las calles sin labor que hacer mas que la de mirar a la mujer del vecino.
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Siendo un niño recuerdo que vi en el portal de enfrente de mi casa a un tipo, a quien hoy sigo viendo a menudo, intentando hacer volar, en pleno mes de agosto, una cometa hecha con una bolsa de basura. Bella estampa de una tarde veraniega que hoy traigo a mi mente con regocijo.
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