Obvio el tiempo
02.01.08 @ 21:05:00. Archivado en Experiencia vital
Atravesaba en autobús mi ciudad, observaba a través de la ventana a personas, movimientos, objetos, tiendas, comercios, actitudes, ropas, sombras, mobiliario, en fin, la ciudad.
El vulgo paseante, vago, trabajador, asediado por el tiempo, corre, desespera, ¡que no llego!, el semáforo no se pone en verde para el peatón, el de delante no se aparta ante mis prisas.
Acabé mi labor, eran más de la una de la tarde, la mañana agonizaba, tomé el bus de vuelta a casa. De nuevo, lo de antes, la gente se apresura, ansían devorar el plato de legumbres que en su cocina les aguarda.
En la quinta parada subió un hombre de unos setenta años, se sentó a mi lado y me preguntó si el periódico que estaba en el asiento era mío. Le respondí que no. Tomó el diario gratuito arrugado por la lectura de varias personas, lo desplegó sobre sus muslos y tras ojear la portada, me preguntó:
¿sabes cuáles son las dos únicas verdades que dice este periódico?
Necio de mí, comencé a elucubrar en mi cabeza y a pretender averiguar la ideología política de aquel hombre. ¿Arremeterá contra el Gobierno o contra la oposición?, me pregunté en una décima de segundo.
Le respondí: No, dígame.
Me dijo: Las dos únicas verdades de este periódico son la fecha y el año.
Bajé del bus, hasta luego, buenos días. ¿Cambiaron las cosas? Yo ya no corro, obvio el tiempo. Sabiduría empírica.
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Lo más gracioso es que las personas nos hacemos sabias cuando estamos apunto de desaparecer...
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ADIÓS AYER
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