La 'locura' del vivir compartiendo

Las tentaciones de Jesús de Nazareth (1/2)

30.07.10 | 08:59. Archivado en Jesús, sus tentaciones
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Hace un tiempo redacté algunos post, con el objeto de tratar de explicar la idea que tengo con relación a cómo pudo ser realmente la “persona histórica” de Jesús de Nazareth.
Y lo hice procurando mostrar, que en su accionar Jesús NORMALMENTE no tenía mejores elementos que los que poseemos nosotros.
Y para profundizar un poco en ese aspecto, los invito a recordar los pasajes bíblicos que mencionan "las tentaciones" a las que fue sometido en el inicio de su vida pública.

Les aclaro que ése fue el primer tema sobre el cual consideré necesario escribir, y que finalizó siendo un artículo que publiqué en el libro “Por que mataron a Jesús”, pero como no resulta fácil ponerlo íntegro en este blog me limitaré a mencionar unas pocas cuestiones que estimo importantes, ya que es imposible resumir más de 20 páginas en unas escasas líneas.

Sólo los Sinópticos citan las tres “famosas” tentaciones, pero las dos primeras --siguiendo el orden que menciona el Evangelio de Mateo-- son donde se muestra mejor el aspecto sobre el cual deseo insistir.

Si las analizamos, vemos que la pregunta que el demonio le efectúa a Jesús guarda directa relación con su condición de "Hijo de Dios" (o Mesías) por lo que interpreto que está bastante claro el asunto con relación a mi punto de vista.
En efecto, en ambas le dice «si eres Hijo de Dios», lo cual significa que lo que se buscaba era obtener una verdadera “acreditación” (o confirmación) de tal carácter.

Pues bien; en la primera ("convertir las piedras en pan") difícilmente podamos pensar en la existencia de muchas personas en el lugar donde se habría verificado la prueba (el desierto) por lo cual cabe preguntarse a quién se le debía acreditar esa cuestión.

Me resulta extremadamente difícil admitir, que nada menos que Satanás, que conforme relata la Tradición fue el ÁNGEL PRINCIPAL (Luzbel), es decir aquél que servía directamente a Dios, pudiese ser el que tuviese semejante duda en su interior.

En efecto —y usando una terminología de actualidad— no alcanza a “cerrar” en mi mente que, pese a ese anterior contacto, tan directo y fluido con Dios, el propio Satán no hubiese sido capaz de reconocerLo en Jesús de Nazareth (y aclaro que la L mayúscula en la palabra reconocerLo no es un error tipográfico, sino que la escribí adrede, para explicar que me refiero a la Divinidad) y por consiguiente —ya que debían estar únicamente ellos dos— sólo me resta pensar que quien tenía las dudas, y eventualmente debía "asegurarse" de ser realmente el Mesías, era el propio Jesús.

Tal cuestión resulta bastante clara no sólo por eso, sino porque, si no fuese así, es decir, si no era Jesús quien estaba en duda, sino el demonio, es realmente incomprensible admitir que éste cometiese el error de ofrecerle a un "simple hombre", que a la postre no resultase realmente el Mesías, «todos los reinos del mundo», como hace un poco más tarde, en la tercera tentativa de probar a Jesús.

Y menos aún se explica porqué, luego de esas tres tentaciones, el demonio se retira «hasta su oportunidad», según menciona el texto bíblico, en lugar de seguir intentando descubrir si su "sospecha" referida a esa especialísima condición que podía —o no— poseer Jesús, tenía —o no— real fundamento.

Por ende sólo me queda asumir, que quien dudaba era Jesús, ya que, en cambio, si quien debía "comprobarlo" era Él, entonces sí esas situaciones de "tentación" tienen verdadero sentido, ya que —en esencia— hubiesen consistido en obtener una SEGURIDAD de su condición tan particular (ser el Mesías) NO POR UNA REVELACIÓN DEL PADRE, sino por una simple corroboración personal.
La verdadera tentación —entonces— consistía en OBTENER POR SÍ esa certeza, sin haberla recibido del PADRE.

La segunda tentación ("arrojarse del pináculo del Templo") tiene idéntico trasfondo, si bien presenta el agregado de buscar una "inauguración espectacular” para la misión de Jesús: un "planeo majestuoso" y un "aterrizaje perfecto", sin daño alguno entre la multitud, a la que lógicamente podemos suponer se encontraba rodeando el magnífico edificio reconstruido por Herodes.

Sin embargo, también esa trampa es resistida por Jesús de Nazareth, ya que comprende que si el Padre hizo que naciese humildemente, como un hombre cualquiera, es más, como un "rata" (pobre) cualquiera por algo debía ser, y no sólo rechaza el "asegurarse" ser el Mesías, sino que también resuelve iniciar su prédica llevando una vida absolutamente "común y corriente".

Las dudas del Señor de Nazareth existían, ya que si bien por algunos pocos signos "especiales" de su vida pensaba que realmente podía ser el Mesías, Él no estaba seguro de serlo.
No “sentía”, ni había advertido hasta ese momento ninguna cuestión "espectacular" para Él, como aquellas que muchas veces surgen de los textos bíblicos como atribuibles a Dios o al Mesías.

No podía estar seguro que el suyo hubiese sido el “único caso” de un nacimiento tan maravilloso.
Y menos aún que ese contacto “íntimo” que obtenía cuando oraba con el Padre, fuera algo exclusivo de su persona.
Incluso, la voz "escuchada" por Él en el Jordán un tiempo antes, podía haber sido producto de su propia imaginación, y no de Dios.

En otro sentido Él no era un estricto cumplidor de la Ley Mosaica al estilo farisaico, ya que había comprendido que allí existían muchas cosas superfluas y poco importantes.
También había observado muchas cosas incorrectas en derredor del Templo, las cuales apartaban a muchos de sus hermanos hebreos del Amor de Padre.
Por consiguiente, si Él era "tan poco religioso" en el sentido que en ese entonces se daba al término, ¿podía ser realmente el Mesías?

Por otra parte, y aun cuando —como buen judío que era— pensaba que se DEBÍA IMPONER EL REINO DE DIOS, que Israel debía ser "centro" del mundo de donde salieran las leyes con las que se gobernarían las naciones, y que ésa era la misión del Mesías, Él no se veía para nada como un jefe o caudillo militar, como tradicionalmente se interpretaba que debía serlo quien cumpliese ese rol.

Ésa fue —en esencia— el centro de su duda, y creo debe ser también la nuestra.
En efecto; siendo así cabe que nos preguntemos: ¿nuestra imagen de Jesús, responde realmente a la de una vida "normal", o en verdad preferimos pensar en algo espectacular, que nos de "tranquilidad", ya que "somos los que tenemos la verdad"?

Y, ¡cuidado!
De la respuesta que demos a tal cuestión, en nuestra mente y nuestro corazón puede surgir la concepción de poderío sobre los demás: «si tengo la verdad, porqué lo espectacular rodeó a Jesús, y eso prueba que la tengo, entonces los otros deben obedecer».
Creo que habrán comprendido que para mí las cosas no son "tan" así.
Y no lo son, sencillamente porqué la vida de Jesús NO FUE ESPECTACULAR, y por ende nuestra respuesta no debe ser ésa, sino aquella que nos encause a una vida de absoluta humildad.

Dios mediante, mañana finalizaré con el análisis de este tema.

Cordiales saludos
MARANA-THA

Si le interesan mis ideas puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar


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