La 'locura' del vivir compartiendo

El pacto con Abraham: pueblo numeroso – pueblo poderoso

27.06.10 | 11:47. Archivado en Poder terrenal
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Ante todo quiero expresar el motivo por el que resolví redactar estas líneas.
Con ellas procuraré explicar, uno de los motivos por los que afirmo que debemos “aprender a releer los textos bíblicos”, cosa que sostengo, pues haciéndolo de esa forma nos resultará más fácil “ubicar” distintas situaciones que nos ayudarán en la vida cotidiana.
Por otra parte creo que constituye una verdadera obligación. Al menos para quienes tratamos de “transmitir algo” a partir de dichos escritos.

Y además quiero insistir —una vez más— en que es necesario prestar mucha atención a los relatos del Antiguo Testamento, lo cual resulta imprescindible, no sólo para comprender muchos de los problemas de la humanidad, sino también —y fundamente— los motivos por los cuales el cristianismo se alejó tanto de lo que constituye la doctrina de AMOR y HUMILDAD que nos transmitió Jesús.

Quienes leyeron la Biblia, o en alguna oportunidad escucharon hablar de lo que allí se relata, recordarán que lo que se menciona como el origen del pueblo hebreo es la promesa que recibe Abram (o Abraham) con respecto a que sería padre de un pueblo numeroso (Gen.13,14-17; 15,5).

Pues bien; creo que si lo tomamos como un hecho real resulta un aspecto interesante para reflexionar, pues nos ayudará para comprender mejor la vinculación que existe, entre esa situación, y lo que aconteció en la historia de la humanidad.
E incluso acontece aún en nuestros días.

Y es por eso que entiendo que resulta sumamente importante analizar el significado de la promesa que, según se dice, Dios habría realizado a Abraham, es decir, la trascendencia que tenía el hecho de ser "padre de un pueblo muy numeroso".

Considerado desde nuestra realidad actual, tal concepto posiblemente no implique algo significativo.
Pero en aquellas épocas era completamente diferente.

En efecto; ese ser "padre" no era una simple cuestión “genética” (el “orgullo” de poseer gran cantidad de descendientes) sino que era —nada más, ni nada menos— que ser también el "jefe" de los mismos, es decir, que indicaba la posibilidad de "comandar" a sus descendientes.

Hace tiempo, analizando el origen del PODER en el mundo (aspecto que “desde siempre”, desde muy chico, me tuvo bastante preocupado, y ocupado) empecé a redactar lo que esperaba terminase siendo un libro, cuyas líneas iniciales decían aproximadamente lo siguiente: «Sin duda alguna, la primer orden que fue dada por un hombre a otro hombre en el mundo, es la que un padre le dio a su hijo. Y lo que tal vez resulta más importante aún, es que logró que fuese obedecido.»

Y les aclaro que esa redacción quedó en la nada, ya que los estudios que realicé al respecto me llevaron a leer reiteradas veces la Biblia, y lo que descubrí en ella me interesó mucho más que el aspecto “simplemente humano” que buscaba por aquel entonces, no por lo que llamaríamos cuestiones metafísicas, sobrenaturales, o como ustedes prefieran llamarlas, sino porque encontré en ese Libro distintas cuestiones, algunas sumamente intrigantes, y otras que demuestran —y, al menos en mi opinión, que lo hacen en forma muy, pero MUY clara— lo que debería ser la real vivencia del cristianismo: vivir en comunidad, compartiendo vivencias y bienes.

Pues bien, volviendo al tema del poder que tenían los “padres” (o mejor aún los “ancestros”) para comandar a su descendencia, es necesario recordar que ése es un hecho que constituyó una constante en todos los pueblos de la tierra, y sin duda alguna es el verdadero origen de lo que hoy consideramos como EL PODER (o la autoridad).

Pues bien; si lo tenemos en cuenta, creo que será sencillo comprender que un pueblo NUMEROSO no era algo insignificante, es decir, que de forma alguna tenía el mero aspecto “genético” de que Abraham fuese recordado como su "antepasado común" por mucha gente.
Nada de eso, era sinónimo de un PUEBLO PODEROSO.

En efecto; si analizamos la realidad militar de antaño (que por denominarla de alguna forma, designaría como "del arco y la flecha") es decir, si reflexionamos sobre la época en la que el ser humano poseía una capacidad ofensiva muy limitada, vemos que cada hombre significaba “una” piedra, “un” palo, “una” lanza, “una” espada, o lo que fuese, por lo cual resulta obvio que MUCHOS HOMBRES significaban mucho, MUCHÍSIMO PODER.

Hoy para nosotros la realidad es completamente diferente, ya que es sabido que muy pocos soldados con armas modernas, pueden perfectamente dominar a miles y miles de guerreros con arcos y flechas, lanzas o boleadoras, cosa que ocurriría por el simple hecho de ser poseedores de ese armamento sofisticado, con rayos láser o —aunque más no fuese— con ametralladoras y uno que otro tanque.

Es decir que para nosotros, “muchos” hombres no implican necesariamente “mucho” poder, ya que éste depende en nuestros días del armamento que se posee (en especial el tener —o no— el “secreto” de la utilización del armamento nuclear).

Pues bien; ésa no era la situación de la humanidad en la época de Abraham, sino que, por el contrario, es evidente que en el trasfondo de aquello que nosotros mencionamos simplemente como LA ALIANZA DE DIOS CON ABRAHAM, venía a significarle —lisa y llanamente— la posibilidad de un poderío terrenal realmente significativo.

Esa circunstancia hacía que los israelitas (normalmente decimos los "judíos", aunque en realidad ese nombre corresponde a los descendientes de sólo una de las doce tribus de Israel) contasen, no sólo con la posibilidad de defenderse de cualquier eventual enemigo, sino hasta la de “dominar” a cualquier vecino (en caso de proponérselo).

No debemos perder de vista eso cuando leemos los textos bíblicos, pues nos ayudará a entender con mas exactitud algunos aspectos o situaciones que allí se nos relatan, y que, según se afirma muchas veces, hacen a las relaciones de Dios (el Eterno) con los hombres.

Incluso resulta sumamente útil captar correctamente ese pensamiento, para comprender mejor el enfoque y las actitudes que tanto hebreos (de antes y de ahora) como cristianos, hemos adoptado a lo largo de la historia con respecto a otros pueblos.

Casi está de más decirlo, pero si tratamos de “armonizar” las enseñanzas del mensaje de AMOR que nos dejó Jesús con el resto de los textos bíblicos, creo que entonces no debería ser tan sencillo asumir ese hecho (esa “promesa”) como algo "completamente" real.
O, por lo menos, como “realmente” atribuible al Buen Padre Celestial que nos mostró Jesús.

Máxime si tenemos en cuenta que, en los textos del Pentateuco, que no sólo adjudican a los hebreos ese "poderío", sino también una tierra, hay distintas "tradiciones" (redactores) y que en la más antigua, en la que consta como lo que habría sido el primer llamado de Dios (el Eterno) a Abraham (Gen.12,1-3) NO SE INDICA EXACTAMENTE ESO.

Creo que vale la pena que reflexionemos un poco en este aspecto.

Cordiales saludos
MARANA-THA

Si le interesan mis ideas puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar


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