El presente es un artículo que publiqué hace ya más de 12 años, y lo hice ante los problemas que afectaban (y aún afectan) a mi país (Argentina).
Más tarde lo incorporé dentro de un texto más extenso, formando parte del primer libro que edité (Por qué mataron a Jesús).
Hoy, ante las dificultades que se observan en España y en muchos otros países, resolví publicarlo aquí, ya que estimo puede serles útil para que comprendan mejor mi idea fundamental, relacionada con que la esencia del Evangelio está en vivir en comunidades, compartiendo vivencias y bienes, y que ésa fue la causa “oculta” de la ejecución del Señor.
Hace ya más de 2 años, en un prestigioso periódico de Norteamérica se publicaba:
«La salud de la economía norteamericana requiere que se mantenga cierto porcentaje de desempleo. Por eso, la Reserva Federal sube las tasas de interés cada vez que hay peligro de "recalentamiento". Si la economía se "recalienta", habrá menos desocupados buscando trabajo. Esto hará subir los salarios y provocará inflación. Los sabios de la Reserva Federal prefieren que haya gente desocupada» (1)
Si semejante situación, que evidentemente se produce actualmente en todo el planeta, sirviese para mejorar la calidad de vida, que duda cabe que deberíamos mencionarla como algo "positivo". Veamos un poco los resultados.
En nuestro país:
«el 10 % de la población más pobre recibe el 1,6 % de los ingresos. Y el 10 % más rico el 36,6 %. Más de 22 veces más ... años atrás ... la desigualdad era menor, el 10 % más pobre recibía el 2,3 % de los ingresos. Y la porción más rica el 35,3 %. Esto significa que la brecha entre los más ricos y los más pobres creció ... un 50 %» (2)
En el resto del mundo:
«La fortuna en dólares de 358 multimillonarios del planeta es superior a los ingresos acumulados del 45 % de los habitantes más pobres del mundo (2.300 millones de personas) según un informe publicado por la ONU. .. Globalmente.. el ingreso por habitante se triplicó en promedio pero pocos gozan de ese fenomenal aumento. Los resultados son terribles en términos de acentuación de las desigualdades .. el volumen de ingresos del 20 % de las personas más pobres del planeta cayó del 2 al 1,4 % del ingreso mundial. Paralelamente el 20 % más rico creció, pasando del 70 al 85 % de la riqueza mundial» (3)
Creo que esto nos debe preocupar a todos, pero, ¿la Biblia nos dice algo al respecto?
En términos directos e inmediatos aparentemente no. Es decir, que parece como si en épocas pasadas la vida no era tan difícil como actualmente, y que el trabajo no era en realidad un "artículo de lujo", como sucede hoy en día.
Sin embargo nadie —ni en sueños— puede realmente afirmar que este estado de cosas está "bien visto" en términos bíblicos.
En efecto; con respecto a la riqueza no cabe duda alguna que la misma no sólo fue expresamente condenada por Jesús de Nazareth en diversas oportunidades (Mt.19 y 24; Lc.6, 24-25) [Nota aclarativa: Sobre ese tema he publicado aquí hace unos días una serie de post, con el título «El Evangelio y la “riqueza”», cuya lectura recomiendo] sino que tal descalificación existía ya en el Antiguo Testamento (Is.5,8-10; Sal.39, 5-7; 49,17-20).
Por otra parte, en relación al trabajo en sí, según la Biblia debe ser adecuadamente retribuido, ya que, si como expresa el Deuteronomio "no le pondrás bozal al buey que trilla" (25, 4) tal situación correspondería a un simple animal, con mayor razón ese mismo principio debemos considerarlo válido para los seres humanos.
Y para no extendernos demasiado en este tema —que en realidad requeriría mucho más que en artículo de las características del presente— quiero poner de manifiesto que el concepto de LIBERTAD conlleva necesariamente el contar con las posibilidades materiales de atender adecuadamente las necesidades de subsistencia y desarrollo, tanto propias como familiares.
Frente a la situación de falta de trabajo, aún quienes poseen alguno no son realmente libres, ya que carecen de opción para cambiarlo. Incluso esto se da en todas partes por lo cual ni siquiera queda la alternativa de trasladarse a otra zona para poder "estar mejor", como sucedía antaño.
Y obviamente ni hablar de quienes no lo tienen, ya que éstos se encuentran en peor condición aún, por lo cual deben aceptar "casi" cualquier situación para poder "llevar el pan a la mesa".
Atento esto, y viendo el actual estado de cosas, vuelve a mi memoria una frase expuesta en un discurso político leído en mi época de estudios universitarios que, si mal no recuerdo, fue pronunciado hace unos 60 años y en el cual, criticando con dureza el sistema capitalista se decía aproximadamente lo siguiente:
"Sí. Os moriréis de hambre. Pero lo haréis con la dignidad de un liberal".
Y por si alguien piensa que quien afirmó eso era marxista, les aclaro que la frase en cuestión formaba parte de la alocución con el cual José Antonio Primo de Rivera fundaba la Falange Española, lo cual estimo que sirve como para despejar cualquier duda sobre el particular.
Deseo también expresar que mi mayor preocupación es el escaso llamado de atención que sobre el particular se observa en muchos ámbitos religiosos y, lo que es muchísimo más grave aún, la ausencia casi completa de acciones concretas tendientes a lograr SOLUCIONES DE FONDO a este problema por lo cual me permito recordar unas líneas del profeta Isaías que dicen:
"Este es el ayuno que yo amo, oráculo del Señor, soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne" (Is.58.6,7)
Dado que esas frases fueron escritas hace ya más de 2.500 años, analizando un poco la historia de la humanidad, y viendo que en toda época existen problemas similares, es que considero que se hace necesario buscar un NUEVO CAMINO que permita mejorar la condición de vida del ser humano.
Es por eso que —una vez más— les invito a meditar si no sería posible, dejando de lado nuestra aparente seguridad personal, el intentar establecer grupos humanos en los cuales, con un sistema de vida solidario, la subsistencia individual no dependa del obtener un trabajo, o de la mayor o menor habilidad, capacidad o fortuna personal, sino que todos participemos de lo que se produzca lo cual, obviamente, deberá lograrse con el esfuerzo de la totalidad de los integrantes del grupo.
Sinceramente estoy convencido, de que ése es el sentido del "nuevo camino", o de esta NUEVA FORMA DE VIDA (Hechos 5,20) que debería significar el Cristianismo.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Si le interesan mis ideas puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar
(1) "Revista Noticias" - 29-01-95
(2) "Diario Clarín" - 16-02-97
(3) "Boletín Salesiano" - 10-96
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas