Ayer he iniciado el tratamiento de un tema, que considero puede ser "interesante" para que reflexionemos juntos: el análisis del accionar real de Jesús de Nazareth.
Obviamente que no vamos a poder establecer una "fotografía" o “video” de su vida, ya que eso nos resultará imposible pues carecemos de datos suficientes sobre la misma, que nos permitan realizar algo por el estilo.
Pero mi interés es tratar de aportar algunos elementos, que nos permitan pensar en Jesús como alguien un poco más "humano", ya que considero que de esa forma podremos comprender con mayor exactitud las enseñanzas del Evangelio.
Y resulta muy difícil hacer una "fotografía", o "video" de la vida del Señor, ya que al redactar esa "Buena Noticia" ("Evangelio") no fue eso lo que se pretendió hacer, sino que, simplemente, se tenía como objetivo el rememorar y enseñar a otros el mensaje que les había sido transmitido por el Cristo.
Como recordarán, ayer decía que la mayoría de los cristianos ven a Jesús como un ser "demasiado especial", ya que interpretan que sabía todo lo que sucedía, e incluso también lo que sucedería, lo cual, obviamente, lo coloca en una situación realmente bastante diferente a la que tenemos nosotros.
En efecto; si fuese así, significaría para Él una cosa de la cual carecemos todos: SEGURIDAD.
Tal hecho que normalmente presuponemos en Jesús (Dios) nos lo muestra en realidad como alguien completamente distinto a nosotros, un ser que, por ejemplo, en forma "totalmente lógica" admitiría la muerte en la Cruz por ser ese el plan del Padre, lo cual, en definitiva, también de alguna forma era su propio plan.
En realidad, alguien podrá afirmar que esta concepción sobre Jesús de Nazareth no es tan generalizada como lo vengo diciendo, sino que es algo exclusivamente personal.
Y puede ser, pero lo dudo.
Por lo menos, muchas veces he conversado con distintas personas sobre este tema, y siempre he podido captar que no se lo ve a Jesús como alguien realmente igual a nosotros, sino como "algo" diferente, aun cuando tal vez no se sepa como explicar bien tal diferencia (obvio, me dirán, ya que también es Dios, ¿no?).
Incluso, lo que también he advertido en diversas oportunidades, es que en realidad es raro encontrar personas que se hubiesen detenido a pensar sobre esta cuestión, por lo cual, al recibir la pregunta directa que les efectuaba, referida a si pensaban que Jesús era IGUAL A NOSOTROS, automáticamente se producía un silencio reflexivo, que implicaba claramente una gran duda al respecto.
No obstante, y con el fin de evitar discusiones con relación a si tal pensamiento es algo generalizado, o una cuestión meramente personal, voy a continuar estas líneas relatando sencillamente mis propias impresiones sobre este tema, pero, por resultarme mucho más simple redactar de esa forma, continuaré utilizando el plural haciéndolo como una "licencia gramatical" al respecto.
Sinceramente yo diría que casi siempre lo vemos como completamente distinto a nuestro propio ser, pensamientos, sentimientos, etc.
Tal interpretación en realidad no es algo tan descabellado, sino que corresponde únicamente a la aceptación de Jesús de Nazareth como Dios, lo cual lo transforma en "ser—consciente" o, mejor dicho, como un hombre consciente de su divinidad, situación que, por decirlo de algún modo, "achica" su real valor.
Por otra parte, también disminuye para todos el valor de lo "divino" que está en realidad tan cerca nuestro, y que, por tomar a Jesús como un "ser tan especial", hace que nos parezca que nosotros no lo tenemos.
Al no tomar la vida de Jesús como algo "cotidiano", como lo que nos pasa comúnmente a nosotros, al otorgarle un carácter tan diferencial, nos parece que aquello que se relaciona con lo "divino" tiene que estar rodeado de cosas "extraordinarias", algo así como con "rayos, trompetas y ángeles alados, etc.,".
Eso, tal vez inconscientemente nos hace pensar como si en realidad Jesús casi no "caminaba por el mundo", sino que era como si lo hiciese a "centímetros del suelo", dicho esto último, obviamente, en un sentido figurado.
Y así, en más de una oportunidad se ha podido escuchar que, «por tener una naturaleza humana perfecta (todo en Él debía serlo ya que es Dios, ¿no?) nunca tuvo enfermedades».
Tal forma de pensar hace que no comprendamos cabalmente el real valor de Jesús, que es cierto, y no lo niego, puede haber "caminado" algún día sobre las aguas, pero verdaderamente todos los días de su vida en esta tierra transitaba por las duras sendas de Israel, sufriendo el calor, el frío, el hambre, el cansancio, el dolor, el temor, la insatisfacción, la amargura, la bronca y cuanta otra cosa usted —amable lector— quiera poner.
El imaginarlo "tan especial" nos puede hacer verlo como un ser sin alegrías ni diversiones, como alguien permanentemente "serio".
De esta forma creo que vamos perdiendo —al menos en parte— la real dimensión de Jesús, y lo que es peor aún también de sus enseñanzas, y por eso los invito a pensar sobre este aspecto, para ver si en cada uno de nosotros no existe algo de eso, lo cual, al menos en mi opinión, es lo que hace que muchas veces "bajemos los brazos" en lugar de jugarnos realmente por los aspectos por los que debemos hacerlo, al sabernos y sentirnos iguales a Él.
Espero no "escandalizar" demasiado, pero me parece que es necesario reflexionar sobre esto.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Si le interesan mis ideas puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar
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Amigo Julius
Es cierto lo que mencionas, nunca lo había pensado, pero se me ocurre que es por una cuestión de "marketin" (creo que se escribe así) es decir, como una forma de procurar atraer más gente para que pague la entrada al cine.
En fin.
¡En qué mundo vivimos!
Cordiales saludos
MARANA-THA
A mi siempre me ha llamado la atención la imagen de Jesús que aparece en las películas: tan serio, tan frío, tan inexpresivo....
Pero eso sí, siempre lo ponen muy guapo y con rasgos que no se corresponden a su raza.
Yo no me lo imagino así.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas