La 'locura' del vivir compartiendo

El Evangelio y la “riqueza” (12)

20.05.10 | 07:56. Archivado en condena a la "riqueza"
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Para finalizar este tema de la posesión de bienes materiales (insisto una vez más, no es una mera cuestión referida a quien resulta ser “jurídicamente” titular del dominio de los mismos, sino quién puede utilizarlos en exclusividad) les recuerdo lo expresado ayer, en el sentido de poner en tela de juicio la forma en que vivimos, considerándola que no es acorde al mensaje del Evangelio.
Y también expresé que estoy plenamente convencido que ES POSIBLE modificarla.

Conviene aclarar que no pienso que sea factible transformar todo en un "paraíso", ya que no tengo duda alguna de que resulta inútil intentar siquiera vencer, definitiva y realmente al "Maligno", cosa que será viable recién cuando el Señor Jesús regrese.

Simplemente creo que es NECESARIO establecer algo así, como pequeños "oasis" o remansos, en donde sea posible “demostrar” claramente a los demás, que es factible ser realmente discípulos de Jesús a través del amor a los otros, compartiendo vivencias y bienes.

En ese sentido ya he afirmado también, que no creo que sea "lo correcto" (desde el punto de vista de la generalidad de los seres humanos) el intentar asumir una vida de pobreza total (tipo San Francisco) sino que, simplemente, debemos aprender a vivir como lo hacía Jesús, quien utilizaba el sistema de «bolsa común» (Jn.12,4-6; 13,28-29) con sus discípulos, y que fue el modo de vida desarrollado por la primera comunidad cristiana (lo que se conoce como al Iglesia de Jerusalén) según podemos comprobarlo en el relato del Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hc.2,44-47; 4,32-37).

Sinceramente estoy convencido de eso, ya que pese a que en reiteradas oportunidades, y diferentes etapas de mi vida, me he planteado si no correspondía adoptar una actitud de vida del tipo que llevó ese gran santo que fue Francisco de Asís, siempre he advertido que ni siquiera sus "sucesores" lo han podido hacer realmente, cosa que me permite comprender que no es ese tipo de postura lo que se nos requiere en verdad.

Incluso —si ustedes desean decirlo así— estoy seguro de que no tengo —ni remotamente— los "atributos" necesarios para soportar una vida con tal grado de privaciones.

Por otra parte, si analizamos la oración de Jesús por sus discípulos, vemos que expresamente le dice al Padre: «no te pido que los saques del mundo sino que los preserves del Mal» (Jn.17,15) lo cual habla a las claras de que el "alejarse" demasiado del mundo, tal vez no sea "tan correcto".

Incluso sobre este aspecto creo que somos todos bastante conscientes, que quienes pretenden hacerlo suelen equivocar el camino, dado que, por un lado los consejos que suministran a quienes no asumimos ese tipo de vida no son todo lo acordes a la realidad que sería interesante fueran, y por el otro, suelen adquirir incluso una actitud de "superioridad", que seguramente no tiene absolutamente nada que ver con las enseñanzas del Salvador quien dijo: «el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo» (Mt.20,27).

También he expresado que menos aún pienso que se deban vender las cosas para simplemente "repartir el dinero a los pobres", dado que eso sería sólo trasladar el problema de la pobreza hacia adelante («pan para hoy, hambre para mañana»)“error” que cometió la Iglesia de Jerusalén, originado en que esperaban un regreso inmediato de Jesús.

Por el contrario, estimo que lo que se necesita es detenernos a pensar en cómo crear ESTRUCTURAS DE PRODUCCIÓN COMUNITARIAS, en las cuales nadie posea nada particularmente hablando, pero en cambio todos puedan usarlos y vivir tranquilamente.

En algunas oportunidades que he planteado este tipo de posibilidad, se me ha objetado por un lado, el que «seguramente recibiría la adhesión de los pobres, pero no de quienes poseen bienes», y por el otro que «tal emprendimiento serviría para que se refugien allí los vagos, los que no desean trabajar, quienes lo harían para lograr vivir a costa de los demás».

A la primera cuestión suelo contestar que estoy convencido precisamente de lo contrario, ya que me parece que los realmente pobres, al estar tan acostumbrados a las carencias, difícilmente comprendan, y menos aún acepten el hecho de que nada de lo que pueda producirse sería realmente de ellos, y que deberían admitir la decisión del conjunto del grupo en el uso de los bienes.

A la otra objeción suelo recordar la expresión de San Pablo, referida a que «quien no quiera trabajar, que no coma» (2 Tes.3,10) lo cual es suficientemente ilustrativa como para comprender, que en esos lugares los "vagos" no tendrían cabida.

Estoy plenamente convencido de que ése es el camino que mejor responde a las enseñanzas de Jesús, y por ende estoy dispuesto a intentar un emprendimiento de tal tipo, poniendo allí no sólo mis bienes, sino también el resultado de mi trabajo.

También creo que es imposible efectuarlo individualmente, dado que es IMPRESCINDIBLE el accionar comunitario al respecto. El propio Jesús nunca actuó aisladamente (salvo, tal vez, al morir) sino que lo hizo con sus discípulos.

Finalmente, y dado que conforme lo relata el Libro de los Hechos, los primeros cristianos ponían sus bienes «a disposición de los Apóstoles», siempre he esperado encontrar alguno (yo, ni en broma me considero tal) que asuma el carácter de orientador de tal emprendimiento, pero hasta el día de hoy no lo he podido hallar.
Es decir que debe ser un emprendimiento, una postura del cristianismo en general, y en forma muy especial de mi querida Iglesia Católica, Apostólica y Romana en particular.

Eso me lleva a concluir que, o bien yo soy loco, o que tal vez es más seguro (¿o fácil?) continuar en la posición que —quienes afirman ser los sucesores de aquellos primeros Apóstoles— poseen en la actualidad.

No puedo afirmar cual de estas posibilidades es la real. Simplemente les aseguro que yo continuaré procurando transmitir lo que creo y, con respecto a lo cual, hasta el día de hoy nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE me ha dicho jamás: «está equivocado».

Y sobre todo lo hago con mucha tranquilidad por cuanto, al igual que San Pablo (por lo menos en eso me parezco) yo no "vivo del Evangelio", sino que lo hago trabajando, y muy duramente por cierto, para poder subsistir y mantener a mi familia (2 Tes.3,8).

De lo que no estoy tan seguro es con respecto a qué sucederá, si cuando debamos “enfrentarnos” con el Padre celestial “mi locura” no llegase a ser tan grande.

Cordiales saludos
MARANA-THA

Si le interesan mis libros puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar


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