La 'locura' del vivir compartiendo

El Evangelio y la “riqueza” (10)

18.05.10 | 07:48. Archivado en condena a la "riqueza"
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Voy a ir finalizando esta cuestión de la “riqueza” que, dicho sea de paso, posiblemente sea uno de los más difíciles e importantes de la vida y sobre el cual creo es imprescindible reflexionar.
Y como posiblemente más de un lector se habrá planteado el interrogante, referido a los motivos que hacen que continúe transitando en este mundo de la forma en que lo hago, si verdaderamente pienso como lo he venido exponiendo (dado que la vida que llevo, puede considerarse más o menos "normal") tengan la seguridad que no eludiré esa cuestión sino que, para finalizar esta serie de post trataré de explicarles algo al respecto.

Incluso es harto probable, que alguna vez la lectura de mis escritos haya ocasionado algún "ceño fruncido", producto de una especulación aproximadamente como la que sigue: «en lugar de criticar tanto, este tipo debería hacer lo que dice y entregar todos sus bienes a los pobres. Si así lo hiciese, tal vez me detendría a pensar si es cierto lo que afirma».

Y como tales pensamientos, en definitiva son completamente razonables, y en más de una oportunidad me los he efectuado a mí mismo, tengan la seguridad que procuraré explicarles mi posición mañana, ya que pienso que de hacerlo ahora posiblemente se perdería el sentido de mi actitud.

Es por eso que creo conveniente antes hacer un pequeño resumen de mi pensamiento, sobre todo por cuanto el lapso transcurrido desde que inicié el desarrollo de este tema de la riqueza se ha extendido algo más de lo aconsejable por lo cual, seguramente más de un lector ha perdido (por lo menos parcialmente) el hilo de mi razonamiento.

El planteo del cual he partido, es mi impresión con respecto a que "la riqueza" es algo que HA SIDO EXPRESAMENTE CONDENADA por Jesús, según surge de diversos textos de la Biblia (Lc.6,24-26; 16,19-31; 18,18-27; St.1,1-6) pero que, no obstante eso, no es presentada de tal forma en las enseñanzas “oficiales” del cristianismo.

En primer lugar he aclarado que los términos "riqueza y pobreza" no tiene en la Biblia un sentido exclusivamente material, ya que pueden existir personas que posean ese tipo de bienes pero carezcan de afecto, se encuentren enfermas, u otras situaciones similares, por lo cual seguramente deben ser también consideradas "carecientes", y, por ende, sujetos "necesitados" según nuestra conciencia cristiana.

Pero también resulta indiscutible, que en el encadenamiento del pensamiento evangélico no “suena” ni siquiera posible intentar separar lo cuestionado por Jesús de lo material, como si esto último no tuviese "nada que ver en el asunto".

Y esto es así por cuanto Él hablaba a sus contemporáneos, y al hacerlo lo hacía dentro del contexto de lo que nosotros denominamos ahora "Antiguo Testamento", en donde el "pobre", el que espera el auxilio de Dios, es alguien que carece de bienes materiales.

Y les aclaré que los biblistas (quienes estudian “seriamente” la Biblia) suelen afirman que eso sucede "generalmente". Yo creo que SIEMPRE pero, en fin.

También he expresado que ese concepto, “condenado” evangélicamente hablando, no es posible reducirlo a las "grandes" manifestaciones del poder económico como se suele indicar muchas veces, sino que es comprensiva de muchísimas personas, por lo menos si tenemos en cuenta la consulta que le efectuaron al Señor Jesús con respecto a «Pero entonces, ¿quién podrá salvarse?» (Lc.18,26).

Y tal pensamiento lo sostengo, dado que he podido comprender el punto de vista de quienes no poseen los elementos materiales que tenemos otros.
En efecto; lo que para mucho tal vez constituyan sólo los bienes materiales "imprescindibles" para vivir (una casa, un trabajo, un auto, etc.) por lo cual no nos consideramos “verdaderamente ricos”, en cambio, para quienes carecen de los mismos pueden ser un signo de “opulencia”, y ante sus ojos pasamos a serlo.

Asimismo expuse mi pensamiento, en el sentido que las Iglesias Cristianas (entre ellas, y posiblemente en primer lugar la mía, la Católica Apostólica y Romana) deberían asumir en su accionar ribetes MUCHÍSIMO más cercanos a la verdadera pobreza ya que, seguramente, la mejor forma de exteriorizar el mensaje del Evangelio no es la ostentación de bienes materiales, como en más de una oportunidad podemos advertir.

Por otra parte he sido bastante claro al afirmar, que de forma alguna es posible limitar la situación de los obligados a una vida más pobre al sector "consagrados" (llámense curas, monjas, pastores o lo que sea) sino que también los laicos debemos considerarnos incluidos dentro del reclamo que Jesús de Nazareth planteó sobre este espinoso tema, de los elementos materiales de este mundo.

Finalmente he planteado que estoy absolutamente seguro de que Dios no pide imposibles, por lo cual TIENE QUE EXISTIR LA POSIBILIDAD DE RESPONDER CON MAYOR FIDELIDAD A LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS, y es con respecto a ese tema que escribiré mañana, aclarando también allí mi personal actitud de vida.

Cordiales saludos
MARANA-THA

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