Continuando con la línea de pensamiento que he iniciado, referido al enfoque que debería darse a la "riqueza", como lo adelantara ayer creo que resulta necesario efectuar alguna clarificación con respecto al sector de la humanidad que denominé como los "ricos-ricos", es decir, con quienes manejan o poseen bienes de gran significación desde el punto de vista económico.
Y recordarán que en ese sentido mencioné, que incluso mi propia Iglesia Católica debería hacer un “mea culpa” al respecto, pero, para evitar equívocos, y en un contexto de honestidad intelectual, estimo que es imprescindible efectuar una aclaración sobre el particular.
Sinceramente, no creo que esté en un pie de igualdad con muchos otros sectores "poderosos" económicamente hablando.
En efecto; entre estos últimos existen muchos (tanto sean seres humanos como empresas) que poseen bienes que están "manchados" por las injusticias cometidas para lograrlos, mantenerlos o acrecentarlos, cosa que pienso no corresponde a los que son patrimonio de mi Iglesia.
Incluso, si alguien desea afirmar eso, le diría que es posible que existan algunos. Por ejemplo, yo tengo mis serias dudas con relación a bienes que pudo haber recibido como “derivación” de las conquistas de distintas poblaciones. Pero de haberlos, tendrían carácter excepcional.
No obstante esta aclaración que he efectuado, dejo perfectamente establecido que, de todas formas, y aún cuando resultase posible considerarlos a todos como posesión “legítima” (es decir, no salpicados por injusticias) igualmente interpreto que no son "buenos" a los ojos del Evangelio o, en todo caso, que no son "del todo" buenos.
Tratando de explicar mi pensamiento, lo diré de otra forma que tal vez resulte más clara.
En el mejor de los casos lo serían sólo así, simplemente “buenos”, pero con MINÚSCULAS (y muy chicas por cierto) y no con las MAYÚSCULAS que exige seguir el camino trazado por la Cruz del Cristo.
Y en esto incluyo cualquier bien que no sea de simple uso, tanto los que puedan ser "institucionales" como a los que posea cualquier cristiano, pero en forma particular los sacerdotes y cualquier otro miembro "consagrado" de mi Iglesia, según procuraré explicarlo en otro post más adelante.
Por otra parte, y siempre dentro del campo de la sinceridad, y la integridad de pensamiento a que antes hice referencia, les aclaro que estoy plenamente convencido que esa situación no es patrimonio exclusivo de mi propia Iglesia, sino que existen muchas otras con condiciones patrimoniales similares, por lo cual a todas ellas les "cabe el mismo sayo".
Esto es bastante sencillo de corroborarlo a través de la simple observación de películas, o noticiosos, que nos llegan por medio de la televisión.
Como habrán podido advertir, yo no escribo ni hablo para “quedar bien”, sino para manifestar aquello de lo cual estoy convencido, y lo hago aún cuando, lo reitero, pueda equivocarme.
Y es por eso que, aún corriendo ese riesgo no puedo omitir el expresar, que no tengo duda alguna de que por los bienes materiales que posee, la imagen que muchas veces muestra mi Iglesia, no es la mejor que puede buscarse para exponer el Evangelio.
Alguno tal vez podría preguntarse, cuál es el motivo que me permite opinar sobre este tema, y, también, si el mencionarlo así, públicamente, es todo lo "prudente" que debe ser.
Sobre el primer interrogante estoy convencido de que puedo opinar, ya que SOY PARTE de la Iglesia, no sólo por cuando así me siento, sino también porque es lo que surge de la Biblia (Jn. 15,4-5 - Col. 1,18 - 1 Cor. 12,25-26) y porque siempre fue enseñado de esa forma, por lo cual estimo que estoy perfectamente habilitado para hacerlo (y creo que todos deberían hacerlo) aún cuando, "institucionalmente" hablando, no pueda yo resolver sobre el destino de esos bienes (les recuerdo que soy sólo un cristiano "de segunda").
Por otra parte, el hacerlo en forma pública no sólo pienso que sea válido, sino indispensable, ya que, por una parte en ningún lado encuentro que este tema deba ser una cuestión "meramente administrativa", y por la otra, dado la gravedad que presenta (por lo menos para mí) motiva el que me sienta obligado a procurar que otros se animen a opinar al respecto, ya que, en forma particular o privada son muchos, yo diría MUCHÍSIMOS, los que de una u otra manera expresan un pensamiento similar.
Asimismo, y por las dudas que no haya quedado bien en claro mi pensamiento, reitero que esta situación incluye a TODOS LOS CRISTIANOS (entre los cuales, obviamente me encuentro yo también) pero, tratando de no extender tanto estos escritos debo ir enfocando paulatinamente los distintos "sectores" que no cumplimos plenamente con el Evangelio, en especial en lo que respecta a aquellas "duras palabras" con las que el Señor Jesús enfocó el aspecto de la "riqueza".
Obviamente entonces, esto no significa que "tire la piedra por considerarme libre de pecado", sino que, frente a lo que para mi constituye una incorrecta forma de transmitir las enseñanzas de Jesús, creo que debo procurar llamar la atención sobre este tema.
Pero, y a simple título de ejemplo sobre las consecuencias de este "problema" y como se lo enfoca, frente a la magnitud de la miseria que azota a la mayor parte de la humanidad, VEO MUY CLARO que las palabras oficiales de mi Iglesia “denunciando” esa situación, suelen no ser escuchadas ya que FALTA EL ACOMPAÑAMIENTO DEL "EJEMPLO", dado que no se desprende de bienes que posee, muchos de los cuales tienen enorme significación económica, lo cual estoy absolutamente convencido que es lo que habría que hacer, aún cuando tuviesen contenido "artístico".
Desde ya dejo aclarado que tampoco creo que se deban vender cosas para simplemente "repartir el dinero", sino que debería hacérselo para organizar estructuras económicas comunitarias en las cuales nadie posea nada —particularmente hablando— pero en cambio TODOS PUEDAN USARLOS Y VIVIR DE ELLOS.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Si le interesan mis libros puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas