Ayer comencé a tratar este tema, he hice referencia a los sermones que suelen escucharse en los templos, por lo menos de mi Iglesia Católica, aunque creo no errar demasiado al suponer que es algo bastante generalizado.
Y mencionaba que, mientras en reiteradas oportunidades he oído severas palabras relacionados a los problemas sexuales (aun cuando Jesús no solía hablar así de tal aspecto) nunca pude, en cambio, percibir el empleo de términos parecidos con relación a LA RIQUEZA.
Y también les decía que, a la inversa del léxico empleado por Jesús para referirse al “problema” sexual, es sobre ese aspecto de lo “económico” donde los Evangelios nos traen lo que podemos citar, como "muy fuertes expresiones del Señor".
En el post anterior mencioné sobre el particular el texto de Lucas sobre las Bienaventuranzas (6,24-26) y la parábola del "rico y el pobre Lázaro" (16,19-31).
Pero en los relatos sobre la vida de Jesús hay otro texto que guarda una instrucción bastante similar a la que surge de ellos, el cual está en los tres Evangelios sinópticos y es el que se conoce como "del hombre (o el joven) rico".
Este pasaje, según el mismo Evangelio de Lucas, dice:
"Un hombre importante le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida Eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre» El hombre le respondió: «Todo esto lo he cumplido desde mi juventud» Al oírlo, Jesús le dijo: «Una cosa te falta todavía: vende todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme» Al oír estas palabras, el hombre se entristeció porque era muy rico. Viéndolo así, Jesús dijo: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios! Sí, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios» Los que escuchaban dijeron: «Pero entonces: ¿quién podrá salvarse?» Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios»" (Lc.18,18-27).
Obvio que se puede decir que no todos los seres humanos deben vender lo que tienen y repartirlo entre los pobres.
Y seguramente es así, ya que Jesús expresa que, en principio, para «heredar la Vida Eterna» es necesario sólo «cumplir con los mandamientos».
Incluso, si analizamos otro texto evangélico, referido al "juicio final", veremos que allí Jesús únicamente menciona como "imprescindible" el ayudar al que lo necesita:
«dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, dar alojamiento, visitar al que está enfermo o preso» etc. (Mt.25,31-46)
Y en ese sentido parecería que podríamos quedarnos “más tranquilos”.
Sin embargo, tampoco podemos dejar de reconocer, que los tres pasajes citados sobre LA RIQUEZA, sin ninguna duda son REALMENTE DUROS, en especial si ponemos un poco de atención en el sentido que esa situación podría tener dentro del contexto de la vida de Jesús.
En efecto; si analizamos la pregunta que, quienes escucharon aquellas palabras le hicieron a Jesús: «PERO ENTONCES: ¿QUIÉN PODRÁ SALVARSE?», vemos que la gama de personas "ricas" para ellos era muy amplia, y es muy posible que abarcara a cualquiera que tuviese bienes y no los vendiese para darlos a los pobres.
Efectivamente; si en su mente sólo hubiese existido la idea de "ricos" que podemos tener nosotros, referido a los “multimillonarios”, es decir, a aquellos que integran la exigua cantidad de seres humanos que manejan a su antojo cifras escalofriantes, difícilmente habrían realizado una pregunta de un carácter tan general.
Pero, por el contrario, si hubieran estimado que el pensamiento del Salvador estaba referido a muchos otros tipos de posesiones materiales, el tan genérico interrogante efectuado de «¿QUIÉN PODRÁ SALVARSE?», tendría una explicación valedera y, por supuesto, también bastante preocupante.
Por lo menos, de bastante mayor seriedad que la que se le suele otorgar a ese aspecto en las ya citadas homilías.
Es por eso que creo conveniente llamar un poco la atención sobre el particular, analizando someramente cuál es el sentido de los términos "rico" y "pobre" que se emplean en el Evangelio, procurando de esta forma tratar de comprender mejor su significado.
Es indudable que los términos "riqueza y pobreza" no tiene allí un sentido exclusivamente material, ya que, por ejemplo, puede existir personas que posean ese tipo de bienes pero carezcan de afecto, se encuentren enfermas, u otras situaciones similares, seres humanos que también deban ser considerados "carecientes" y, por ende, sujetos "necesitados" de apoyo según nuestra conciencia cristiana.
Es indudable también que el concepto "pobre", en sentido bíblico, se refiere en forma amplia a todo el que, según las pautas socio-culturales del mundo material (de cualquier época y lugar que sea) es "tenido por menos", al "no exitoso", al que muchas veces depende de los otros, al que, en definitiva, siempre comprende y acepta que todo en su vida pende de la voluntad del Eterno.
Pero también resulta indiscutible que, en el encadenamiento del pensamiento evangélico, no resulta siquiera posible intentar separar esa actitud ponderada por Jesús de lo material, como si esto último no tuviese "nada que ver en el asunto".
Y esto es así por cuanto Jesús hablaba a sus contemporáneos, y al hacerlo lo hacía dentro del contexto de lo que nosotros denominamos ahora "Antiguo Testamento", en donde el "pobre", el que espera el auxilio de Dios, generalmente (según afirman los biblistas, siempre, para mi) carece de bienes materiales.
Obviamente, me parece que conviene pensar sobre eso, ¿no?
Y tratando de no alargar tanto este texto, me despido hasta el próximo post.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Si le interesan mis libros puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas