La 'locura' del vivir compartiendo

El Evangelio y la “riqueza” (1)

08.05.10 | 09:29. Archivado en condena a la "riqueza"
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A lo largo de mi vida, al participar de celebraciones litúrgicas en templos católicos, muchas veces he podido escuchar prédicas con duras palabras sobre las actitudes “incorrectas” referidas a temas sexuales, pero muy pocas que utilizaran la misma rigurosidad sobre otros aspectos del acontecer humano.

En realidad últimamente —justo es reconocerlo— y a tenor de las nuevas formas de vida de nuestra sociedad, se ha ampliado la gama de las conductas sobre las cuales se pone énfasis, y, simultáneamente, parece admitirse con mayor "dulzura" las cuestiones relacionadas con aquel "gran pecado" que, según se dice, solemos cometer “tanto” los cristianos "de segunda" (los laicos).

Sin embargo hay un aspecto (sobre el que volveré más adelante, ya que sobre él se centrarán estos post) respecto al cual nunca se utiliza igual "severidad", sino que, de una u otra forma, aparentemente siempre encuentra alguna "justificación" (o por lo menos aparente "explicación") en los mencionados sermones.

Antes de tratarlo quiero aclarar, que lo manifestado al principio no significa en forma alguna que esté a favor del "permisivismo" sexual que es dable observar en la actualidad, ya que nuestra cultura parecería optar por un " vale todo" que realmente no comparto.

Hecha esa aclaración (que estimé conveniente hacer para que nadie se forme una idea incorrecta sobre mi forma de pensar) creo sin embargo que en los textos del Evangelio ese "problema" (el sexo) no fue materia de tantas palabras condenatorias del Señor, por lo menos si nos atenemos al famoso caso de la mujer adúltera (Jn.8,1-11) la charla con la samaritana (Jn.Cap.4) etc.

Pero; como no quiero desviar la atención del lector con respecto a lo que más me interesa ahora, vuelvo al punto sobre el cual nunca he escuchado que sea tratado con la misma rigurosidad en las filípicas que es posible oír, por lo menos dentro de un contexto "católico".

Me refiero concretamente al problema de LA RIQUEZA, es decir, a los bienes materiales que poseemos los que profesamos ese culto (en realidad, este aspecto creo que es válido para todos los cristianos por igual pero, en fin).

Si leemos el famoso texto del Evangelio que se conoce como “Las Bienaventuranzas", el cual está tratado tanto por Mateo como por Lucas, creo que resulta conveniente reflexionar un poco sobre esta cuestión.

No viene tanto al caso mencionar, que para el primero Jesús habría tocado este punto en una montaña, mientras según Lucas lo habría hecho al llegar a un llano.
Sí, en cambio, que éste último expresa sólo 4 bienaventuranzas en lugar de las 8 que cita el otro evangelista, pero que simultáneamente le agrega una clara advertencia sobre el mantener actitudes diferentes a las ponderadas por Jesús.

Y precisamente por esa última parte del texto evangélico es que estimo que, aquella pretendida "explicación o justificación", que según he oído parece que siempre es "posible" encontrar, verdaderamente no debería ser tan "simple" de hallar.

En efecto, es clara la expresión ya que Jesús afirma

«Pero, ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!» (Lc.6,24-26).

Obvio que alguien podrá expresar que el “reír o el elogiar” de las dos últimas recriminaciones pueden guardar un sentido no económico o material.
Pero las otras dos cuestiones tienen —sin ninguna duda— ese contenido. Y son realmente "duras".

Esto podemos ratificarlo analizamos otros pasajes de los Evangelio, en los cuales podremos advertir que el Señor Jesús expresa también en ellos una idea similar.
Tal el caso de la parábola del "rico y el pobre Lázaro" (Lc.16,19-31) en la cual es posible observar que no se indica que el primero tratase mal al segundo, ni siquiera que a este último le fuesen negadas las "sobras de la mesa", sino que únicamente se afirma que mientras el rico vestía con holgura y daba banquetes a diario, el otro yacía a la puerta de su casa cubierto de llagas, ansiando saciarse con los restos.

Tampoco se asegura allí que Lázaro hubiese sido un "buen hombre" (no podemos suponer que todo pobre lo es). Sólo se pone énfasis en su pobreza y sus llagas.
Generalmente, en las homilías que se escuchan cuando se trata este tema, se afirma como real aquella actitud desconsiderada del rico, según la cual ni siquiera le daba las sobras, y también que Lázaro era “la mar de bueno”, cosas que, según ya he expresado no constan en el Evangelio.

Lo que sí figura —y muy claramente por cierto— es que ambos mueren, y mientras el pobre pasó a lo que nosotros llamaríamos el Paraíso, el rico fue destinado a lo que denominaríamos el Infierno, cosas que, aparentemente habrían sucedido sólo por haber tenido vidas "lamentables" y "placenteras", respectivamente.

Y no son éstos los únicos textos que mencionan palabras "duras" de Jesús referidas a tal aspecto de la vida humana, por lo cual volveré a ocuparme del tema en los próximos post, sobre todo por cuanto es conveniente pensar qué significa realmente ser "rico o pobre", palabras que, si bien no tienen sólo contenido económico, sin duda alguna TAMBIÉN debemos enfocándolas desde allí.

Cordiales saludos
MARANA-THA

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