La 'locura' del vivir compartiendo

Algo más sobre el comulgar (respuesta a Eugenio)

10.04.10 | 11:19. Archivado en comulgar
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Estimado hermano Eugenio Ortiz Carreño

Había pensado escribir una respuesta a su comentario de mi último post.
Pero, como al hacerlo me resultó un texto demasiado extenso, prefiero ponerlo como un post aparte.
Ante todo le agradezco su deferencia, no sólo por haber leído mis escritos, sino también por haber efectuado un interesante comentario sobre mi reflexión.

Y, aún cuando —tal vez— podríamos interpretar que la esencia de su pregunta ya fue respondida por Julius, al decir que lo mejor en ese sentido es que cada uno decida libremente la forma en que estima “correcto” comulgar (recibiendo la Hostia Consagrada en la boca, o en la mano) creo conveniente mencionar algo más con relación a lo que usted menciona, sobre el “no sentirse digno” de “tocar” la Hostia Consagrada.

Pues bien; le diré que me parece que en ese sentido, lo que deberíamos hacer es detenernos algunos instantes a pensar porqué motivo nos sucede eso, y también porqué creemos que nuestra boca resulta más “pura” que nuestra mano para recibirla.
Y, de paso también, porqué motivo interpretamos que las manos del sacerdote son “más limpias” que las nuestras para poder tocar la Hostia Consagrada.

Y creo que si lo hacemos encontraremos que esa idea nos llega por un error en la educación que hemos recibido, la cual nos indica que los sacerdotes (en realidad, no sólo los sacerdotes, sino todos los que yo llamo “actuales referentes religiosos”, curas, monjas, frailes, obispos, etc. etc. etc.) están más cerca del Señor que los laicos, y que los sacerdotes poseen algo que los hace “distintos”, algo a lo que yo llamaría un “áurea” cuasi mágico, “algo” que sería lo que les permitiría “tocar” la Hostia que ellos mismos consagran.

Pues bien —e insisto en esto— si Jesús no actuó así, sino que repartió su Cuerpo y Sangre (el pan y el vino consagrado) diciendo “TOMEN y coman”, es decir, “agarren” (o coged) ustedes mismos el Pan Consagrado, en lugar de decirles «abran la boca que les voy a dar», me parece más que obvio que cualquiera es lo suficientemente digno como para “tocar” con sus manos la Hostia Consagrada.

Y en rigor de verdad debo decirle algo más al respecto.
Si nos ponemos a reflexionar “en serio” sobre ese tema, me parece que no hay nadie (o, mejor dicho, prácticamente nadie) que sea lo “suficientemente digno”, no sólo de “tocar” la Hostia Consagrada, sino directamente de poder comulgar, ya que todos (insisto, salvo alguna excepción) sin duda alguna tenemos en nuestro interior más de “una lacra”, que, si las miramos con dureza nos deberían hacer sentir absolutamente indignos, no sólo de “tocar” la Hostia Consagrada, sino directamente de comulgar.

Sin embargo, vemos que el Señor Jesús no actuó (y menos aún pensó) de esa forma, sino que les dio a sus apóstoles el Pan Consagrado, es decir su propio Cuerpo y Sangre, pese a que era perfectamente consciente de que unas pocas horas más tarde no sólo lo abandonarían, sino que hasta Pedro lo negaría públicamente.
Y pese a eso los consideró perfectamente “dignos” de que “tocasen” el Pan Consagrado y comiesen su Cuerpo y bebiesen su Sangre.

Y para tratar de explicarle un poco mejor mi postura, le diré algo más.
Creo que usted sabe que ya llevo “varios” inviernos transitando por este bendito mundo.
En realidad tal vez no sean tantos “cronológicamente” hablando. Pero le puedo asegurar, que frente a las actitudes de rechazo (y hasta de desprecio y “silencio”) que he recibido de muchos de esos “referentes religiosos” de la actualidad, “siento” en mi interior como si hiciesen siglos que lo vengo haciendo.

Pues bien, le diré que cuando yo era chico, para poder comulgar había que estar en ayunas desde el día anterior, es decir, que desde las 0 hs. del día ni siquiera se podía beber un vaso de agua.

Y se enseñaba que debía ser así, para que el Cuerpo y Sangre del Señor no se “mezclase” con ningún elemento impuro que pudiese estar en nuestro estómago.
Y se lo hacía de esa forma, pese a que es evidente que el relato del Evangelio dice —y con absoluta claridad— «DESPUÉS DE CENAR, tomó el pan», palabras que se repiten constantemente en cada Misa.

Eso se fue modificando —siempre de a poco— tal cual como es la costumbre inveterada de la “jerarquía” eclesiástica (tratando de evitar de esa forma que los laicos nos hiciésemos preguntas, que podrían evidenciar que no todo lo que enseñaba la Santa Madre Iglesia era “correcto”) primero aceptando el que se ingiriese agua, luego alguna infusión (té o mate) más tarde 3 horas en los elementos sólidos, etc.

Bien, creo haberle aclarado mi postura, y como ya me he extendido demasiado suspendo mi reflexión para no cansarlo.
Reiterándole mi gratitud le saludo cordialmente.
MARANA-THA

3 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Julius 12.04.10 | 07:33

    Muy atinado el comentario de Moisés. ¡¡¡Qué razón tiene!!!!

  • Comentario por Mario Bruzzone [Blogger] 11.04.10 | 07:22

    Estimado hermano Moisés

    Le agradezco su deferencia en hacer ese comentario, en especial la referencia a la enseñanza del Señor Jesús, con relación a que la «dignidad y limpieza espiritual está en el interior del hombre».
    Y se lo agradezco especialmente, ya que es obvio que —siendo así— no cabe duda alguna de que quienes reclaman el volver a comulgar recibiendo la Hostia Consagrada en la boca (¡y de rodillas!) están pretendiendo que los laicos nos consideremos menos dignos que “otros”, aún cuando es evidente que, por muchas de las cosas que están saliendo a la luz, sobre eso de la “dignidad” habría muchas cosas que decir.
    Cordiales saludos
    MARANA-THA

  • Comentario por Moisés 10.04.10 | 16:16

    En general, muy de acuerdo con lo que Vd. dice. Añado que, higiénicamente hablando, es mucho más conveniente comulgar "en la mano". Y desde el punto de vista de la "dignidad" no veo, como Vd. muy bien dice, que sea más digna una u otra forma: la dignidad y limpieza espiritual está en el interior de cada persona, como ya nos enseñó Jesucristo; y eso sólo lo juzga Dios, nadie más.

    Y dado el lenguaje "meloso" que suele utilizar la Jerarquía (antes más, creo yo) recuerdo cuando, en tiempos de Pío XII, se quitó lo del ayuno antes de comulgar y decía el texto que la Iglesia, como madre, eximía, etc. Y pensaba yo: y cuando lo puso ¿no era madre? ¿era madrastra?

    Lo que suele ocurrir en todos los órdenes de la vida y no sólo en la Iglesia, que el que manda siempre tiene tentaciones de "meterse" en la vida ajena para "arreglar" el mundo... a su modo.

    Claro que eso nos permite ejercer la obediencia... ¡menos mal!

Miércoles, 30 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Los más recientes

Hemeroteca

Diciembre 2011
LMXJVSD
<<  <   >  >>
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031 

Sindicación