Hace algunos días, al finalizar con un breve análisis del PADRENUESTRO, mencioné que consideraba necesario decir algunas cosas con respecto a los comentarios críticos que se suelen escuchar, relacionados con la forma que usamos ahora para recibir el Cuerpo y Sangre del Señor Jesús.
Es decir; con el hecho de hacerlo recibiendo la Eucaristía en la mano, y luego llevándola nosotros mismos a nuestras bocas.
Pues bien; lo primero que estimo imprescindible mencionar —ya que es algo que sin duda alguna nos debe quedar perfectamente en claro— consiste en que la discutida “nueva” forma de comulgar (es decir, recibir la Hostia Consagrada en la mano) es —simple y sencillamente— volver a lo que constituyó la manera original del cristianismo para hacerlo.
Es decir; que durante mucho tiempo se lo hizo así (¡siglos!, creo no equivocarme si les digo, que al menos fue durante más de nueve siglos) y a lo largo de todo ese extenso período en la Iglesia (en la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, es decir, en la misma y única Iglesia de la que hablamos todos, y a la que aseguramos amar y defender) a nadie le parecía incorrecto comulgar de esa manera.
Más adelante diré algo sobre lo que interpreto fueron las verdaderas causas por la cual se lo dejó de hacer de esa forma, y se pasó a utilizar el sistema de comulgar recibiendo la Hostia directamente en la boca, aunque se me ocurre pensar que la mayor parte de los lectores ya deben “sospechar” mi pensamiento al respecto.
Pero por ahora me limitaré comentar los problemas que se plantearon cuando se produjo el retorno a esa forma original de comulgar.
Y en tal sentido les diré, que el otro aspecto que es ineludible recordar, es que cuando hace unos años se reimplantó el mecanismo de recibir la comunión con la mano, como excusa para “explicar” la razón por la cual se la había modificado varios siglos atrás, se expresó que se lo había hecho para “evitar los sacrilegios o profanaciones” que podían ocurrir recibiendo la Hostia Consagrada en la mano, cosa que es un verdadero desatino, y simplemente es tomarnos a los laicos (a los “cristianos de segunda”) como si fuésemos unos perfectos imbéciles, ya que es obvio que el recibirla en la boca no las evitaría, puesto que quien quería cometer esas barbaridades podía hacerlo igualmente, con el simple procedimiento de no deglutir la Hostia y retirarse del templo en forma inmediata para escupirla donde se le pudiese ocurrir.
Y para no extender demasiado este post suspendo aquí mi comentario, y lo continuaré mañana.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Si le interesan mis libros, puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar
Los comentarios para este post están cerrados.
Amigos Erwin y Julius
Muchas gracias por sus comentarios.
No hay duda alguna de que siempre existen los que son más papistas que el Papa.
Mucho charlar (o "pontificar") sobre la "jerarquía", el "dogma" y cosas por el estilo pero, cuando hay alguna disposición de la Iglesia (que, obviamente, tiene IDÉNTICO valor que las que suelen esgrimir a troche y moche) que no les gusta, no tienen ningún empacho en pasársela bien por el culo.
En fin.
Un abrazo
Mario
Hola amigo, interesante tu post felicitaciones, figurate que a mi, hoy domingo que fui a la iglesia pedí la Hostia en la mano y, el cura no me la dio, primero escuche que se limpio la garganta (umrgr), luego él viendo qe todavia tenia la mano alzada me dijo "no en la boca", así que la recibí en la boca, con todos estos escandalos que le ha pasado a nuestra iglesia se deberia de dar la hostia en la mano, porqué también se ha escuchado de gente que te toca los labios.
Con la disculpa de "los sacrilegios y las profanaciones" hoy en día siguen negando la comunión en la mano en muchas partes.
Yo no tengo nada en contra de quien quiera comulgar en la boca. Me parece un infantilismo, pero lo respeto. De la misma manera me gustaría a mí el poder comulgar en la mano tranquilamente en cualquier parte.
Muy interesante el tema, Mario
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas